Olga Connor

Apocalipsis ecológico, fuego amazónico

Niños de la tribu Nambikwara Sarare juegan en unos árboles en una reserva indígena en el suroeste de la Amazonia, cerca de Conquista D’Oeste, en el estado brasileño de Mato Grosso. Cerca del 98% de todas las tierras indígenas están en la Amazonia.
Niños de la tribu Nambikwara Sarare juegan en unos árboles en una reserva indígena en el suroeste de la Amazonia, cerca de Conquista D’Oeste, en el estado brasileño de Mato Grosso. Cerca del 98% de todas las tierras indígenas están en la Amazonia. AP

Un gran fuego extendido se ve desde el espacio, y cubre la Amazonia, tierra donde aún viven varias tribus indígenas aisladas. Y muchas más que están hace tiempo en contacto con los gobiernos de sus países.

“De hecho, en toda la cuenca del Amazonas son cada vez mayores los peligros para las entre 50 y 100 tribus aisladas y no contactadas, que son probablemente unos 5,000 individuos en total. Estos grupos representan la mayoría de las tribus aisladas que quedan en el planeta”. (Scott Wallace y Chris Fagan, Las últimas tribus del Amazonas, artículo de National Geographic, 22 de agosto de 2019). Se calcula que entre los contactados habrá entre 300 y 400 pueblos indígenas diferentes, cada uno de ellos con su propia lengua, cultura y territorio. Alrededor de un millón de habitantes, con 690 territorios.

Nosotros los llamamos salvajes o primitivos. Pero ellos no destruyen su ambiente, por lo tanto son menos salvajes que nosotros. Tienen el instinto de que la naturaleza no se puede atacar, porque a cambio se vengará del hombre. No tenían historia, ni futuro, vivían en un presente edénico en su mayor parte, escribió Claude Lévi Strauss, quien publicó en 1955 su libro autobiográfico y analítico, Tristes trópicos, recordando sus visitas en trabajos de campo en los años 30 a las tribus de la Amazonia: los bororo, los caduveo, los nambikwara y los tupí-kawaíb. Pero eran aborígenes que ya habían sido impactados por los occidentales.

Sin embargo, pudo conocer, aunque no supo su lenguaje, a los mundé, que nunca habían tenido ese contacto. Denunció después de estas visitas que la civilización occidental uniformiza y aniquila culturas enteras.

El antropólogo belga francés se dio cuenta de que cada tribu tiene su propio lenguaje (actualmente en Brasil se siguen hablando unas 170 lenguas indígenas) aunque no escriben, ni leen esos lenguajes, los aborígenes tienen la misma inteligencia del hombre civilizado. Pero de algún modo no han querido “progresar”. Y la civilización occidental los está destruyendo, porque para que haya civilización al estilo nuestro tiene que haber ganado, leñadores y minería, y por tanto, quemas de selvas y bosques.

Un ejemplo son los trenes de hasta tres kilómetros de largo cargados de mineral de hierro que dividen las comunidades indígenas de Tiracambu y Posto Awá. Transportan el metal desde la mina de hierro a cielo abierto más grande del mundo hasta el puerto atlántico de São Luís.

Quizás también ese afán de control nos destruirá a nosotros, porque sabemos que destruir árboles va contra natura, y el Amazonas produce un 6% del oxígeno que consume todo el planeta —según un artículo de Newsweek basado en entrevistas con científicos, How much Oxygen Does the Amazon Rain Forest Provide? (por Aristos Georgiou, 27 de agosto, 2019).

Un indígena de la tribu Mura, de 15,000 que habitan el corazón de la Amazonia brasileña, se lamentaba: “Por esta selva, derramaré hasta la última gota de sangre”, dijo Raimundo Mura. “Acabar con esto es el objetivo del hombre (blanco). Nosotros buscamos proteger nuestra zona, la naturaleza, los árboles y los animales”, explicó el líder indígena, mientras miraba los árboles y decía que era todo una destrucción. Ver en YouTube: (https://www.youtube.com/watch?v=AvFI3znsURM)

Es curioso que debido a que los fuegos están localizados desde Brasil hasta Bolivia, dos presidentes de ideologías opuestas están siendo atacados desde distintos ángulos, el de Brasil, Jair Bolsonaro y el de Bolivia, Evo Morales. Al primero lo increpó Emmanuel Macron en la cumbre del G7, hace unos días, declarando las selvas del Amazonas como un “bien común universal” y planteando que se debía internacionalizar el gobierno del llamado “pulmón del planeta”. Pero el presidente brasileño reivindicó expresivamente la soberanía de Brasil sobre la selva.

A Morales lo critican, porque el mandatario boliviano, promulgó el 9 de julio el Decreto Supremo 3973, que promueve el desmonte y quema “controlada” de bosques en Santa Cruz y Beni, donde el fuego está destruyendo todo a su paso. La norma fue promulgada en Beni y presentada ante la federación de ganaderos.

Lo que demuestra que hay un problema mayor aquí que el de las diferencias políticas. Cada gobierno quiere comercializar terrenos que les parecen improductivos, ¿para dar empleos a sus pueblos o dinero a sus compinches?

Nos olvidamos que somos un planeta, que le da vueltas a una estrella, como un inmenso barco espacial circunnavegando una bola de fuego. Pero con tantos capitanes hay que mirar por la realidad global por encima de los nacionalismos. Respetando los derechos humanos de los indígenas, y las leyes ecológicas. Observando los deshielos que inundarán todas las costas, y los incendios y el calentamiento global, que afectan ahora mismo todo el clima. Estamos enfrentándonos ya a un gran apocalipsis ecológico.

Correo: olconnor@bellsouth.net.

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