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OLGA CONNOR: Homenajes a Juan Manuel Salvat

Cuando Juan Manuel Salvat anunció que se iba a jubilar y cerrar su librería Universal, todos los amantes de los libros nos pusimos nerviosos, casi no le creíamos. Pero empezó a recoger. Vendió su edificio. Y ahí está la realidad, el edificio se vació y nos quedamos sin librería, pero no sin Salvat.

Varias organizaciones quisieron mostrarle de alguna manera la admiración y el agradecimiento a Salvat por representar la cultura cubana en el exilio todos estos años. El Encuentro en la Casona, que organiza Luis de la Paz en el Centro Cultural Hispano de las Artes de Miami que dirige Pedro Pablo Peña, fue el primero de todos. A los pocos días, la Casa Bacardí del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami (ICCAS) fue el centro del otro homenaje en que colaboraron también el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, el Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio, capítulo de Miami, y Plantados. Fueron maestras de ceremonia María P. Acosta y Carmen de Toro de Gómez. En honor a Salvat hablaron Joaquín Pérez Rodríguez, fundador del Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE); Eduardo Zayas-Bazán, por NACAE (Asociación Nacional de Educadores Cubano Americanos); Rogelio A. de la Torre, por el Círculo de Cultura Panamericano; Miguel Zaldívar, por la Fundación Padre Félix Varela; Pedro Corzo, por el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo; Angel Cuadra, por el Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio; Ángel de Fana, por Plantados, y, finalmente, Salvat.

SALVAT ÍNTIMO

En Encuentro en la Casona, Salvat contestó preguntas de De la Paz en plano íntimo. Allí nos enteramos de que comenzó en el edificio José Martí, de la Calle Ocho, con un catálogo y unos cuantos libros que les enviaba a los amigos con la cuenta, por lo que la llamaban la Editorial La Cañona –que en Cuba quiere decir a la fuerza.

Durante 48 años, su librería, aunque en distintos locales, fue un lugar de tertulia, y de distribución de libros y ediciones imprescindibles para el exilio. Por eso Salvat expresó que éste era “un momento muy triste”, y que estaba especialmente sorprendido de la respuesta del público al anunciar el cierre, con “tanta gente, y tanto cariño”. Fue algo muy intenso, pues muchos clientes acudieron a la librería, lo mismo que muchos desconocidos. El problema mayor que están teniendo ahora es la falta de espacio para ubicar los libros sobrantes. Este fin de semana que pasó fue el cierre final, con ejemplares a la venta en el almacén por un dólar.

Es importante saber que, sustituyendo la labor de tantos años de Salvat en la Feria del Libro, Books & Books empezará a hacerse cargo de vender, además de los libros en inglés, los libros en español.

Al final de su charla el editor y librero habló con mucho amor de toda su familia, sus padres, sus hijos, sus allegados. “Los mayores nos estamos muriendo y no hay relevo”, dijo Salvat. “Nos hace falta que se termine el calvario cubano”. El quiere escribir sus memorias y comenzar un nuevo tipo de almacén, pero esta vez digital, con ediciones especiales, para acoplarse a los adelantos actuales.

SALVAT HEROICO

De todos los conferencistas en el homenaje de la Casa Bacardí, escogemos la exposición de Pérez Rodríguez, amigo del homenajeado desde que vivían en Sagua la Grande, y que discutió el tema del “Salvat heroico”, un aspecto prácticamente desconocido de Juan Manuel Salvat como estudiante universitario.

Desde comienzos de la Revolución, Salvat participó en el movimiento del Directorio, que surgió de la Agrupación Católica, para participar de la política universitaria de la FEU, siendo elegido vicesecretario de la escuela de Ciencias Sociales, dijo Pérez Rodríguez. Además, fue colaborador de la revista universitaria Trinchera, que se editaba para la defensa de la democracia.

El fue uno de los que organizaron y participaron en la protesta estudiantil en el Parque Central de La Habana, en contra de la visita a Cuba del comunista Anastas Mikoyan, el 5 de febrero de 1960. Allí lo detuvieron por oponerse a que encarcelaran a Alberto Muller.

Eran momentos tensos y Salvat estaba en la mirilla. Raúl Castro, en un discurso en la escalinata de la universidad mencionó su nombre: “porque los Juan Manuel Salvat”, dijo. Al oírlo, la multitud comenzó a gritar: “paredón, paredón, paredón”, contó Pérez Rodríguez.

A pesar de eso, Salvat, que era secretario de propaganda del Directorio, tuvo la ocurrencia de interferir en los canales de televisión cubana con voces superpuestas contra el gobierno de Castro. Finalmente, tuvo que salir de Cuba por la Base Naval de Guantánamo.

En el exilio asistió a congresos estudiantiles para denunciar la dictadura castrista y coordinó, desde Miami, un proyecto del Directorio para realizar operaciones combinadas contra los rusos en Cuba. Pero ese fue el momento en que los soviéticos instalaron cohetes al sur de la isla, lo que lanzó a Estados Unidos y al mundo a un paroxismo de terror, paralizando a su vez los esfuerzos de acciones militares de los exiliados para siempre.

Pero le quedaba otra labor revolucionaria a Salvat: rescatar la cultura cubana en el exilio, cosa que ha cumplido a cabalidad. • 

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