Revista Viernes

A Summer’s Tale: bucólico cuento de juventud

Persiste en la memoria de A Summer’s Tale (Conte d'été, su título original), la pegajosa melodía que ha compuesto a la guitarra el protagonista del filme, La fille du Corsaire, encantadora canción que viene a tono con la atmósfera de una playa de la Bretaña francesa, que habla de una filibustera, barcos y mares del mundo. El filme, que escribe y dirige el célebre cineasta, narrador y figura de la Nouvelle Vague Eric Rohmer (conocido por sus películas en series), es uno de sus cuentos de las “cuatro estaciones” que llega por primera vez a las pantallas de Estados Unidos en el Teatro Tower del MDC.

Al balneario de Dinard viene a veranear el exestudiante Gaspard (Melvil Poupaud), que ha quedado en reunirse allí con su amiga sentimental, Léna (Aurélia Nolin). Baños de mar y de sol y la compañía de otras muchachas llenan las jornadas de Gaspar (días que van mostrándose como un diario en la pantalla) y los 113 minutos del metraje. En el relajante ambiente costero conoce a Margot (Amanda Langlet), una estudiante que trabaja en el descanso canicular como camarera de un cafetín de la playa. Y a través de ella conoce a su amiga, la desenvuelta Solène (Gwenaëlle Simon) con la que comienza un espontáneo romance. El panorama se complica con la llegada de la que faltaba, la novia Léna.

En un ligero flirteo del pretendido y omnipresente Gaspard con cada una de ellas transcurre la trama. El encantador muchacho se ve envuelto en una maraña de escarceos espirituales y tentaciones carnales con estas chicas y le será difícil tomar partido por alguna. Pero en realidad da igual la decisión que tome; el argumento se arma de continuas conversaciones triviales –da la impresión de que podrían ser estas u otras–, sostenidas por un cuarteto de personajes que pasean y conversan en un ambiente natural, y esto es en esencia el filme, esta especie de compleja levedad de las relaciones amorosas en una estación del año y de la vida.

El filme es plácido y lánguido como unos ociosos días de verano. Rohmer le añade la pátina visual con sus elaborados y luminosos planos, y un paseo en velero en el que los personajes cantan la hermosa canción marina al acordeón llena de bucólico aliento su cuento estival. • 

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