Olga Connor

El basurero humano. ¿Dónde lo depositamos?

La actriz Emily Watson en la serie de HBO “Chernobyl” sobre el desastre nuclear soviético.
La actriz Emily Watson en la serie de HBO “Chernobyl” sobre el desastre nuclear soviético. TNS

Estas últimas semanas he estado inmersa en una serie de televisión, que quizás no impacte tanto a otras personas como a mí, la de Chernobyl en la cadena HBO. Pero debieran verla todos, como símbolo de los basureros humanos que creamos y luego no sabemos dónde ni cómo disponer de ellos.

Ya van por el tercer capítulo de la serie y hasta ahora lloro todas las semanas. Quizás porque el 28 de marzo de 1979 tuve una experiencia similar, de igual terror para mí y mi familia, por el desastre de la planta nuclear de la Isla de las Tres Millas (Three Mile Island), muy cerca de Carlisle. En ese pueblito universitario de Pensilvania, se encuentra Dickinson College, donde era profesora, y el importante Army War College, donde estudió Dwight D. Eisenhower.

El desastre se había producido por una salida de agua contaminada en uno de los reactores. A raíz de la película "El síndrome de China", la idea de que hubiese un meltdown o derretido del núcleo del reactor, nos tenía preocupados. Empacamos el auto y casi sin parar llegamos hasta Miami. Aunque se pudo regresar al cabo de la semana, porque al existir allí un contenedor, la radiación no se expandió apenas, cosa que por desgracia no sucedió en Chernóbil.

En Chernóbil, el 26 de abril de 1986, en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin a tres kilómetros de la ciudad de Prípiat, actual Ucrania, sucedió uno de los accidentes nucleares más graves, uno de los mayores desastres medioambientales de la historia. El otro fue el de Fukushima en Japón el 11 de marzo de 2011, por el avance de un tsunami, y cerca del cual por coincidencia también estaba yo, en la isla de Taiwan.

Mi hijo David Fernández Connor, que estudió Física Subnuclear o de las Partículas en la Universidad de Pensilvania, trabajaba en los Laboratorios Fermi de Illinois, cuando hacía sus investigaciones en el superconductor para los experimentos de partículas. Ahora, con esa experiencia, me comenta que lo importante es estar preparados al instante para saber qué hacer. Lo mismo que si estuviéramos alertas a las luces del semáforo. Aunque los que escriben textos en los teléfonos no quieren avanzar al aparecer la luz verde.

“Chernóbil sucedió cuando yo trabajaba en Fermi”, dice David, “todos nosotros teníamos que tomar un curso para aprender los peligros de la radiación, y usábamos dosímetros [medidores de radiación absorbida] personales que cambiábamos cada mes. Los usábamos dondequiera que íbamos. Y nos los verificaban a menudo”.

Nuestro incalculable progreso ha traído una serie de resultados imprevisibles a los que no sabemos cómo hacerles frente. En Florida parece que serán las inundaciones. No veo ninguna reacción urgente en ese sentido. No hacemos nada para prepararnos para el cambio climático, sea provocado por el comportamiento humano o por la naturaleza.

En Chernóbil, durante una prueba en la que se simulaba un corte de suministro eléctrico, un aumento súbito de potencia en el reactor 4 produjo el sobrecalentamiento del núcleo, y la explosión del hidrógeno acumulado en su interior. Lo que salió al aire fue el equivalente a la explosión de 500 bombas atómicas como la de Hiroshima en 1945. La radioactividad llegó a 13 países de Europa central y oriental. Un área de 30 kilómetros de radio alrededor de la central nuclear, conocida como zona de alienación, sigue aún vigente.

Gorbachev era el gobernante de la glásnost soviética, Ucrania era parte de la USSR, y en la cinta los comisarios políticos tratan de quitarle importancia al problema, como para evitar represalias. Pero los científicos y enfermeros se identifican hasta el límite del sacrificio, para dar una solución al desastre.

Cualquier industria puede tener accidentes, y ha habido muchos en minas, en barcos de petróleo y hasta en talleres de costura. Pero algunos se extienden por años y años.

Cualquier desperdicio, no solo el nuclear, puede ser destructivo de manera permanente. “Si mil personas tiran los termómetros de mercurio a la basura no es un gran problema, pero si se trata de un millón de personas, la cosa cambia”, explica David ( por lo que ya los de mercurio están en desuso). Lo mismo pasa con cualquier desecho, como los plásticos, que no son absorbidos y que matan a los peces, porque los tiramos al mar.

En Chernóbil han implantado una planta contraria a la nuclear, que usa el sol, y se acomoda a la naturaleza, que no tiene derrames desastrosos. Le da energía eléctrica a 2,000 apartamentos. Muestra lo que todos debemos hacer de ahora en adelante, usar energía que no nos mate. Crear soluciones que nos den vida, no basureros humanos que a la larga nos destruyen.

olconnor@bellsouth.net

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