Música

‘La pasajera’, la belleza contra el olvido y el horror

Ni lujos, ni glamour, ni colores ni esplendores, sino la realidad cruda y dura es lo que nos presenta la ópera ‘La pasajera’.
Ni lujos, ni glamour, ni colores ni esplendores, sino la realidad cruda y dura es lo que nos presenta la ópera ‘La pasajera’. Brittany Mazzurco-Muscato/FGO

Ni lujos, ni glamour, ni colores ni esplendores, sino la realidad cruda y dura es lo que nos presenta la ópera La pasajera, de Mieczystaw Weinberg, que fuera estrenada por la Florida Grand Opera (FGO) con éxito inusitado, en el Arsht Center, en la noche del sábado.

Antes de comenzar la función, Susan T. Denis, directora de la FGO, resumió en breves palabras cuán transformadora había sido la experiencia de montar esta obra para todos los que habían intervenido en ella y que esperaba que causara el mismo efecto en el público. Y así fue, pues a pesar de lo deprimente del tema, el público no salió huyendo en el intermedio y se quedó a pie firme fascinado por la belleza y el horror.

Dos situaciones extremas: por un lado la superficialidad enajenada de un crucero y por el otro la monstruosidad de los campos de concentración nazi, sirvieron a Sofia Posmisz, autora de la novela en que se basa la ópera, para exponer y denunciar el horror. Sobreviviente de los campos de exterminio, supo captar ese infierno con una crudeza que igualmente traduce en música maravillosa Weinberg y en escenas impactantes el libreto de Alexander Medvedev.

Desde el cinismo narcisista de los verdugos hasta la desesperación de las víctimas abusadas cotidianamente hasta el momento de su inhumana eliminación, sin olvidar la indiferencia general de los que contemplan el holocausto sin hacer nada. Todo “ese muro oscuro de la muerte” queda plasmado en esta obra estremecedora. Es una gran tragedia de la historia. Algo que, como dice el libreto: “No se debe olvidar. No se debe perdonar”. Sin embargo, esta no es una obra de odio, sino de amor. Ese “perdón” que no se debe dar al crimen es la base de la civilización, de toda sociedad que pretenda perdurar. Cuando se trata de “perdonar” y explicar el crimen, se trivializa la responsabilidad individual, la culpa de los verdugos. Y, a la larga, todo se olvida, y la historia se repite.

La obra es tremenda, sobre todo por su música maravillosa, y la orquesta la interpretó brillantemente con el extraordinario Steven Mercurio en el podio. Esta es una ópera donde los coros son muy importantes, y esa noche se lucieron como nunca, aplausos para su directora, Katherine Kozak. Aunque las estrellas de la noche fueron las solistas, en especial, Adrienn Miksch, en el rol titular; Daveda Karanas, como la celadora nazi, y Anna Gorbachyova, en el papel de Katya; su canción rusa a capella en el segundo acto vale el precio de la entrada.

Fue una noche mágica, donde todos los elementos se conjugaron para dar algo que nunca se había visto en esta ciudad, una ópera contemporánea puesta con una calidad insuperable en todos los sentidos. Esta producción que nos llega nada menos que del prestigioso festival de Bregenz, en Austria, cuenta con la sabia escenografía de Johan Engels, que combina genialmente crucero con campo de concentración. Los trajes adecuados y realistas de Marie-Jeanne Lecca acentúan el dramatismo, de igual manera que las luces de Fabrice Kebour no fallan a la hora de crear atmósferas y subrayar momentos. Aplauso especial para el director escénico David Poutney que mantuvo al público en vilo hasta el exquisito final. Por primera vez se hizo un breve silencio al irse apagando la música y la luz sin que nadie se precipitara a aplaudir. La ovación duró un buen rato.

Y es que todo estuvo a la altura de esta obra maestra. Todos los participantes merecen no solo los aplausos más duraderos, sino la gratitud más profunda por entregarse en cuerpo y alma a una labor tan necesaria como la de recordar cuán cerca estuvimos de la destrucción, cuán cerca estamos siempre del abismo y del horror. Gracias a los mecenas que pusieron su fe y su dinero en esta puesta, gracias a Denis por su fe en el público miamense, y a todos, de todo corazón.

En una ciudad en la que, a pesar de estar llena de refugiados de tantos horrores de varias partes del mundo, muchos se empeñan en dar la imagen de que es solo un emporio de cruceros y playas, donde la vida se pasa en los happy hours y los restaurantes de moda, parece mentira (pero es una gloria) que haya sido justamente la ópera la que ha sacado la cara por Miami.

‘La pasajera’ por la Florida Grand Opera, hasta el 9 de abril, en el Arsht Center de Miami. Inf. y entradas: 800-741-1010 y www.fgo.org

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