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Vivían en el lujo como ‘narco esposas’. Hoy se ocultan y esperan la caída final de El Chapo

Carátula del libro ‘Cartel Wives’, las memorias de Mia y Olivia Flores, esposas de Pedro y Margarito Flores, los ex narcos que se convirtieron en informantes de la DEA y son testigos clave en juicio a El Chapo Guzmán.
Carátula del libro ‘Cartel Wives’, las memorias de Mia y Olivia Flores, esposas de Pedro y Margarito Flores, los ex narcos que se convirtieron en informantes de la DEA y son testigos clave en juicio a El Chapo Guzmán.

En México tenían mansiones, autos y ropas de lujo, y vacacionaban en Puerto Vallarta. Hoy viven mirando por encima del hombro en un lugar sin nombre de Estados Unidos. Están en régimen de protección de testigos y cambian el número de teléfono dos veces a la semana. Los domingos, mientras las madres del país están preparando la ropa de sus hijos para que regresen al lunes a la escuela, ellas vienen de visitar a sus esposos en la cárcel.

Mía Flores y Olivia Flores son las esposas de Pedro y Margarito “Junior” Flores, los gemelos de Chicago que en su día fueron los encargados de distribuir en Estados Unidos los cargamentos de droga que el cartel de Sinaloa y los hermanos Beltrán mandaban desde México.

También se han convertido en los informantes más famosos de la historia reciente de Estados Unidos, según los califican algunos, porque gracias a ellos la DEA y la justicia estadounidense cuentan con la grabación en la que se escucha a Joaquín “El Chapo” Guzmán incriminándose al hablar de su actividades de narcotráfico.

Mía y Olivia son las “esposas del cartel”, como ellas titularon su libro autobiográfico, Cartel Wives (Grand Central Publishing, 2018), que hoy cobra más relevancia con el mediático juicio que se le celebra en Brooklin, Nueva York, a El Chapo, en el que el testimonio de los gemelos Flores es fundamental.

Hoy, sus vidas contadas en este libro, resultan un poderoso recuento de la manera en que operan los narcos, los millones que manejan, los lujos que gozan y la extrema violencia que provocan en México y Estados Unidos. También es un ejemplo de cómo la decisión de retomar las riendas de su destino, de volver a respetar la ley, puede haber salvado a la familia Flores de que no se repita el ciclo de delicuencia que inició el padre de los gemelos.

En este video de una cámara de seguridad se muestra el momento en que el narcotraficante Joaquín "El Chapo" Guzmán se escapó de una prisión mexicana en julio de 2015.



Hijas de policías

Mia y Olivia se criaron en Little Village, un vecindario en el oeste de Chicago poblado principalmente por inmigrantes mexicanos. Ambas son hijas de policías y crecieron en un hogar regular, donde les dieron una buena educación y apoyo familiar. Ambas de padres mexicanos, Mia es hija de una brasileña y Olivia, de una puertorriqueña.

Por otra parte, los gemelos Flores nacieron en el mismo barrio de Chicago mientras su padre, un emigrante mexicano poco instruido, cumplía una condena por tráfico de drogas. Fue él quien desde los 7 años los introdujo en el negocio. Los gemelos Flores ayudaban a su padre con la traducción de las transacciones, porque él hablaba poco inglés.

Olivia conoció a Margarito, “Junior”, cuando estaba casada con uno de los jefes de los Latin Kings en Chicago, quien los presentó.

Con uñas largas como una diva del reggaetón, lucía entonces como “a million dollar bitch”, según ella misma se describe en el libro. Cuerpo despampanante, senos de silicona antes que estas cirugías se popularizaran, ropa de marca y una actitud cortante, era lo que la distinguían entonces.

De Junior le llamó la atención que no era como el resto de los narcotraficantes. Conducía carros caros y manejaba dinero –se dice que los gemelos ya eran millonarios a los 18 años– pero no ostentaba. Tenía un hablar pausado, estrechaba la mano mirando a los ojos y evitaba las vulgaridades. Aunque entre ellos surgió una atracción, no comenzaron a salir hasta mucho después de que el esposo de Olivia fuera asesinado por pandilleros rivales.

Rubia, dulce y delicada, Mia era muy joven cuando conoció a Pedro por una amiga que vivía en su calle. Eran del mismo barrio y aunque no tenían la misma educación, encontraron que tenían mucho en común y comenzaron su romance.

Joaquín "El Chapo" Guzmán, que fue catalogado como el delincuente más buscado del planeta, fue sometido a una serie de exámenes médicos y de ADN después de ser arrestado por las autoridades mexicanas.

La huida a México

En el 2005, los hermanos Flores eran los reyes de la distribución de drogas en Chicago y parte de la costa oeste del país, donde contaban con redes organizadas y tenían como estrategia esconder los cargamentos en vecindarios de lujo para no llamar la atención.

Pero la policía les seguía los pasos, y decidieron escapar a México, donde ya vivían sus padres y su hermano mayor, que había sido deportado.

Establecieron su centro en Guadalajara, y ya casados con Mia y Olivia, llevaban una vida tranquila en mansiones que se comunicaban por el patio trasero. A la par avanzaban en sus nexos con los carteles locales y seguían la distribución de drogas en Estados Unidos dirigiéndola por Google Map.


Pero el secuestro de Pedro lo cambió todo. Para salvar a su hermano, Junior se aventuró a que otros narcos lo llevaran hasta el cuartel general de El Chapo en las montañas de Sinoloa, desde donde el capo dirigía las operaciones con ayuda de una flota de aviones y submarinos. Hubo química entre ellos, y El Chapo se quedó impresionado con la estricta contabilidad que llevaban los Flores, la misma que más tarde condujo a un agente de la DEA a decir que los hermanos funcionaban como ejecutivos de una gran compañía.

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AP

El Chapo le prometió a Junior que Pedro regresaría sin problemas y que el negocio continuaría. Y en efecto, asustado y en muy malas condiciones físicas, Pedro salió del secuestro con la certeza de que no viviría otra tragedia como esa.

Un tiempo después estalló la guerra entre el cartel de Sinaloa y el de los hermanos Beltrán Leyva. Empezaron a aparecer cadáveres descuartizados y atados a los árboles, como uno que Junior vio la primera vez que se encontró con El Chapo en las montañas.

Pero el puntillazo fue una decisión de orden familiar.

En el 2008, Mia salió embarazada, y una noche los hermanos se reunieron en la cocina y le dijeron a sus esposas que su vida cambiaría.

De narcos a informantes

Los hermanos Flores comenzaron a cooperar con la DEA y estuvieron un año haciendo grabaciones de los narcos, pero faltaba la de El Chapo. Los Flores solían trabajar como con 50 teléfonos, todos marcados con el nombre de cada persona. Una noche finalmente entró la llamada de “Señor”, como habían identificado el teléfono para comunicarse con El Chapo. Lo grabaron y le dieron a la DEA su vellocino de oro.

De vuelta en Estados Unidos, los hermanos fueron interrogados por agentes federales durante seis meses. El resultado fue el arresto de decenas de narcotraficantes en Chicago y el camino para que la Comisión de Delitos de la ciudad nombrara a El Chapo “Enemigo Público Número Uno”. Solo Al Capone había recibido la infame categoría.

En el 2015, los gemelos Flores fueron condenados por un tribunal de Chicago a 14 años en prisión por traficar 71 toneladas de cocaína y heroína y $2,000 millones en efectivo, entre el 2005 y el 2008.

“Ustedes y su familia siempre tendrán que cuidarse las espaldas. Cada vez que enciendan el carro, van a preguntarse si solo va a arrancar o va a explotar”, dijo el juez de distrito Rubén Castillo, quien dictó la sentencia, según reportó el Chicago Tribune.


Para entonces Mia y Olivia vivían ocultas, dedicadas a criar a sus hijos. Ellas mismas reconocen que parecen soccer moms, pero en realidad son esposas de narcotraficantes convictos. Eso las ha marcado, pero también sienten que al final han hecho lo correcto. Los hermanos Flores estarán libres en el 2021 porque se les contó para su condena los cinco años que habían estado presos antes que se dictara sentencia.

En el 2017 El Chapo fue extraditado a Estados Unidos y actualmente está en espera del veredicto del jurado. Dicen los que asisten al juicio que El Chapo entra muy despreocupado, lanzando besos a los ilustradores que recogen en imágenes las sesiones.

Se le responsabiliza de más de 1,000 muertes y podría ser condenado a cadena perpetua, pero el capo está más preocupado por su imagen. Ya una de sus hijas ha comprado un dominio en internet y planea vender objetos relacionados con el ex jefe narco.

Quizás se repita la historia de Pablo Escobar. ¿Pronto veremos la cara de El Chapo en un t-shirt? No será el primer asesino que aparezca en una camiseta.

Siga a Sarah Moreno en Twitter: @SarahMorenoENH

Sarah Moreno cubre temas de negocios, entretenimiento y tendencias en el sur de la Florida. Se graduó de la Universidad de La Habana y de Florida International University.


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