Revista Viernes

ZONA FRANCA: Las verónicas del intercambio

La última vez que el cantautor cubano Pedro Luis Ferrer vino a cantar a Miami, le pregunté si El abuelo Paco, una canción de principios de los años 1990, se la había dedicado al dino-gobernante Fidel Castro. Pero Pedro Luis me dijo que no, que estaba dedicada a su abuelo Paco. Días antes había dicho lo mismo en el programa Esta noche tu Night, que conducía entonces Alexis Valdés, en el canal Mega TV.

La respuesta me sorprendió porque había escuchado la canción en uno de sus conciertos en Cuba, donde me divertí a rabiar con sus ocurrencias. Esa noche Pedro Luis, ingenioso como siempre, habló de que estaba actualizando Ay mamá Inés, la famosa canción de Eliseo Grenet. Cambió el estribillo que dice “Todos los negros tomamos café”, por “Ay mamá Inés, ay mamá Inés, ya ni los blancos tomamos café”. No tuvo que explicar nada: todo el mundo rompió a reír, excepto un señor, sentado dos asientos a mi izquierda, con guayabera, cara de aburrido y el discreto aspecto de esos agentes de la inteligencia cubana, que asisten a los conciertos para escuchar e informar.

Y aquella vez, Con El abuelo Paco, tampoco hizo falta explicaciones. Todos en el teatro aplaudieron convencidos de que estaba dedicada Fidel Castro. La canción se refiere a un viejo malas pulgas, recalcitrante y cascarrabias, opuesto a cualquier cambio, renuente a cualquier idea diferente a las suyas, al que es muy peligroso contradecir. ¿A quién más se podía parecer?

Luego, en el concierto en Miami, cuando introdujo El abuelo Paco, el público lo aplaudió y Pedro Luis con una sonrisa muy suya, entre lo pícaro y lo cómplice, comentó con la frase: “Bueno, al que le sirva el sayo, que se lo ponga”, a lo que se le podría agregar que a buen entendedor con pocas palabras bastan.

La anécdota de Pedro Luis Ferrer se ha repetido de alguna u otra manera, con sus matices, con otros cantautores cubanos que vienen a Miami y se enfrentan a un tipo de periodismo al que no están acostumbrados. Aunque luego, en honor a la verdad, en el teatro se vuelven más explícitos, más extrovertidos, menos “preservativos”, para utilizar un témino del propio Pedro Luis.

Así ocurrió con Carlos Varela. Cuando lo entrevisté me definió de manera muy ingeniosa la realidad cubana de hoy: “Los cubanos no quieren el pan, quieren la panadería”. Para ser justos, en un momento de su concierto, el autor de Retrato de familia y Guillermo Tell, gritó “¡Viva Cuba libre!” Y el teatro se vino abajo en vítores y aplausos.

Un poco más acá, el cantautor Polito Ibáñez apareció en el programa El espejo, que conduce Juan Manuel Cao en América Tevé. Polito había llegado a Miami por los días en que el cantante Robertico Carcasés estaba en la mirilla de las autoridades culturales cubanas, y Silvio Rodríguez mediaba para que no le suspendieran sus actuaciones. En una presentación en La Habana había pedido su derecho a comprar un carro, a elegir directamente a su presidente, libertad para María –nunca dijo quién era ella– y para (por si las moscas) a los cinco héroes (del español espías), presos en Estados Unidos.

En la entrevista Cao, quien presentó como rebelde y un tipo buena gente al autor de Sombras amarillas, lo invitó a cantar una canción para su amigo Robertico Carcasés, o a dedicarle alguna en el concierto que iba a dar por esos días. Ibañez eludió la respuesta con argumentos muy similares al movimiento de una verónica, ese pase clásico y elegante con el que el torero se para de frente, y evita la arremetida del pobre toro, ya condenado a muerte de antemano. En un castellano más común a eso le dicen “pasarse con ficha”, una expresión cubana que define el humillante e imperdonable error de los pésimos jugadores de dominó que tienen una ficha y olvidan ponerla en juego. También se utiliza para los que evitan dar una respuesta concreta.

Muchas de estas interpretaciones son el resultado de tantos años de censuras y de tener cuidado con lo que se dice o lo que se piensa en Cuba. Los cubanos se han vuelto sutiles, dados a las segundas y terceras lecturas en cualquier cosa, hasta en las canciones populares. Ni el mismo Silvio Rodríguez pudo escapar de este fenómeno: durante mucho tiempo se pensaba que Ojalá (“…pase algo que te borre de pronto, ojalá por lo menos que te lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre…”) se la había compuesto a Fidel Castro.

Así ocurrió también con Ese hombre está loco, de la rockera Tanya. Agua de coco, de Monte de Espuma, se interpretaba como una alusión a la escasez de alimentos, y Nos estamos quedando solos, de Arte Vivo, se convirtió en una suerte himno de los balseros que emigraron a la base de Guantánamo en agosto de 1994. Hasta María Cristina (“me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente…”) , la famosa guaracha de Ñico Saquito, sirvió alguna vez para referirse con sorna y disimulo a Fidel Castro.

Hace unos años, días antes que llegara a Miami, le pregunté al salsero cubano Paulito FG si le gustaría compartir el escenario con algunos de los cantantes cubanos residentes en Miami, especialmente con Manolín, con quien llevaba una falsa controversia en Cuba. Su respuesta fue que solo venía a cantar, sin pretensiones de crear polémicas de otro tipo. Ya en la ciudad del sol, la periodista Patricia Arbulú lo presionó un poco en su programa de GenTV, y Paulito terminó diciendo que durante toda su vida “había creído en el comandante”, refiriéndose a Fidel Castro. Cuando la entrevista se ponía mejor, a falta de un árbitro con una campana cerca, el encargado de sus presentaciones lanzó la toalla, y lo sacó del estudio antes de que la cosa se le complicara más.

El incidente desató el rumor de que se suspenderían las presentaciones, de La Covacha y la discoteca Krystal, y provocó una modesta protesta de la organización de Vigilia Mambisa. Luego en Cuba, Paulito diría que fue víctima de la ambición de publicidad de sus promotores en Miami.

A estas alturas no sé si aquello sirvió para promocionar las presentaciones del salsero cubano o para hacernos ver que existen personas en Miami capaces de abarrotar un centro nocturno para ir a ver un cantante cubano residente en Italia, que dice simpatizar con el legado de los Castro. Quizás esas declaraciones en Minesota o Nueva Dehli no tengan un gran significado, pero en Miami lastiman mucho.

¿Fue sincero? Eso habrá que preguntárselo después, ahora sería como perder el tiempo. Creo que habrá que esperar para saber si dijo la verdad. Al menos hasta que no haya necesidad de que Silvio Rodríguez tenga que mediar por un cantante al que pretendan censurar por pedir que liberen a María. Algo por allá todavía no anda bien, cuando los artistas tienen que seguir ejecutando verónicas para evitar una cornada.• 

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