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Mercedes De Acosta, mucho más que ‘la amante cubana de Garbo’

Portada del libro Imposeída, una edición bilingüe de poemas escritos por Mercedes de Acosta, publicada por la editorial española Torremozas.
Portada del libro Imposeída, una edición bilingüe de poemas escritos por Mercedes de Acosta, publicada por la editorial española Torremozas.

La han llamado “la amante cubana de Greta Garbo”, pero Mercedes de Acosta (1892-1968) merece más reconocimiento que aquel que el tiempo le ha dado por su larga lista de amantes famosas.

Esta escritora, que no era cubana sino neoyorquina de ascendencia española, fue una fuerza fundamental en la escena cultural de Nueva York en las primeras décadas del siglo 20.

El vínculo con Cuba viene por vía de su padre, Ricardo de Acosta, un criollo que simpatizaba con los independentistas, y que por ello tuvo que salir huyendo de la isla dejando todo atrás. Tenía tanta suerte para los negocios, que a su llegada a Nueva York, Ricardo volvió a triunfar y así los De Acosta entraron a formar parte de las familias acomodadas que vivían en los alrededores de la Quinta Avenida y que frecuentaban a millonarios como los Vanderbilt y los Astor.

Autora de tres poemarios y una docena de obras de teatro, en algunos casos con éxito porque su Jacob Slovak (1923), una pieza que criticaba el antisemitismo, fue representada en Broadway y en Londres, De Acosta cautivó además por su atuendo masculino, su entretenida conversación y su talento para sostener amistades con celebridades y artistas.

“Vivió con gran intensidad ‘su moda’, ya que se disfrazaba a veces con capas y sombreros tricornios, usaba con frecuencia pantalones masculinos y se maquillaba a la manera de las actrices del expresionismo alemán”, señaló la escritora y profesora Carlota Caulfield, quien, junto al poeta, editor y académico Jesús Barquet, se encargó de la selección y traducción de los 55 poemas de De Acosta incluidos en el volumen Imposeída, publicado a finales del 2018 por la editorial madrileña Torremozas.

El poeta cubano Joaquín Badajoz colaboró en la traducción de cuatro poemas.

De Acosta creó su propio estilo y, de cierta forma, fue una “street performer” en su exhibición de lo diferente, apuntó Caulfield, coincidiendo con Barquet en que las relaciones amorosas de De Acosta con figuras famosas del cine opacaron su obra literaria.

“En su momento y ahora, esas intimidades eróticas y afectivas de Mercedes de Acosta llaman mucho más la atención que su obra literaria. Si ella fuera culpable de esto, su supuesta culpa no iría más allá de querer vivir libre y apasionadamente su vida. El problema es que las figuras femeninas de renombre con quienes se vinculó solían ser blanco de la prensa amarillista”, precisó Barquet.

En su autobiografía Here Lies the Heart (1960), repleta de personalidades de la política, las artes y líderes espirituales que admiró, De Acosta cuenta sus encuentros con Eleonora Duse, Isadora Duncan, Joaquín Sorolla, Picasso, Stravinsky y Kahlil Gibran, por citar algunos nombres clave del siglo 20 que le dejaron huella.

Pero fue el encuentro con Garbo en 1931, cuando De Acosta se mudó a Hollywood para trabajar como guionista, el que marcó no solo su vida, sino la manera en que la posteridad la recordaría.

En los años fundamentales de su romance, De Acosta y Garbo vivían una junto a la otra en el vecindario de Brentwood, en Los Angeles, y solían escaparse a la Sierra Nevada a los parajes solitarios que ambas disfrutaban.

La relación intermitente entre la actriz sueca y la escritora neoyorquina, que duró hasta finales de la década del 1940, quedó documentada en la correspondencia que intercambiaron con regularidad.

De Acosta, enferma y sin dinero en la última etapa de su vida, vendió las cartas al museo y biblioteca Rosenbach, en Filadelfia, con la condición de que no se abrieran hasta 10 años después de la muerte de Garbo.

Las misivas, que se dieron a conocer en el 2000, muestran a Garbo parca en sus afectos, aunque solía llamar a Mercedes “mi querido chico” o “blanco y negro”, porque estos eran los colores que prefería la escritora para vestir.

Al publicarse Here Lies the Heart, Garbo se molestó con De Acosta, y desde entonces no tuvieron más contactos. Algunos dicen, sin embargo, haber visto a una mujer que buscaba ocultar su identidad entre los asistentes al entierro de De Acosta en el Trinity Cemetery de Washington Heights, en mayo de 1968.

Un merecido rescate

Además de la relación con Garbo, los amores de De Acosta con otras famosas como Alla Nazimova, Eva Le Gallienne y Marlene Dietrich, y sobre todo, la libertad al manifestar su sexualidad en tiempos en que era tabú hacerlo, interesaron a la academia estadounidense, que comenzó a incluir a la escritora en los estudios de género y sobre la moda.

La recuperación de su figura literaria se afianzó con los libros del crítico Robert Schanke, Women in Turmoil. Six Plays (2008) y That Furious Lesbian. The Story of Mercedes de Acosta (2003), que habla también de su vida, e incluye su papelería inédita, especificó Barquet.

Pero estos libros se circunscriben al ámbito anglo de la cultura estadounidense, mientras que los estudios sobre literatura hispana en Estados Unidos usualmente no incluían a De Acosta ni daban cuenta de su existencia, señaló Barquet.

De Acosta, la menor de ocho hijos de una familia española, fue criada dentro de la religión católica y las tradiciones hispanas, lo que marcó de manera significativa su personalidad.

“Desde el inicio nuestro proyecto se limitaba a compilar y traducir su poesía, pero nos sentimos tentados a incluir una traducción del primer capítulo de sus memorias Here Lies the Heart, pues no esperábamos hallar en estas evocaciones de su infancia y adolescencia, la presencia de tópicos que serían después relevantes en la producción literaria hispana de Estados Unidos, tales como la tensión entre dos mundos [el hispano y el anglo], la pertenencia o no a estos, la diferencia creada por la etnicidad y el cuestionamiento del binario tradicional [masculino y femenino] de género”, contó Barquet.

Aunque este capítulo no llegó a incluirse en Imposeída, es fundamental para entender la identidad de la escritora, que divide su lealtad entre la crianza y el legado que recibe de sus padres y su país de nacimiento, por lo que Barquet lo deja como una cuenta pendiente para futuros estudiosos de su obra.

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‘Loving Garbo’, de Hugo Vickers, publicado en el 2012, aborda la vida de la actriz y los romances más importantes que sostuvo, con el diseñador y fotógrafo Cecil Beaton y con la escritora Mercedes de Acosta.

Cuenta también De Acosta que hasta los 7 años pensaba que era un varón, y que sus padres le permitían vestir como tal. Posteriormente, las expectativas de la madre de Mercedes, que esperaba de ella que se convirtiera en una esposa convencional, entraron en contradicción con los deseos de la escritora.

De Acosta, como era usual en muchos casos de la época, estuvo casada durante varios años con el artista Abram Poole, sin abandonar sus relaciones homoeróticas paralelas.

Para Caulfield es importante la visión de la gran ciudad que De Acosta ofrece en su poemario Streets and Shadows (Calles y sombras), de 1922, fundamental en la bibliografía poética sobre Nueva York.

“De Acosta no sólo observa y describe con gran atención el dinamismo y modernidad de la urbe neoyorquina, sino que en ellos cuestiona con gran acierto temas tan relevantes como la inmigración de la época y la soledad del individuo”, dice.


Sin embargo, son esos poemas más intimistas que describen su fortaleza y su negativa a dejarse someter, como Imposeída, que da título al libro, los que mantienen el misterio sobre una mujer que vivió y amó a su aire, y que también, como señala Caulfield, abandonó su obra por sus relaciones homoafectivas.

Con excepción de su autobiografía, que vio la luz en 1960, De Acosta no publicó más poemas después de 1929, porque “el mundo ya tenía suficientes poetas menores”.

Es ahí cuando su visibilidad literaria desaparece y se convierte en la amante ‘cubana’ de la Garbo, la mujer que tantas veces había pedido que la dejaran sola.

Como justicia poética, Garbo y De Acosta están más unidas que nunca en la internet. Un click en el nombre de la actriz de Grand Hotel y Ninotchka y acto seguido aparece el rostro de la Garbo junto al de la escritora avant-garde del tricornio y la capa.

Siga a Sarah Moreno en Twitter: @SarahMorenoENH

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