Revista Viernes

Andrzej Wajda un poeta de Polonia

Durante la Guerra Fría, Andrzej Wajda fue los ojos cinematográficos del mundo occidental al este del muro de Berlín. En esa extraordinaria época, el director polaco realizó obras maestras que reflejan su indomable espíritu de supervivencia en las selvas políticas. Para este genio del séptimo arte, el cine siempre ha sido más que un vehículo de entretenimiento. Sus mejores películas son un documento de la lucha de su país por la libertad desde una perspectiva humanitaria.

"Eran una excepción porque el cine al este de la muralla de Berlín no estaba presentando la realidad en Polonia", afirmó Wajda en entrevista desde su residencia en Varsovia. Añade que sus películas abrieron los ojos de la crítica y el público. "La más difícil de todas fue Hombre de mármol (1977), la primera que demostró cómo los trabajadores tenían que ponerse en pie y luchar por sus derechos", dice Wajda. "El comunismo predicaba representar los derechos de los trabajadores. Hombre de mármol demuestra que la ideología comunista no era congruente con la situación actual de los obreros". Hombre de hierro (1981), la poderosa secuela de Hombre de mármol, fue galardonada con la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cine de Cannes, lo que él considera uno de los más gratificantes acontecimientos de su carrera artística. "Esa fue una película política que estuve muy safisfecho de poder hacer en ese momento", agrega Wajda. "Cuando la estábamos filmando no sabíamos cómo iba a terminar. Me alegro que no perdí tiempo y que la realicé en el momento en que los acontecimientos se estaban produciendo. Pude filmar a los héroes de esa situación, Walesa, sus consejeros, nuestros amigos". La primera vocación de Wajda no fue el cine, sino la pintura. Entre 1946 y 1949 estudió en la Escuela de Bellas Artes en Cracovia. Pero los artistas solamente podían pintar lo que permitían las autoridades subordinadas a la Unión Soviética. Abandonó la pintura para estudiar cinematografía en la prestigiosa escuela de Lodz, en 1950. "Eso quizás sea una parodia, porque el cine estaba más censurado y controlado por las presiones políticas que la pintura", subraya Wajda. No obstante, era su destino. Terminó sus estudios fílmicos en 1952 y después fue uno de los asistentes del cineasta Aleksander Ford. Se estableció como director de primer rango con Generación (1955), la primera cinta de su famosa trilogía que incluye a la superior Canal (1957), y a una de las obras fundamentales del cine, Cenizas y diamantes (1958). De acuerdo con Wajda, el director italiano Roberto Rossellini y el movimiento del neorrealismo italiano fueron grandes influencias en Generación. Cuando estaba trabajando en Cenizas y diamantes la fotografía reflejaba las influencias de las películas de gángsteres norteamericanas, el estilo film noir, explicó Wajda. "La película La jungla de asfalto era mi favorita en aquella época", subraya. Durante su carrera, que incluye más de 40 producciones, las mayores influencias han provenido de tres cineastas que él llama "sus mentores": el italiano Federico Fellini, el japonés Akira Kurosawa, y el sueco Ingmar Bergman. Sin lugar a dudas, Wajda pertence a esa selecta lista de grandes maestros del celuloide. "Jamás pensé que sería parte de ese círculo", confiesa Wajda. "Yo simplemente deseaba hacer películas que eran necesarias en un momento dado". En la premiación de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas del 2000, en Los Angeles, la actriz Jane Fonda le entregó a Wajda un Oscar honorario por "cinco décadas de extraordinaria dirección cinematográfica". "Es uno de los momentos más bellos en la vida de un director", destaca Wajda. Su más reciente película, Revenge (2002), protagonizada por Roman Polanski, se presentará en la vigésima edición del Festival Internacional de Cine de Miami. Es una comedia de época visualmente hermosa que, para Wajda, refleja el nuevo espíritu de su tierra natal. "La situación política en Polonia ahora es muy distinta a la época cuando estaba filmando Canal y Cenizas y diamantes", precisa Wajda. "Polonia ahora es un país libre con una sociedad que está viviendo una vida muy diferente". Agrega que actualmente el público polaco está cuestionando de qué manera su cultura y sus tradiciones serán influidas y percibidas mientras entran en la Unión Europea. "Existe cierto temor de que se pudieran disolver dentro de la llamada civilización europea", recalca Wajda. Para él, Revenge, que ha tenido gran éxito en Polonia, con una audiencia de más de dos millones, refleja la belleza de su idioma, los comportamientos particulares de su tierra, las costumbres, las personalidades positivas y negativas, dentro de un marco humorístico. "Lo nuestro", afirma. No obstante, el cine de Wajda pertenece al mundo. Actualmente dirige una escuela de cinematografía en Varsovia, para desarrollar una nueva generación de cineastas. "El deseo de hacer películas profesionalmente no es suficiente", afirma. "El cine es un fenómeno social que refleja a la sociedad y el cineasta tiene que ser parte de lo que está ocurriendo en esa sociedad; vivir y sentir los problemas que todos encaran". Uno de los proyectos que Wajda quiere realizar en el futuro trata sobre el asesinato de 10,000 militares polacos por soldados soviéticos en Katyn, en 1940. "Mi padre fue una de las víctimas", rememora Wajda. "Antes de la liberación de 1989 se decía entre comillas que los alemanes habían sido los responsables, cuando la verdad era que los soviéticos habían cometido los asesinatos. Por eso no fue posible hacer una película basada en esa situación en aquel entonces". Wajda nació el 6 de marzo de 1926 en Suwalki, Polonia. Su padre fue capitán del ejército polaco y su madre una maestra. Durante la Segunda Guerra Mundial, Wajda, que entonces era un adolescente, perteneció al Ejército Nacional Polaco, una agrupación antinazi clandestina. Se ha casado dos veces y tiene dos hijas de su primer matrimonio. "Puedo decir que he tenido una vida feliz", afirma Wajda. "Sobreviví la guerra, me realicé como cineasta, pude dirigir películas como Cenizas y diamantes, logré ver el movimiento de Solidaridad de Polonia, y ver a mi país libre. Por lo tanto, te puedo decir que sí soy un hombre feliz".

  Comentarios