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Los Fabulosos Cadillacs todavía mantienen sus ritmos

Siete años fuera de los escenarios no afectaron el empuje de Los Fabulosos Cadillacs. La tan esperada reunión de la banda argentina de rock (y ska, punk, caribe, reggae,afro-brasilero, fusión, etc, etc) hizo vibrar a la American Airlines Arena con un show energizante y sorpresivamente moderno.

La Arena no estaba ni llena: la mitad de los asientos estaban cubiertos con cortinas, y el público ocupaba apenas dos tercios de los puestos que quedaban, si bien la fanaticada era entusiasta y ruidosa. Pero aunque Los Fabulosos Cadillacs hicieron su carrera tocando para cientos de miles de personas en los estadios de América Latina, el reducido público de Miami no hizo mella en su entusiasmo y tocaron con gusto.

Los nueve miembros de la banda lucen un poco más gorditos y canosos, pero todavía guardan ese sentido de la picardía y de la urgencia. Durante la rebelde Mal Bicho, un ska abro-brasilero contra el autoritarismo y el abuso de poder que se convirtió en uno de sus mayores éxitos, el bajista y lider de la banda, Flavio Cianciarulo, con sus brazos tatuados y un sombrero con calaveras y huesos, apuntó su bajo a la audiencia y los hirió de muerte mientras sonreía.

Los Cadillacs tienen reputación de ser una banda de rock de fiesta, mayormente por la fusión de ska y rock que introdujeron en América Latina y los ritmos pegajosos de tonadas afro-brasileras como Mal Bicho y su mayor éxito, Matador. Pero lo que quedó en relieve en su concierto de Miami fue lo rica, completa y aventurera que es su música, con canciones repletas de una variedad de estilos que no dejan indiferente a ningún público.

Las armonías de Padre Nuestro y Calaveras y Diablitos se elevaron por encima de un boom de reggae y calipso, mientras Basta de llamarme así llevó a Vicentico a tocar la harmónica en tonos de blues para después entregarse a un gran final psicodélico 'a la sargent pepper'. La banda también tocó el divertido skapunk de Ian Drury, en Wake Up and Make Love with Me, transformándolo en un spanglish afro-caribeño.

El melenudo saxofonista Sergio Rotman dirigió a los dos trompetistas en melodias tensas y plenas que se han convertido en el corazón del sonido de la banda, junto a una percusión agrisva. Los Fabulosos Cadillacs tienen un sonido totalmente original, nada típico, nada de guitarritas de rock. Afortunadamente, el usual audio mediocre de la Arena estaba en una de sus mejores noches, lo cual permitió oír a este grupo en todo su esplendor.

La voz quejumbrosa de Vicentico cortaba el aire en medio de la turbulencia musical con la dosis adecuada de drama y emoción en las canciones. Durante los siete años de separación de Los Cadillacs, Vicentico ha grabado varios albumes de baladas, así que en canciones de amor como Siguiendo la luna su voz se sentía especialmente poderosa. Su talento también le dio un nuevo tipo de drama a la cumbia caótica de Los condenaditos. En Mal Bicho hizo que la fanaticada de arrodillara para después levantarlos de un grito: "digo no!" En Vasos vacíos, compartió escenario con el magnífico Bibi Maura.

El show terminó con Matador, el hit de 1994 que es todavía uno de los himnos del rock latinoamericano, cuyos ritmos vibrantes y sentimientos de rebeldía (junto a memorias nostálgicas) redujo a la audiencia a una sola entidad que gritaba y brincaba. Ultimadamente, fue la variedad de sonidos de los Cadillac lo que hizo la noche.

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