Olga Connor

Polifonía de voces de expatriados colombianos

Eduardo Márceles Daconte presenta su libro El umbral de fuego.
Eduardo Márceles Daconte presenta su libro El umbral de fuego. el Nuevo Herald

En el Consulado de Colombia en Coral Gables y con la asistencia de la cónsul general de Colombia en Miami, Marta Lucía Jaramillo Martínez, quien dijo unas palabras muy sentidas, se celebró la presentación de la novela El umbral de fuego (Collage Editores, 2015), formada por una serie de anécdotas narrativas de la inmigración colombiana ilegal en Estados Unidos, cuyo autor es el ya conocido narrador, cronista y profesor nacido en Aracataca, Colombia, Eduardo Márceles Daconte. Hablaron del autor y de la novela Enrique Córdoba y Jaime Cabrera, otros dos escritores colombianos de Miami reconocidos por su activismo cultural y sus excelentes libros.

Lo que más impacta al lector desde el comienzo de la obra es el relato sobre el tipo de maniobras que se cuentan para manipular la entrada de ilegales a Estados Unidos a través de complicados viajes desde Colombia, vía Panamá, las Bahamas y luego el río Miami. Sobre todo en la época en que se sitúa la acción, a principios de los 80. En cierto modo, al leer sobre la vida del protagonista, Lorenzo Centeno, se adentra uno en las vicisitudes de quien se encuentra con un mundo nuevo extraño y ajeno al que le había tocado vivir hasta entonces. Casi sin pensarlo ni proponérselo, el protagonista se mete dentro de la locura del tráfico de drogas que se vivió en Miami por aquella época. Pero no es una obra a lo Scarface de Al Pacino. Todo lo contrario. Márceles Daconte definió su obra como “non fiction novel”, al estilo de las de Truman Capote y Norman Mailer, porque está basada en hechos reales y verdaderos.

“Soy investigador y periodista por 40 años, y fanático de la crónica”, expresó, “que es un método de comunicación periodística”. Escribió la novela después de haber investigado estos temas cuando vivía en Nueva York, y descubrió cómo se desarrollaba el tráfico ilegal por las Bahamas y a través de la frontera con México. El protagonista Lorenzo es el resumen de muchos personajes, pero quería, dijo, contar la vida de alguien humilde, dándole un perfil humano, y con una carga erótica que nos asalta desde los primeros momentos, porque es la vida de las calles que transita el personaje, incluyendo el encuentro con las prostitutas y las mujeres trabajadoras que confían en sus hombres.

Soy investigador y periodista por 40 años, y fanático de la crónica, que es un método de comunicación periodística

Eduardo Márceles Daconte

Esta novela, decidió el escritor, no iba a tener la violencia de otras obras similares, eso no fue lo que se propuso, comentó el autor. No quería una serie de 10 asesinatos. Le interesaba el humor también, sin tonos de solemnidad. Y que resultara en pocas páginas, como las noveletas El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, o El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. Lo cierto es que hilando todas las historias con las del personaje Lorenzo, nos presentó una polifonía de voces que nos hizo recordar el estilo de la picaresca, aunque sin ser en primera persona, y a la vez el desarrollo de un road movie, porque no sucede en un solo escenario, como las obras de Capote y de Hemingway, sino que va de Colombia a Miami, a Los Ángeles, a Nueva York, y en todo momento se encuentra el lector con historias que por sí solas serían centros de relatos, pero al estar relacionadas con Lorenzo van formando el hilo novelesco, como comentó Cabrera.

Es un viaje lleno de trucos, que tienen que ver con la ansiedad del inmigrante, pero también con los puentes que tiende el narcotráfico. Y es cierto que conozco por referencias a gente en Miami que han llevado estas vidas. Créalo o no lo crea, recuerdo a un personaje colombiano en la mansión de una isla de la playa, con un formidable yate en su muelle privado, donde se iba a celebrar una fiesta de Miss Universo, y cuando las chicas no llegaron, se comentó entre los asistentes que era porque se descubrió que el dueño estaba en el negocio de la droga. Era una casa casi vacía de muebles, como recién comprada.

Allí estábamos varios periodistas, y se encontraban también como invitados de las artes Dizzy Gillespie y Olga Guillot, con quienes conversé, admirándonos del suceso que estábamos viviendo, precisamente en los años 80. Conozco de muchísimos casos más, de cubanos y otras nacionalidades, que engrosarían El umbral de fuego, título del libro que se discutió como una cosa que le dio que pensar al autor. Pues iba a titularlo Lejos de casa, o El camino es largo y puñetero, pero entonces se decidió por uno metafórico. Y al terminar de leer las historias de Lorenzo Centeno se convence uno de que en verdad estuvo siempre a punto de quemarse. Es un extraño thriller, como sentenció Córdoba, pero que culmina en lo menos pensado, en un final inesperado, que encierra un poco de la filosofía de Márceles Daconte. El autor también ha tenido una vida interesante en Miami, Nueva York y otras ciudades internacionales, y entre sus libros se encuentra la biografía de Celia Cruz, titulada Azúcar, publicada en 2004 por Reed Press. Ha escrito además antologías de escritores colombianos y libros sobre las artes de Colombia.• 

olconnor@bellsouth.net

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