Revista Viernes

Venus in Fur: la nueva seducción de Polanski

V enus in Fur ( La Vénus à la fourrure) acude a la gran magia y poder de la escena para atraparnos en el foro de un teatrito de París, con solo un par de personajes. Otra cualidad, la gran elegancia del filme, se instaura desde el estupendo dolly-in de créditos, avanzando por un boulevard bordeado de pinos bajo lluvia y relámpagos, que evoca un cuadro impresionista. La música cantarina de Alexandre Desplat que acompaña el paisaje nos conduce hacia el misterio de lo que veremos tras las puertas de un viejo teatro.

Roman Polanski, el célebre cineasta polaco que solo con Chinatown hubiera pasado a la historia de los grandes, es el responsable de esta pequeña obra que adapta la pieza teatral de Broadway del dramaturgo David Ives, quien aquí funge como guionista junto a Polanski. Pero son los actores los verdaderos dueños del espectáculo, Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner (esposa de Polanski); él es grandioso, ella es milagrosa.

Seigner es la parlanchina y revoltosa Vanda, que, mojada por la lluvia, irrumpe en la platea del teatro para presentarse a una audición de La Venus de las pieles, del decimonónico autor austriaco Leopold von Sacher-Masoch –cuya obra acuñó el término masoquismo. Ninguna aspirante es hasta ahora competente para el papel, tal es el sentir del director teatral. Tampoco esta mujer bastante ordinaria que ha traído sus vestuarios en bolsos y las letras del personaje en la memoria. Pero una sorprendente mutación, ocurrida en el escenario, convierte a la caótica mujer en la real Wanda von Dunajew.

Amalric es Thomas, el adaptador de la obra, quien le hace la réplica a esta especie de diosa de las tablas y se contagia con su embrujo. El encantamiento va in crescendo con estos dos encerrados en esta atmósfera intimista interpretando y reescribiendo pasajes de la obra teatral. Entre un continuo entrar y salir de sus personajes, él se somete a ella adoptando los roles de esclavo y dominatrix, creando un intelectual juego de seducción y erotismo que borra fronteras para colocarse en terreno ambiguo en el que ya no sabemos qué es realidad y qué es fantasía.

Una vez más el arte de las tablas y el de las imágenes en movimiento se hermanan, como los clásicos teatros filmados. En los créditos, la Venus en el espejo, de Tiziano, entre otras pinturas renacentistas cierra el espectáculo con broche de finísimo gusto. Polanski, con sus 80 abriles, nos ha vuelto a seducir con esta joyita hermosa y extravagante.• 

  Comentarios