Revista Viernes

‘Magallanes’, culpa y redención en Lima

Imagen de cortesía

Celina tiene un salón de belleza y, en sus tiempos libres, asiste a un show de autoayuda. Magallanes maneja un taxi por la ciudad de Lima y, en sus tiempos libres, lleva a pasear a un ex coronel enfermo de Alzheimer. Ella es una víctima colateral de una guerra pasada; él es el estigma de esa oscura época del Perú. Ella se sube en su taxi y el rostro de Magallanes se transforma.

Inspirado en el relato ‘La pasajera’, de Alonso Cueto, el peruano Salvador del Solar dirige esta ópera prima que toma el nombre de su protagonista. Tiene una intriga latente hasta bien entrado el metraje, se cuece lentamente, no acaba de romper el conflicto. Pero cuando aflora, lo hace con fuerza.

La actriz indígena Magaly Solier –en el rol de Celina-, es grande, fuera de lo común. Y aquí la vemos brillar en una escena culminante estallando en parrafada quechua; su sufrimiento traduce sus palabras. Magallanes es el buen actor mexicano Damián Alcázar. En la piel del coronel está Federico Luppi, conservando una fuerza actoral arrolladora, sin necesidad de articular palabra.

Hay aquí una historia arrastrando a otra, la de un hombre en proceso de redención y la de un pasado que aún quema, que tiene su base en Ayacucho, cuando Magallanes, su socio y el coronel eran militares en guerra contra Sendero Luminoso. El protagonista es demasiado ambiguo, medio paralizado; mientras los antagonistas son confiada y malévolamente obvios. Planos muy largos sobre el rostro del hombre claman por un ritmo más ágil.

Hay una escena hermosa dentro de la dureza: la de Celina corriendo a piernas sueltas, subiendo la montaña; al fondo se vislumbra el panorama de la ciudad nocturna. El dolor es como esa montaña escabrosa, donde todavía hay luz allá lejos, en el horizonte. ¿Otra cosa mejor?: la cara de Federico Luppi.

El filme se exhibe en el Coral Gables Art Cinema.

@Pilarinayuso

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