Olga Connor

Las fiestas de la luz

Cristianos palestinos celebran en la Iglesia de la Natividad, en Belén.
Cristianos palestinos celebran en la Iglesia de la Natividad, en Belén. AP

Al llegar el solsticio de invierno, la luz comienza a regresar a nuestros sombríos días del hemisferio norte, donde por milenios se ha festejado alrededor de estas fechas la transformación de la naturaleza. Los mitos surgieron alrededor de un fenómeno cósmico incomprensible. Los símbolos, las fiestas, los ritos, con los consabidos alimentos y bebidas, las músicas y danzas, se proliferaron, y la tradición de las artes siguió esa órbita para realzar la ocasión.

¿Qué significan la Navidad, Santa Claus, Papá Noel, los Reyes Magos, el arbolito y todos los villancicos alrededor del mundo? Son supuestamente fiestas relacionadas con Jesucristo y las iglesias cristianas. Pero hasta los judíos colocan arbolitos, y recuperan fiestas como Janucá, Fiesta de las Luces o Lucernarias, para satisfacer a los niños entre sus familias, que se quedarían tristes en medio de tanto regalo y celebración de sus vecinos.

En Janucá, que no es un festival religioso, sino conmemorativo de un triunfo de los macabeos y la iluminación del segundo Templo, en el siglo II antes de Cristo, se encienden velas en la menorá o candelabro, se entregan regalos y se comen “latkes” o tortitas de patata.

Es que el mundo se ha ido globalizando aún antes de la internet y de los medios masivos, y hay un sincretismo, porque un acontecimiento en el Oriente Medio se hizo centro de estas fiestas de luz. Al punto de que por siglos algunas iglesias protestantes prohibieron la festividad como verdaderamente cristiana. Los puritanos ingleses prohibieron la Navidad en 1647 y era ilegal en Boston a principios del siglo XVII. Pero el Día de Navidad es fiesta oficial federal en Estados Unidos desde 1870, y también en muchos países alrededor del globo.

En el relato de la Navidad una estrella ilumina el pesebre donde descansa un niño. Alumbra a un rey de la paz, que está entre pastores y carpinteros, no entre las jerarquías del mundo, sino entre los más humildes. Todo ello es francamente revolucionario en su origen. Es un modo de acercarse a todas las gentes.

Sin embargo, los que adoptaron este mensaje fueron los emperadores romanos. Y lo que se deriva de las tradiciones históricas es una buena excusa para que millones de personas se entreguen a una celebración muy compleja y abigarrada, muy poco cristiana. Basta mirar en las fotos de la internet cómo se celebra en diversos países la Navidad. Menos los países del islam, hasta en la China, en todo el resto de Africa, en las Américas, en Europa, de todas partes hay imágenes de lo que significan las festividades, que ahora en numerosas postales se denominan “Happy Holidays”, o “Felices Fiestas”, lo que indigna a muchos cristianos pero reflejan la realidad.

Todo esto incluye las fiestas de Fin de Año hasta el Día de los Reyes Magos en los países que siguen nuestro calendario y que completan el ritmo de los 12 días. Lo que se remonta a una práctica de los 12 días de las saturnales romanas, que después se llamaron los 12 días de la Navidad del 25 de diciembre a la noche del 5 de enero, víspera de la Epifanía.

Las noticias del nacimiento de Jesús aparecen en el Evangelio de Lucas, como una bella historia que encierra el “magnificat” (Lucas, 1:46-55), y en Mateo para destacar la genealogía judía de Jesús. Pero no hubo en las Epístolas de Pablo, que son las primeras historias sobre Jesucristo, ninguna referencia a la celebración de su nacimiento. Ni siquiera es posible que Jesús haya nacido un 25 de diciembre, porque los pastores no podrían sacar sus rebaños a descampada en esa fecha (Lucas, Cap. II, 1-18).

Lo que dice Reza Aslan, autor de Zealot, The Life and Times of Jesus of Nazareth, es que al crecer el interés en la persona de Jesús se preguntaron cómo es que había nacido en Nazaret, cuando las profecías decían que el Mesías vendría de Belén, la ciudad de David. Y de ahí la referencia de Lucas a un posible censo de los romanos por los impuestos que llevarían a María y a José a esa ciudad. Aunque la ley romana no tenía tales requerimientos y el censo al que se refería no se ajusta a las fechas. Según Aslan, para Lucas los hechos no eran lo importante, sino la experiencia espiritual.

A pesar de todo esto, el verdadero milagro es que todas las religiones y costumbres, paganas o no, nos inducen a proclamar nuestra alegría en estas fechas. Y nos entran deseos de regalar, para lo que nos inspira el mito de los Reyes Magos del Oriente, y que le hubiesen traído al Niño incienso, oro y mirra. O que un antiguo santo, San Nicolás, se haya transformado en Santa Claus, para delicia de nuestros comerciantes internacionales y, aun con mejores razones, la de todos los niños del mundo.

olconnor@bellsouth.net

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