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PADRE ALBERTO: La verdadera Navidad

PADRE ALBERTO

El árbol de Navidad nacional, frente a la Casa Blanca, en Washington D.C.
El árbol de Navidad nacional, frente a la Casa Blanca, en Washington D.C. AFP/Getty Images

En esta época del año abundan los documentales y expertos que reflejan las especulaciones sobre el día de la verdadera Navidad –en qué fecha de nuestro calendario nació Jesús, el hijo de Dios. Pero la fecha de la Navidad es un accidente que no es esencial sobre lo que realmente celebramos. Los expertos bíblicos y los científicos seguirán buscando una “probable fecha” hasta que se acabe el mundo. La verdad es que el día no es lo importante, sino el acontecimiento que marca esta celebración anual.

El propósito principal de la celebración de la Navidad es resaltar la importancia que tiene para la humanidad que Dios haya escogido hacerse carne y habitar entre nosotros (Ver Juan 1:14). Para todos los cristianos, la encarnación es el misterio que celebramos y el propósito de las luces, los adornos, las fiestas y los regalos. Celebramos que Dios intervino en nuestro mundo de una manera tan sencilla –y a la misma vez– tan extraordinaria.

Las encuestas arrojan un aumento entre los que dicen ser “ateos, agnósticos o nada en particular” (http://www.pew forum.org /2015/05/12/ americas- changing- religious- landscape/) algo que siempre me impresiona, ya que durante casi una década todas las ramas del cristianismo indican un descenso en su crecimiento. En fechas así como estas, siempre me pregunto qué celebran quienes dicen no tener fe o se proclaman “ateos”.

Quizás la celebración de la verdadera Navidad del siglo XXI requiere que los hombres y mujeres de fe en estos tiempos nos unamos un poco para “encarnar” el amor de Cristo y olvidarnos de las cosas que nos dividen. Quizás el reto de la verdadera Navidad en nuestros tiempos es dar a conocer a un Dios más cercano y no tan lejano; un Dios que aceptó y tomó nuestra condición humana en todo –menos en el pecado. Además, quizás Dios nos está hablando a través de las nuevas generaciones que no están tan interesadas en el tema de la religión, ni de ir a la iglesia – quizás nos está diciendo que tenemos que romper antiguos esquemas, tanta formalidad y acercarnos a un cristianismo más humano y más cercano. Algo así como lo que ocurrió cuando aquel Dios hecho hombre nació en un pesebre humilde, rodeado de animales e hijo de una madre santa que no tuvo ni una cama para dar a luz.

La encarnación del hijo de Dios tiene muchas lecciones. Y para quienes hemos crecido en un ambiente de fe, quizás se convierta fácilmente en una Navidad más y una rutina de la cual ya estamos acostumbrados. Pero no olvidemos que existe todo un mundo allá afuera –más allá de las paredes de nuestras iglesias, catedrales e instituciones religiosas– que aún no sabe realmente cuál es la verdadera Navidad, ni por qué tenemos que entusiasmarnos por ella. Toda esa indiferencia, apatía y rechazo religioso solo indica una realidad: que existe la urgencia de dar a conocer a todos el significado de aquella noche sagrada en la cual Dios penetró nuestra humanidad con su luz para darnos al salvador del mundo. Aún nos falta conocer la verdadera Navidad. ▪ 

El Padre Alberto Cutié es sacerdote episcopal/anglicano en la Diócesis del Sureste de la Florida y rector de la iglesia Saint Benedict en Plantation, www.saintbenedicts.org

Siga a Padre Alberto en Twitter: @padrealberto

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