Olga Connor

La sociedad habanera de 1958 a 1959

Portada de la obra “Sinfonía Salvaje” del escritor Frederick A. de Armas.
Portada de la obra “Sinfonía Salvaje” del escritor Frederick A. de Armas. Cortesía

El ambiente de la sociedad habanera prerrevolucionaria, en las postrimerías de los 50, cuando estallaban las bombas en los cines, mientras se celebraban las grandes fiestas aún, en clubes y mansiones; y la historia posterior, en 1959 con los mismos personajes, esperando ansiosos la hecatombe de su sistema sociopolítico, es lo que refleja Frederick A. de Armas, en dos novelas entrelazadas.

Estas se presentarán el 4 de octubre a las 8 de la noche patrocinadas por el Cuban Research Institute (CRI) de Florida International University (FIU) en Books & Books de Coral Gables.

La primera, El abra del Yumurí, (Editorial Verbum, 2016), basada según confiesa el autor, en apuntes para una novela escritos por su madre Ana Galdós, entreteje la vida de cinco mujeres habaneras de distinto carácter y fisonomía, entre las que se destaca la protagonista, Carolina, que refleja algunos datos biográficos de la autora, especialmente por las referencias a su hijo enviado a estudiar a Suiza, como lo fue el autor, hoy catedrático Andrew W. Mellon de la Universidad de Chicago.

En ambas novelas se sigue una trama al estilo whodunit o thriller, en relación con un asesino en serie, que ataca a estas mujeres de la clase adinerada. Pero lo que se destaca es la atmósfera de esa época, por “su intensidad evocadora”, como ha dicho el crítico de ABC Cultural, José María Pozuelo Yvancos, que nos advierte que estas son “unas mujeres de talante libre y nada convencional que quieren comprender sus vidas, en un momento antes de que la Historia las arrastre”.

Se contraponen a algunas de ellas las ideas y los actos revolucionarios, al igual que las acciones de un personaje representativo de la fuerza represora del régimen de Batista, el Comandante, que sin embargo salva dos veces a la protagonista. Y todo esto sucede en medio de otros personajes reconocibles como históricos, y a veces hasta con sus nombres verdaderos.

Por ejemplo, la idea de una Condesa en el grupo, nos recuerda a la de Revilla Camargo, y la colección de abanicos de la poeta Dulce María Loynaz que se exhibe en su mansión de 17 y E en el Vedado, convertida ahora en Palacio de las Artes Decorativas.

O la mención de una joven llamada Ysea, y la alusión al hurón, se relaciona con una poeta, Isel Rivero, quien a principios de los 60 publicó La marcha de los hurones, y aquí es un personaje de la segunda novela, Sinfonía salvaje (Editorial Verbum, 2019).

Es en esta segunda parte que también habla de Alfredo Guevara, “Alfredito”, con una chaqueta a los hombros, y lo hace intercambiar diálogos con Carolina, y a la vez con el pintor Servando Cabrera Moreno. Incluso se le atribuye una censura artística, pidiéndole a su amigo artista que sea realista. Y aparece también una alusión al crítico de cine de Lunes de Revolución en ese entonces, el gran escritor Guillermo Cabrera Infante.

En medio de todo hay un ambiente de irrealidad y misterio, desde la inmersión en la naturaleza cubana en una visita al abra del Yumurí, con sus leyendas indígenas, hasta las de cazadores de licántropos en la segunda parte, obviamente metáforas de los “barbudos”. Y, sobre todo, se capta la ansiedad ciudadana ante la transformación que se les avecina, ante lo imponderable de sus vidas.

De Armas, al igual que atribuye a su mamá los orígenes de la primera novela, da papel de autor a un amigo, Salazar Pérez Stable en la segunda. Truco narrativo al estilo de Cervantes en el Quijote, supuestamente escrito por un árabe, Cide Hameti Benengeli, esto le libera para que pueda describir la sexualidad y arrebatos de sus personajes más arriesgadamente.

Es indudable que acude a Alejo Carpentier, el novelista cubano-francés creador de lo real maravilloso, para las descripciones de los paisajes, y para la magia en sus páginas, que nos hacen recordar Los pasos perdidos. Y, por otra parte, se alude al novelista realista del siglo XIX español Benito Pérez Galdós, de quien menciona su novela histórica Trafalgar, la primera de los Episodios Nacionales.

La sociedad elitista de La Habana disfrutaba de las artes y las letras, la música clásica, con conciertos y ballet, y las óperas interpretadas por divas como Renata Tebaldi en el Auditorio de La Habana. Pero también había una aureola de esperanza social y política entre la clase dirigente en el 58, que se frustró ante la falsedad de los “barbudos”, y de la entrenada paloma en el hombro de Fidel Castro en uno de sus primeros discursos, paloma que se convierte en parte enigmática y crucial de la trama.

Son dos novelas que te mantienen en vilo y en cierto margen de ansiosa fogosidad. Entretienen, pero son también un testimonio artístico de un hito histórico en Cuba y en toda Latinoamérica.

Escritora cubana. Correo: olconnor@bellsouth.net.

  Comentarios