Revista Viernes

Marisa Tomei a prueba de riesgos

Su magistral interpretación de una stripper en ¨The Wrestler¨podría ganarle un segundo Oscar.

Desde su inesperada victoria en los premios de la Academia por la comedia My Cousin Vinny (1992) por la que ganó el trofeo a la Mejor Actriz de Reparto, la italoamericana Marisa Tomei ha tenido una carrera de altas y bajas artísticas con cintas tan diversas como las casi insoportables The Guru (2002) y el remake de Alfie (2004), pasando por otras más contundentes y sustanciales como Welcome to Sarajevo (1997), In the Bedroom (2001), y más recientemente Before the Devil Knows You're Dead (2007), con su provocativa escena erótica al principio de este thriller psicológico dirigido por Sidney Lumet.

"Estoy muy conectada con mi físico por eso me encanta la comedia y esta película, porque me permitió ser muy expresiva con mi cuerpo", confiesa Tomei, quien se entrega en cuerpo y alma a sus personajes.

La película a que se refiere es la obra maestra The Wrestler, del cineasta Darren Aronofsky (The Fountain, 2006), en la que logra otra actuación tan convincente en el papel de Ca- ssidy, una madre soltera que se gana la vida como stripper para mantener a su pequeño hijo. Esta la ha colocado nuevamente entre las actrices más elegibles para una candidatura al premio magno de Hollywood. Este año, The Wrestler, coprotagonizada por Mickey Rourke --en la más soberbia actuación de su vida-- fue galardonada en el Festival de Cine de Venecia con el Premio León de Oro a la Mejor Película. La contribución de Tomei al éxito artístico del filme es indiscutible.

"Somos seres completos y ese aspecto [el énfasis en lo físico] es definitivamente la forma en que me acerco a muchos de los personajes que interpreto", subraya. "Trato de escuchar lo que mi cuerpo me dice. Es una de mis herramientas. Algunas personas reciben la información por medio de lo visual, otros de manera auditiva. Me considero una persona [enérgica] en constante movimiento. Es parte de mi naturaleza".

Tomei es consistente en su versatilidad, que debe a su formación en las tablas de su natal Nueva York. Nacida en Brooklyn el 4 diciembre de 1964, ayer celebró sus 44 años.

"En un inicio no fui entrenada para primeros planos con una cámara sino para el escenario, y eso requiere el uso de todo el cuerpo", recalca.

Curiosamente, hasta en cintas que están por debajo de su capacidad actoral, ella posee ese don de sumergirse tan profundamente en su trabajo que logra trascender el más mediocre material y demostrar no solamente su talento innato --la cámara la adora-- sino que es una legítima estrella. Eso sí, demasiado subutilizada en producciones cinematográficas de envergardura.

Cuando la entrevistamos recientemente durante su visita a Miami, Tomei no representaba su edad. Incluso, en su sonrisa se notaba otro don: el de la juventud perpetua. Es una mujer a quien la risa le fluye y no se comporta como una de esas divas inalcanzables. Su naturalidad es parte de su encanto y a su vez lo que tanto contribuye al realismo de sus interpretaciones. En The Wrestler no está imitando a una stripper, ella se transforma en una bailarina de este tipo y lleva el detalle al extremo de limpiar con Windex el tubo en el que baila en el escenario.

"Para muchas bailarinas [de este tipo] lo que hacen puede convertirse en algo rutinario. También se sienten cómodas estando desnudas, lo que provoca que experimenten una especie de euforia cuando están actuando y que influye, más que el dinero que ganan, en que se queden en ese trabajo por tanto tiempo", explica Tomei sobre la psicología del personaje más físico y erótico que ha interpretado en la pantalla desde que debutó en el cine en un filme de ciencia ficción y de bajo presupuesto, por el que ni siquiera recibió crédito en la pantalla.

Si bien ella compara sus espectaculares escenas de bailarina en The Wrestler con un ejercicio "atlético" en el que recibió "los golpes" que vienen con el territorio, la actriz señala que otro detalle que la intrigó es la perspectiva de que ella "está creando arte".

"La esencia de [The Wrestler] es el aspecto del envejecimiento y la 'crueldad' de ese proceso, por así decirlo", asevera. "Ella fue una 'flor silvestre' que en algún momento su estilo de vida [bohemio] la cautivó, pero ahora se siente [atrapada]".

Su propia filosofía no es planificar su carrera, sino encontrar --a veces inesperadamente, como ocurrió con Before the Devil Knows You're Dead, para el que Lumet la llamó de repente, consiguiendo uno de los más fuertes papeles de su carrera-- situaciones que resultan ser un verdadero riesgo creativo.

"Me gustar sentir temor y a la vez enfrentar el miedo", afirma. ¤

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