Música

La BBC y Albright, lo mejor del año

La BBC Concert Orchestra, bajo la dirección de Keith Lockhart y con Charlie Albright al piano, en el Adrienne Arsht Center.
La BBC Concert Orchestra, bajo la dirección de Keith Lockhart y con Charlie Albright al piano, en el Adrienne Arsht Center. Artist Management

El concierto ofrecido el miércoles 15 por la BBC Concert Orchestra, con Keith Lockhart en el podio y Charlie Albright al piano, fue posiblemente el mejor de la temporada de la serie Knight Masterworks del Adrienne Arsht Center. La combinación de la excelencia musical con un programa para todos los gustos suele llevar al éxito, al disfrute inolvidable, a la ovación, y esa noche no fue una excepción. El público aplaudió y ovacionó de pie. Un merecido reconocimiento a la excelencia y un rutilante fin de temporada a pesar de algunos detalles, como la amplificación defectuosa, que no permitía entender bien lo que decía el director cuando tomaba el micrófono.

La noche comenzó con dos obras orquestales muy inglesas y agradables, como para ir preparando al público a lo que vendría después. The Wasps Overture, de Vaughan Williams, tiene el toque divertido de imitar el zumbido de las avispas en las cuerdas, mientras que la segunda obra, la Rapsodia para orquesta A Shropshire Lad, de Butterworth, permeó el ambiente con su atmósfera bucólica.

Pero la gran atracción de la noche fue sin duda el monumental y endiabladamente difícil Concierto no 2, en fa mayor, op. 102, de Shostakovich, en el que Albright dio una clase magistral tocando de memoria esta monstruosidad. Cargado de andanadas de acordes súper veloces y pasajes explosivos, su Andante, en el medio de la obra, exige en cambio un control y unos nervios de acero que también sepan expresar la delicadeza de una nostalgia inefable entre dos efervescencias de velocidad virtuosa. Decir que el joven solista es genial, ya resulta un lugar común, pero por si quedara duda, ante la ovación final, ofreció improvisar sobre cuatro notas que le dictaron al azar desde el público… No hay palabras para describir lo que hizo con ese “pie forzado”. Un intérprete único y, para colmo, vestido con impecable y ultramoderna elegancia. Su blanca chaqueta no tenía botones, bolsillos ni solapa.

La segunda parte de la noche fue la maravillosa y otrora popularísima Sinfonía no. 8, en sol mayor, de Dvorak, cargada de hermosos temas que en su momento fueron muy populares. La orquesta pudo brillar en solitario demostrando su excelencia y la de Lockhart que con sus manos parecía ir sacando la música desde los instrumentos, y a veces de su pecho, de su alma.

De pie todo el mundo ante los compases finales con sus trompetas gloriosas. El encore fue inevitable, otra vez un toque inglés, los dos movimientos finales de la conocida Capriol Suite, de Warlock. Inolvidable. • 

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