Olga Connor

Una Fantasía de Operetas, éxito total en Miami Dade County Auditorium

Promo: An Operetta Fantasy

Las operetas son el punto medio entre la ópera y la zarzuela y la comedia musical.
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Las operetas son el punto medio entre la ópera y la zarzuela y la comedia musical.

La orquesta de Marlene Urbay, Florida Chamber Orchestra, y la compañía productora de Tania Martí, Marti Productions, conjuraron la música del pasado en la presentación de un ramillete de canciones famosas de operetas, la flor y nata de nuestro ancestro musical en la cultura europeo-occidental. Titularon el espectáculo An Operetta Fantasy. Y como sucedió con verdadero éxito el domingo día 19 de mayo en la sala gigante del Miami Dade County Auditorium, prometen ya que volverán a presentarlo.

Las operetas son el punto medio entre la ópera y la zarzuela y la comedia musical. De ellas han quedado muchas melodías que todos recordamos y esta vez fue impresionante el arreglo que nos donó el autor del libreto, Manny Albelo, para contrastar y acomodar los duetos y las arias de varias obras icónicas en una forma coherente. Estas fueron El Conde de Luxemburgo y La viuda alegre, de Franz Lehár, La Duquesa del Bal Tabarin, de Carlo Lombardo, y El murciélago, de Johann Strauss II.

La forma de combinar estas cuatro obras fue a través del narrador del programa, el barítono Jesús Brañas, en el rol de escritor y productor, declarando que era todo la consecuencia de un sueño. Y esto es que en los sueños, a veces de modo un poco disparatado, unimos a cosas y personas que no parecen estar de acuerdo en sí mismas, pero que sí son normales en la etapa onírica. Y así sucedió en el escenario. Fue bastante comprensible, aunque preferiríamos que al volver a presentar el espectáculo insistan más en la explicación del encabalgamiento de operetas, aunque estén en el programa, pero ayudarán al entendimiento del espectador. Esto es porque no todos tenemos memorias acuciosas de cuáles son los papeles de cada opereta y de las canciones. Es decir, que el animador debiera animar, explicar más, aunque se acorte el número de cantos.

Fue un golpe de gracia al comienzo exhibir un video con la acción de Brañas recibiendo una llamada de Nueva York, en la que le pedían el libreto de esta obra y en el que luego se sentaba en una butaca donde se quedaba dormido. Al despertar, ya está Brañas al costado del escenario y, ¡eureka!, ha encontrado la solución al libreto y a la producción. Esto fue una sorpresa increíble que nos preparó para lo que vendría. Luego, el escenario, ya de por sí, dio la pauta de que estábamos frente a una gran presentación.

Un gran salón de fiesta con cortinajes y candelabros de verdad que hasta se desmayaron un poco, quizás como efecto de las luces. Y los trajes imperiales de los personajes de las cuatro operetas, un dechado de belleza. Todo ello se lo debemos a la no bastante ponderada creatividad de un dúo indispensable en Miami: Jorge Noa y Pedro Balmaseda.

Marlene Urbay tuvo un toque mágico al dirigir su orquesta, sobre todo, en la obertura de la opereta El murciélago al comenzar, que nos dio la visión de cuán deliciosa es esa música de Strauss II, intrínsicamente vienesa.

Luego se presentaron los primeros dos cantantes, en un dúo de La vida alegre, con la soprano cubana Laura de Mare y el tenor puertorriqueño Peter Alexander Rivera, muy bien acoplados. Siguieron con la Danza Húngara, de El Murciélago, interpretada por la soprano puertorriqueña Marinel Cruz, que oímos antes en las zarzuelas de Pro Arte Grateli, de bella y bien estudiada voz. Seguidamente salió a escena el personaje de Ana de La viuda alegre, interpretada con mucho garbo por la vedette soprano cubana Maylú Hernández, que demostró sus dotes de artista total. Y más adelante el Conde Danilo lo interpretan no solo Rivera con gran talante, sino también el tenor Jesse James Vargas. Y ahí ya se pierde uno un poco, es como tener la intención de hacer un poco de comedia, lo cual no es oportuno, y tampoco es necesario un solo camarero cómico. Brañas, que también interpretó dos números musicales con gran brío, fue un actor experimentado y excepcional.

Hay que destacar además el Ballet Gio que estuvo a la altura de la representación general. Las coreografías apropiadas para los hermosos valses vieneses, el Can Can y las danzas húngaras, o czardas, con muy buen sentido del tempo y de la elegancia en trajes y en pasos danzantes. En conjunto, la música, las voces, el baile y las actuaciones estuvieron todas admirables. La impresión total fue la de una feliz tarde, elegante, sutil y muy bien coordinada por la compañía de Producciones Martí. La petición del público debiera ser que de verdad la vuelvan a representar otra vez.

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