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Si es por ‘The Bachelor’, Juan Pablo seguirá soltero

Ya la televisión en inglés cuenta con su primer soltero latino. El programa de reality The Bachelor, que se trasmite los lunes a las 8 p.m. por la cadena ABC, tiene como protagonista a Juan Pablo Galavis, un joven de 32 años residente de Miami, nacido en Ithaca, Nueva York, que se crió en Venezuela.

El estreno de esta temporada de la serie, el lunes 6, presentó a Galavis en su ciudad de residencia. Se mostraron las típicas vistas candy cane de Miami: la orilla de South Beach frente a Ocean Drive, donde la gente suele jugar voléibol en la arena; las palmeras junto al viaducto MacArthur y el flamante estadio de los Marlins. En este espacio tan inútil como televisivo Galavis, un exjugador de fútbol profesional, se muestra desempeñando su actual profesión, consultoría deportiva.

Estas imágenes, un déjà vu de aquellas que abrían los capítulos de CSI: Miami (CBS) al ritmo de la música de The Who, presagian lo que va a ofrecer The Bachel or: nadie hablará de corrupción en algunas esferas de la política, ni de los desempleados ni de los indocumentados ni de los desamparados de Miami. Este es un reality, y si ha tenido alguna vez un encuentro cercano con el paradigma del reality que ha encumbrado a un grupo de nuevas celebrities al estilo Keeping Up with the Kardashians (E! Entertainment), sabe de qué se está hablando.

La pregunta es si Galavis podrá alcanzar un estatus estilo Kardashian o si su programa despertará la misma fanaticada que consiguió, al menos en esta ciudad, el actor cubano William Levy cuando concursó en Dancing with the Stars en la primavera del 2012. Por ahora puede decirse que Galavis comparte con Levy ese acento al hablar inglés que durante décadas Hollywood ha intentado identificar con el estereotipo del donjuán latino –para despejar cualquier duda está el éxito más reciente del comercial del “Hombre más interesante del mundo”, que trata de vender una marca de cerveza rodeado de mujeres bellas.

No se puede negar que Galavis tiene mucho para triunfar. Es rubio, de ojos claros y lleva ese tipo de barba contenida que se ha puesto de moda después de que el soltero de oro de Hollywood, George Clooney, la eligió como uno de sus looks. Sin embargo, el consultor deportivo no tiene esa imagen sensual y a la vez recia que siempre se vende del Latin lover. Por otra parte, hay que destacar que ha traído un elemento al programa que algunas chicas consideran interesante y que muchos pudieran creer que es muy latino. Galavis tiene cierta ternura en los gestos y en la mirada, y ha dicho que su prioridad es la familia, especialmente Camila, su hija de 5 años.

En una entrevista con la revista People Galavis dijo que aceptó participar en el programa porque para un padre soltero es difícil encontrar pareja. Esta razón parece tan falsa como la confesión del Bachelor de que la cualidad que más aprecia en una mujer es que sea sincera.

Entre tanto escote y silicona es difícil creer que la elección de una candidata dependerá de su belleza interior. Hasta el momento el programa ha sido un desfile de trajes tipo noche de prom y un festival de ridiculeces de las concursantes, cuyo objetivo es conseguir que el Bachelor las recuerde y para ello hacen cualquier locura con vistas a parecer originales. Una de las candidatas arrastró un piano hasta el set y tocó de manera tan desafinada que todavía nos estamos recuperando de la mala experiencia. Otra de las aspirantes al corazón del Bachelor decidió que su perrita podía ser más encantadora que ella –y creo que tendríamos que darle la razón– y la trajo también al programa. El resultado fue que Galavis se aprendió el nombre de la perrita en vez del de su dueña. La verdad es que él ya se había puesto el parche antes de la herida y había dicho que era muy malo para recordar los nombres de las personas. Nefasta cualidad para un relacionista público y para un conquistador. Otra de las candidatas –una de las primeras eliminadas, y con razón– decidió que ella iba a conquistar al soltero con un masaje tan torpe que casi lo deja inhabilitado para las aventuras que vendrían después.

El segundo capítulo, el lunes 13, trajo más locuras como la carrera conocida como Salt Lake City Electric Run, que el programa consideró una cita perfecta para el Bachelor con una de las jóvenes. Es difícil imaginar un sitio menos idóneo para un encuentro romántico que esta carrera en la que una multitud iluminada con luces de neón hace el recorrido al ritmo de estridente música electrónica. La única posibilidad de la pareja era hablarse a gritos, pero a quién le importa la comunicación si las bodas concertadas en este tipo de programas suelen durar lo mismo que la fama de sus concursantes.

The Bachelor no solo es denigrante para la mujer –esas pobres concursantes cargarán con esa culpa toda su vida– sino que presenta un patrón de las relaciones románticas totalmente alejado de la realidad. Ya sabemos que los reality shows son mejor materia de Syfy, el canal de ciencia ficción, que de una cadena que trasmite el programa al aire en un horario estelar. Sin embargo, es difícil aceptar que a estas alturas del siglo XXI se sigan haciendo programas tan insulsos y sobre todo pasados de moda. De todas formas vale la pena mirar el programa para enterarnos aunque sea de si el Bachelor sabe bailar. En la entrevista con People dijo que, entre otras cosas, lo que esperaba de una mujer es que fuera buena bailadora. La otra razón para seguir viendo The Bachelor es comprobar cómo la imaginación de los productores en apuros se crece ante la dificultad de llenar una hora de espacio televisivo con hechos y frases intrascendentes. Si la carrera sigue así, Juan Pablo se quedará soltero. • 

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