Música

Con dos controvertidas óperas culmina brillantemente el MMF

Erin Alford y Lauren Frick se ganaron larga ovación por su actuación en ‘Dead Man Walking’.
Erin Alford y Lauren Frick se ganaron larga ovación por su actuación en ‘Dead Man Walking’. Daniel Fernández

Con dos óperas de temas álgidos cerró brillantemente el Miami Music Festival (MMF) el fin de semana pasado en Broad Performing Arts Center de la Barry University. Dead Man Walking, de Heggie, los días 27 y 29, y Las bodas de Fígaro, los días 28 y 30 permitieron a los músicos y al equipo vocal del MMF Opera Institute lucirse en producciones que brillaron dentro de su marco presupuestario y se ganaron con creces las ovaciones de pie que les otorgó el nutrido y satisfecho público.

Asistimos a la función del 28 de la obra de Heggie, quien se encontraba en el público y ofreció al final un conversatorio sobre su obra. Esta ópera, estrenada en el 2000, plantea de manera que quiere ser imparcial el discutido tema de la pena de muerte. La música, siempre amena y atractiva, aunque con espacio para más sutileza en algunas escenas fue brillantemente ejecutada por la orquesta del MMF bajo la dirección de Bradley Moore.

Un aplauso mayúsculo para Erin Alford como Sister Helen, rol con un peso y duración escénica muy difícil de manejar. La soprano se desempeñó con seguridad y matices y creó su personaje de manera muy convincente. Muy de cerca la siguió Lauren Frick, en el breve pero contundente papel de la madre del condenado. Joel Balzun, como el reo en el pabellón de la muerte, tuvo momentos brillantes y fue siempre muy creíble en su papel. El resto del elenco, con especial mención para Gina Hanzlik como Sister Rose, se mantuvo a un nivel más que satisfactorio. Hay que reconocer una vez más el sólido trabajo de dirección escénica de David Carl Toulson que en este caso logró el máximo de cantantes jóvenes y hasta de niños.

Las bodas de Fígaro

Un clásico mozartiano no es cosa de tomar a la ligera, sin embargo, el elenco del MMF el domingo pasó la prueba con colores triunfales. Aunque hubo sus detalles en algunos cantantes, especialmente Bizhou Chang, quien como la Comtessa no siempre logró tersura en los pianos y tuvo modulaciones ásperas y agudos chocantes, el balance general fue de un disfrute a la altura de grandes escenarios con todos los recursos del mundo.

Sorprendentes el Conde de Alex DeSocio y el Fígaro de Jeremy Harr, por la seguridad con que se desempeñaron en escena, vistiendo a sus personajes con variantes y riquezas muy apreciables en lo dramático.

Sarah Plata, Seung Hee Lee y Matthew Manes, en sus personajes menores se lucieron, impecables y divertidos, dando la fuerza necesaria a sus escenas colaterales que no carecen de belleza, especialmente en los concertantes. Graciosa la Barbarina de Madison Spahn y brillantísimas Lydia Eiche como Susanna y Theresa Kessel como Querubino. Estas son cantantes ya listas para cualquier escenario.

Pero una vez más la estrella no visible de la noche fue Caren Levine, que desde el podio llevó la orquesta “a paso de conga”, sacándoles un Mozart vivísimo y con toda la chispeante alegría que esta obra trajo en su momento; especialmente por los temas tan controvertidos de los privilegios de la nobleza y la fidelidad matrimonial. El simple hecho de confundir a la criada con la condesa ya era un atrevimiento que se usó en muchas obras del XVIII para subrayar el hecho de que todos somos iguales. La obra original de Beaumarchais estaba prohibida, pero Mozart convenció al emperador José II (déspota ilustrado) para ponerla con libreto de Da Ponte, subrayando que era un enredo de parejas, aunque lo subversivo iba disimulado.

Esta puesta supo mantener el balance entre lo social y lo personal en una trama de gran complejidad que a pesar de sus siglos todavía hace reír y pensar.

Sin duda un cierre brillante para el MMF que nos pone a esperar con ansias el verano próximo.

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