Olga Connor

Center for a Free Cuba recuerda a Heberto Padilla

Sebastián Arcos Cazabón leyó uno de los poemas de ‘Fuera del juego’, en una noche dedicada a Heberto Padilla en Casa Bacardí.
Sebastián Arcos Cazabón leyó uno de los poemas de ‘Fuera del juego’, en una noche dedicada a Heberto Padilla en Casa Bacardí. el Nuevo Herald

Heberto Padilla escribió poemas en Fuera del juego que revelaban la presión y la censura que sentían los intelectuales en Cuba a finales de los años 1960. Este es uno de los poemas en que advierte la vulnerabilidad del poeta: “Los poetas cubanos ya no sueñan/ (ni siquiera en la noche). / Van a cerrar la puerta para escribir a solas, / cuando cruje, de pronto, la madera; / el viento los empuja al garete; / unas manos los cogen por los hombros, / los voltean, / los ponen frente a frente/ a otras caras / (hundidas en pantanos, ardiendo en el ‘napalm’) / y el mundo encima de sus bocas fluye / y está obligado el ojo a ver, a ver, a ver”.

María Salgado, en un artículo sobre la poética de Padilla en la Revista Iberoamericana (1990), comenta que hay ecos de la poesía de José Martí en Padilla, pero este no se puede permitir ni siquiera el lujo de soñar, sabe que Cuba es parte de un mundo muy complejo, envuelto en muchas luchas globales.

Para recordarlo a la luz de los acontecimientos recientes entre Cuba y Estados Unidos, el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio y el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami, ICCAS, se unieron al Center for a Free Cuba (Centro para una Cuba Libre) freecuba@cubacenter.org, que propuso un encuentro en la Casa Bacardí, sede de ICCAS titulado: Una noche con la poesía de Heberto Padilla.

La profesora Ileana Fuentes y el poeta Ángel Cuadra presentaron el programa que dirigió Frank Calzón, director del Center for a Free Cuba, y que incluyó la lectura de poemas de Fuera del juego, el libro premiado en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, en 1968 con el premio de poesía Julián del Casal, y que luego llevó a prisión a Padilla. Se habló del impacto de su obra y la reacción de intelectuales alrededor del mundo, que abandonaron la causa cubana por esta vendetta contra el escritor y la que fue su esposa Belkis Cuza Malé. Varios poetas, escritores, y activistas de derechos humanos seleccionaron y leyeron poemas de Fuera del juego al final, entre ellos: Ángel Cuadra, Rosa Maria Payá, Janisset Rivero, Daniel Pedreira y Sebastián Arcos.

Cita fraterna sin tiempo

“Hemos llamado, como a una cita fraterna sin tiempo, a varios poetas para ir al encuentro de Padilla, a su poesía, a su persona, porque hay voces que no debemos dejar que se apaguen por el paso de los años, y se hace necesario reactivar su mensaje en la medida en que el mismo sirva para poder entender mejor un momento significativo en la historia de un país”. Así comenzó su discurso Cuadra, comentando que a la libertad del pensamiento acudió Padilla con su poesía, la que defiende el PEN Club de Escritores. El poeta recordó a Octavio Paz, cuando escribió que “La libertad no es una filosofía y ni siquiera una idea: es un movimiento de la conciencia”.

Curiosamente, el sacrificio de Padilla no fue en vano, pues el mundo de la cultura internacional volvió los ojos hacia Cuba con una actitud crítica, incluyendo al comunista Jean Paul Sartre, quien era en ese momento el líder de la intelectualidad de izquierda. Y muchos de ellos protestaron. Mario Vargas Llosa, José Emilio Pacheco, Susan Sontag, Marguerite Duras, Simone de Beauvoir y otros firmaron una carta en contra del encarcelamiento de Padilla y su esposa, el 20 de marzo de 1971. Con este poema de Padilla sobre su poética cerró Cuadra sus palabras:

“Di la verdad. /Di, al menos, tu verdad. /Y después / deja que cualquier cosa ocurra:/ que te rompan la página querida, / que te tumben a pedradas la puerta,/ que la gente /se amontone delante de tu cuerpo / como si fueras / un prodigio o un muerto”.

Lecciones de la Inquisición

El exordio de Ileana Fuentes fue una cita de Hannah Arendt sobre la violencia absoluta, que silencia cada cosa y cada persona, y no solamente la ley. La activista cultural habló como predicadora del evangelio de las libertades. De ese modo se fue hasta 1252 nada menos, cuando por una Bula Papal se iniciaba “uno de los más feroces capítulos de la historia de la humanidad: la Santa Inquisición”.

“La Santa Inquisición no le permitía al acusado la defensa de su causa. Al reo se le leía la confesión que habría de enunciar, confesión que había sido redactada por sus propios verdugos. Eso es lo que le hicieron a Heberto Padilla. Se le redactó su ‘auto de fe’, y se le enumeraron sus errores, sus delitos contra la autoridad máxima de la revolución, su divisionismo ideológico, en otras palabras, su blasfemia”, dijo Fuentes.

Es natural que el sistema que acabó con la religión la imitó plenamente, y el poder que otorga la confesión de las culpas pasó de la Iglesia al gobierno. Reinaldo Arenas lo dijo en algún momento, que “algo que una persona en un país comunista no puede dejar de hacer es confesar”.

Con el caso Padilla se inició la admisión de que el discurso crítico -el criterio alternativo- era innecesario, concluyó Fuentes.

olconnor@bellsouth.net

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