Olga Connor

OLGA CONNOR: Un Consulado cubano en Miami, no seamos ciegos ni hipócritas, miremos a la otra orilla

Villa Paula, una mansión construida en 1926 en North Miami Ave., fue el antiguo Consulado cubano en Miami.
Villa Paula, una mansión construida en 1926 en North Miami Ave., fue el antiguo Consulado cubano en Miami. el Nuevo Herald

Varados en una historia sin final, los cubanos exiliados desde hace tiempo queremos seguir tapándonos los ojos, negando los años vividos, las ganancias y las pérdidas, los aciertos y los errores. Tener más cubanos aquí, como está sucediendo ahora, es tener más de la actual Cuba aquí. Me refiero a la incesante ola de inmigrantes que nos llegan de la isla. Esto es lo que hemos conseguido, convertirnos en una ciudad libre de Cuba dentro de Estados Unidos.

Lo lógico entonces es tener un consulado aquí que represente a esos cubanos nuevos, que están constantemente visitando a sus familiares en la isla. ¿Y por qué no ir a Cuba? ¿Es que esa no es nuestra tierra también?

Washington decide dónde se pueden establecer consulados en cualquier ciudad del país. Es una decisión federal, no estatal. Este es el nuevo dilema que ha enfrentado a dos alcaldes de Miami, el de la Ciudad, Tomás Regalado, y el del Condado, Carlos Giménez, con la posible instalación aquí de un consulado cubano. Y también está Tampa en competencia por conseguirlo, probablemente por los negocios que generará. Según Regalado, abrir un consulado cubano en Miami sería problemático, porque la ciudad tendría que proveer seguridad y costear esa necesidad, ya que espera protestas constantes. Según Giménez es prematuro discutirlo, aunque parece que lo aceptaría. Ya se han ido mostrando vistas de la casa del antiguo consulado, Villa Paula, una mansión construida en 1926, que ahora poseen Martin Siskind y Dominick Tubito, quienes la están restaurando.

Con la llegada de miles de cubanos “nuevos” se cambia la historia antigua. Estoy refiriéndome al gran éxodo que estuvo varado tantos meses en Costa Rica, y que repetirán el mismo comportamiento de los “recién llegados” en el siglo XXI. Hay gente que con cinco años aquí han ido 10 veces a Cuba, pongamos por ejemplo. Me han contado algunos que antes de tener que renovar el pasaporte cubano aquí, como toma tanto tiempo, porque el consulado está en Washington D.C., regresan a la isla y lo renuevan allá. Les cuesta más barato y es más seguro.

Creo que el tener que contar con Miami para todo, dinero, viajes y representación, es un triunfo para el exilio más que para el gobierno de Cuba, que nos despreció, que nos llamó gusanos, que nos llamó mafia, y que tendría que ceder cada vez más, si sitúan aquí una representación en el consulado. Porque a nosotros, los exiliados “históricos”, nos cerraron las puertas por muchos años. Era una verdadera odisea tratar de ir a Cuba. Sigue siéndolo para muchos, como se observa con el último escándalo de la compañía Ilimigue Immigration Inc., que cerró sin devolver los pasaportes, ni entregarles los billetes a decenas de cubanos que le encargaron los pasajes a Cuba. La dueña del negocio, Ilieva Valdés, desapareció sin dejar explicaciones.

Yo soy cubana “histórica”. Eso quiere decir, muy mayor. Porque no soy Pedro Pan. No soy hija de padres exiliados. Todo lo contrario. Yo invité a mis padres a venir. Sin embargo, regresé a Cuba de visita. Y veo que muchos de mis compatriotas históricos de Miami han regresado. Los que lo hicieron para ver a sus familias, que ya a lo mejor fallecieron, critican ahora a otros que quieren regresar, porque aún estos las tienen vivas.

No quiero seguir viviendo con las viejas consignas. Quiero saber lo que piensan mis compatriotas de la otra orilla. Quiero que tengan la libertad de opinar

No seamos hipócritas, miremos a la otra orilla. Nosotros somos los equivalentes de los “sefardíes” españoles. Nos quitaron todas las posesiones. Nos quitaron la patria. Algunos quieren seguir cobrándolo. Otros desean volver. Es algo sentimental. Es mental. Es normal.

No quiero seguir viviendo con las viejas consignas. Quiero saber lo que piensan mis compatriotas de la otra orilla. Quiero que tengan la libertad de opinar. ¿Si los disidentes pueden venir aquí y volver, por qué no pueden ir allá todos los cubanos que quieran hacerlo?

El Departamento de Estado estimó en 2013 que le habíamos enviado entre $1,400 millones y $2,000 millones al año a Cuba. Pero en 2015, Emilio Morales, presidente de The Havana Consulting Group, estimó que era mucho más que eso, y que en 2014 fueron $3,130 millones, y en 2015 proyectaba un envío de $3,990 millones (considerados billones en Estados Unidos). Por eso en Miami hay unas 135 agencias de remesas para Cuba en una lista de la internet. Y eso no incluye lo que envían los cubanos desde España y otros países. Tampoco cuento las agencias que se dedican solo a viajes a Cuba, quizás unas 20 más. Nunca antes recibía Cuba remesas de emigrantes. A esto nos ha rebajado el castrismo: a un país extremadamente subdesarrollado.

Pero yo también quiero que mi Habana y toda la isla prosperen, que trabajemos para que se estrechen más los lazos. Eso a la larga erosiona el poder de los que la humillan. Es político relacionarse. Es impolítico ejercer la venganza. Tumbemos las murallas, cambiemos nuestro modo de pensar. Sintamos que cuantas más veces nos comuniquemos, más fácil será para todos los de allá y los de acá.

Frente a los que proclaman que un consulado es una fuente de agentes, hay que responder que ya estamos penetrados por agentes cubanos en Miami, les estamos dando trabajo aquí –porque lo sabemos–, sobre todo, en las instituciones periodísticas.

No nos engañemos, estamos liados de castrismo en todo lo que hacemos. Incluso en eso de cerrar puertas, de dar escándalos, de gritar consignas. “Abrir” es la palabra opuesta al “cerrar” de los dictadores. Abrir es lo que hacen las democracias. Sin miedo. Entremos a Cuba y penetremos en sus filas: de ciudadanos, de familiares y de vecinos, en avance del futuro de una sociedad civil que podrá conquistar con sus demandas a la militar y dictatorial que sufren ahora.

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