Revista Viernes

The Purge: Anarchy: nueva purga en las calles

La nueva purga de la mano de James DeMonaco viene con vertiginosa huida, ahora en las calles de Los Angeles. En contraste a la que inició la secuela, The Purge, un año atrás, que se desarrollaba por completo en el interior de una casa fortaleza, con una familia aterrorizada, aquí salimos al exterior, donde en la noche de la purga ha quedado desamparado un grupo de personas buenas y sencillas, mientras las malas acechan con sus caretas del Joker, sus bates, o incluso uniformadas de fuerzas especiales, para sacar a las calles sus instintos homicidas, amparadas en la legalidad de una noche.

La idea de la purga, que se introducía en la primera parte, es indudablemente buena aunque absurda. Imaginar que una sociedad decrete un día al año para que los hombres desahoguen su lado siniestro y pensar que al día siguiente van a volver a sus familias, sus trabajos y sus vidas, convertidos en angelicales ciudadanos, es una total fantasía, pero la premisa, desde el punto de vista dramático, tiene el motor que hace falta para echar a andar decenas de terroríficas historias –de hecho el propio lapso cíclico de esta tradicional purga invitaría a anuales secuelas.

Ya sabemos en línea general qué veremos: nuestros candorosos protagonistas tendrán durante 12 terribles horas que protegerse de otros gélidos personajes que atacarán y matarán, solo esperamos a ver cómo DeMonaco adapta la idea a esta nueva purga anárquica. La particularidad es que estas víctimas no han podido llegar a casa y han quedado a merced de la noche más terrorífica del año: una joven pareja (Zach Gilford y Kiele Sánchez), a quienes les sorprende la hora de la purga en un auto que se niega a avanzar; una madre (Carmen Ejogo), junto a su hija adolescente (Zoe Soul), son sacadas a rastras de su domicilio, y el héroe del grupo (Frank Grillo), un agente que busca venganza y deviene sin querer en salvador de esta humanidad que simbolizan cuatro ciudadanos.

Un elemento interesante es la evidente pugna y segregación de clases –el que tiene dinero se salva– reflejado en la imaginativa secuencia final, que muestra una particular purga “VIP” de los pudientes de la sociedad, variante escalofriante de la caza entre humanos. Más eficaz dramáticamente que su antecesora, la novedad que trae este nuevo espectáculo de horror son modos más sofisticados de matar. • 

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