Olga Connor

Armando Álvarez Bravo reseña arte del exilio

Cubierta del libro ‘El arte cubano en el exilio’, de Armando Álvarez Bravo.
Cubierta del libro ‘El arte cubano en el exilio’, de Armando Álvarez Bravo. el Nuevo Herald

Es un placer especial reseñar la presentación del último libro de Armando Álvarez Bravo (La Habana, 1938), un colega de talentos exquisitos, poeta y ensayista cubano que en La Habana estuvo cerca de lo mejor de aquella cultura, el grupo de Orígenes que lideraba José Lezama Lima. Pero también sufrió las restricciones del gobierno dictatorial de Cuba que él no olvida jamás, y que comenzó con su publicación de El azoro, su primer libro de poemas en 1964, y siguió hasta su condena internacional por su obra Órbita de Lezama Lima.

El amigo periodista que laboró por varios años en el Nuevo Herald, ha decidido recoger sus crónicas de arte de este periódico en el libro El arte cubano en el exilio, editado por Juan Manuel Salvat en Ediciones Universal. Releerlas es volver a vivir aquellas exposiciones, que comenzaron en Coral Gables, cuando él escribió sobre las mismas. Es imposible olvidar los famosos paseos por las galerías de esa ciudad que hoy han ido desplazándose a la Calle Ocho y la zona de Wynwood.

Lo que más sorprende es la cantidad de artistas cubanos que vinieron al exilio. Y si no hubiera sido por Álvarez Bravo no habrían sido reconocidos periodísticamente. En estos ensayos se demuestra la variedad de estilos en más de 50 artistas cubanos. Cada uno es un valor en sí mismo y todos juntos en este libro son una muestra de que hay una cultura de Cuba que existe fuera de la isla. Los que él escogió muestran “una continuidad, una constancia, a lo largo de estas décadas; un grupo representativo de un momento histórico determinado, un retrato, una figuración, en la que podía haber maestros como Soriano y mucha gente joven”, destacó. Es una nación exiliada del arte.

En la presentación en Casa Bacardí del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami, ICCAS, todo lo que dijo fue en diálogo con Salvat. El escritor dio gracias a su esposa Tania, sin la cual, dijo, no podría haber reunido todas estas crónicas. “Ella me ayudó a buscar el material”, contó. “Y gracias a Salvat, editor amigo que lo publicó”.

“En el siglo XIX nuestras letras se hicieron en el exilio, ahora se han vuelto a hacer. Yo tuve la suerte de llegar a Miami y acabé escribiendo la crítica literaria y de arte, lo que es un acto de locura. Eso contribuyó a dar a conocer a mucha gente”, manifestó Álvarez Bravo, quien ha publicado más de 40 libros de varios géneros fuera de Cuba y fue fundador y presidente del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio.

Entre algunos artistas de aquella época de los 80 menciono a los que primeramente encontré en mi casa de Coconut Grove, y de los que hay crónicas en este libro: el pintor José María Mijares, reconocido por todos; el escultor Gay García, con su “arte personal”; dos escultores, Tony López en Miami y Alfredo Lozano en Puerto Rico, Ramón Carulla y Mario Bencomo, y finalmente Luis Vega y Andrés Valerio de la generación del Mariel, junto a Víctor Gómez y Carlos Alfonzo. Más tarde, en Coral Gables, conocí personalmente a otros reseñados por Álvarez Bravo: Marc Andries Smith, Cundo Bermúdez, Orlando Cabañas, Humberto Calzada, Rafael Consuegra, Demi, Ileana Ferrer, Nunzio Mainieri, Gilberto Marino, Gina Pellón, Arturo Rodríguez, Baruj Salinas y Tomás Sánchez. Además, el pintor y comediante Armando Roblán, que fue mi vecino y querido amigo.

Álvarez Bravo se quejó de que ya no existieran aquellas galerías de Coral Gables, en las que se mostraba todo este arte y notó el cambio en el panorama de la ciudad. “Logré crear una imagen del arte cubano, no lo digo con presunción”, explicó además. “He escrito cientos de páginas, de críticas semanales que atrajeron la atención del público, y de un sector importante de nuestra cultura”.

El crítico espera que pueda publicar un segundo libro con más crónicas. “Si a usted le gusta este arte, no se dedique a especular, conviva con el arte, que no te cansa de mirarlo, te crea tu mundo, un ambiente, ese es uno de los valores, porque es tu mundo; lo que no hay permanente son las falsificaciones, que aquí abundan”, dijo refiriéndose a un mercado de arte que efectivamente prolifera sin cesar y que le reporta mucho dinero a varias personas.

Luego se dedicó a hacer crítica espontánea de artistas enmarcados en la Escuela de La Habana. De Mijares, de Portocarrero, y destacó a Carlos Henríquez, afirmando que la historia del arte la hace el tiempo. En la audiencia se encontraban algunos de los artistas reseñados, entre ellos, Gustavo Acosta, un pintor que yo admiro grandemente y que aparece como primero por ser el libro en orden alfabético. “Acosta se formó en la isla porque una dictadura totalitaria no mata al creador”, dijo Alvarez Bravo, “solo lo silencia y lo margina”.

En ese contexto, criticó al “señor Pérez” [Jorge Pérez], porque fue a comprar 300 obras en Cuba para el museo que lleva su nombre –Pérez Art Museum Miami–, en vez de comprar arte cubano en el exilio. “El mejor pintor cubano es Soriano [fallecido en el exilio]”, apuntó.• 

olconnor@bellsouth.net

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