Olga Connor

La responsabilidad del hombre en el aborto

El Dr. David Eisenberg (centro), director médico de Planned Parenthood de la región de St. Louis y el suroeste de Missouri, participa junto a activistas en una protesta a favor del funcionamiento del centro médico, el viernes, 31 de mayo de 2019, en St. Louis.
El Dr. David Eisenberg (centro), director médico de Planned Parenthood de la región de St. Louis y el suroeste de Missouri, participa junto a activistas en una protesta a favor del funcionamiento del centro médico, el viernes, 31 de mayo de 2019, en St. Louis. NYT

Se habla del aborto como si fuera un problema de la mujer solamente. Parece que somos anacondas de reproducción partenogenética que podemos tener hijos sin ayuda del macho. Y es que toda mujer embarazada estuvo antes en una relación —o comprometida o arrebatada— con un hombre.

La legalidad de la terminación del embarazo, que estaba establecida por el Supremo en la ley Roe v. Wade, de 1973, se ha puesto recientemente sobre el tapete en varios estados, entre ellos, Louisiana, Kentucky, Ohio, Mississippi, Missouri y Georgia, aprobando la “ley del latido”, que significa que no puede haber abortos después de seis u ocho semanas. Un período difícil para muchas mujeres niñas o jóvenes que no saben que están en estado, o para las que no pueden saber aún si el feto sufre de anormalidades.

Esté uno religiosamente contra todo tipo de aborto, ni siquiera ese de la “ley del latido”, o liberalmente a favor de la terminación posible, a menos que el feto tenga la capacidad de sobrevivir como ser humano, que es lo que establece la ley Roe v. Wade, hay un aspecto poco debatido en cualquiera de los dos eventos.

Y es que nadie habla de los derechos y deberes del hombre que embarazó a la mujer. Como si no fuera parte de la procreación, por todo lo que uno lee en las noticias. Presumo que la razón es que las mujeres que votan por la libertad de ser dueñas de su cuerpo no quieren que el hombre se meta en el asunto, y el grupo de los que son pro-vida y piensan solamente en la vida que va a venir y no en la de la mujer embarazada, tampoco quieren aceptar responsabilidades, ya sean estatales o individuales.

Es cierto que un feto tiene muchas características biológicas desde el principio. Pero no es un desarrollo que le permita vivir hasta pasadas varias semanas, seis o siete meses. Hay que virar el reloj para atrás y ver qué significa cada concepto, moral, religioso y biológico.

En cualquier caso, sea la mujer forzada o no, el hombre sigue involucrado en la solución, aunque no lo quiera admitir, porque aceptarlo no le convenga. Y si se trata de una mujer violada por incesto o criminalmente, es el estado el que debiera hacerse responsable.

Ninguna mujer quiere atravesar una operación dolorosa, peligrosa y emocionalmente desastrosa como el aborto. Aunque sea al principio de la gestación. Y tiene que haber causas muy poderosas para hacerlo. Pero dejar al hombre fuera, dejar la responsabilidad de toda la sociedad fuera, es una gran barbaridad, una gran forma de volver a situar a la mujer en una posición desconsiderada. Y de hecho, debido a Roe v. Wade hay hombres que no han podido hacer desistir a una mujer de abortar a su futuro hijo.

Sabemos que seguirá habiendo abortos, sean legales o no, porque las razones continuarán. Y esto creará mayores injusticias. A los hombres gay al fin se les ha dado la legalidad del casamiento, a pesar de que la Biblia condena que el hombre tenga ninguna otra relación sexual que no sea con una mujer. Esa es una ley moral judeo-cristiana que se ha sobrepasado, debido al avance del pensamiento humanista, y al progreso de la ciencia.

Sin embargo, a pesar de ese mismo progreso que nos hace ver cuando un feto está mal formado y no es justo darle vida, se considera que es la mujer como la única culpable de quererlo abortar. Los espermatozoides del varón son tan responsables como el óvulo de la mujer. Ningún hombre debiera protestar entonces de los abortos, ellos también abortan, derraman a menudo fuerza vital creativa donde no puede tener fruto. Si buscamos el origen de las cosas, en el Antiguo Testamento se prohíbe el onanismo y la homosexualidad, no por otra razón que la de no derramar el semen en tierra infértil. Así que desde ese punto de vista religioso antiguo, ya los espermatozoides del varón llevan su propia prohibición.

Un hijo no es solo dar a luz lo que antes fue un feto, es mantenerlo con vida, por 20 años casi hoy en día, y a veces por más tiempo. Si se obliga a los hombres que los procrearon a tomar igual o mayor responsabilidad, ya que no tienen que sufrir los dolores ni el amamantarlos, etc., sería una solución más equitativa. O en falta del hombre responsable --porque ha habido violación o incesto--, que el estado que le prohíbe el aborto se responsabilice en aceptar los gastos de todo lo que ocurre.

Hay que darse cuenta de que la preñez no le corresponde solo a la mujer, ella es la que la disfruta y la sufre, pero el hombre sin duda alguna es parte de esa ecuación. Que ellos también se responsabilicen. Es su derecho, pero también su deber.

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