Teatro

Cuba a través de mi lente y Havana Forever dos visiones de la Cuba reciente

-Vista de La Habana desde el castillo de El Morro.
-Vista de La Habana desde el castillo de El Morro.

La Habana es inagotable. A pesar de los muchos libros de fotografías que se han publicado sobre ella, la ciudad parece estar dispuesta a abrirse a nuevas exploraciones. Desde su descubrimiento y fundación ha sido imán para aventureros. Hoy éstos pueden encarnar en un fotoperiodista puertorriqueño, Ismael Fernández Reyes, quien vio La Habana por primera vez en 1989, cuando llegó a cubrir un pequeño torneo de baloncesto y se quedó para captar la histórica visita del entonces presidente soviético Mijail Gorbachov. Del romance de Fernández Reyes con la isla, que luego se lanzó a descubrirla toda en visitas posteriores, sale el libro Cuba a través de mi lente (Editorial Plaza Mayor).

Havana Forever (University Press of Florida), con más de 200 fotografías tomadas por el arquitecto norteamericano Kenneth Treister, es otro magnífico libro sobre la capital cubana publicado recientemente. Más que un aventurero, Treister es un adelantado. En 1947, cuando era estudiante de high school, llegó por primera vez a La Habana como uno más de tantos miamenses que entonces vacacionaban en la isla. En 1958, ya casado, regresó para descubrir una ciudad en la que el bullicio del conflicto social y político --confundido con su música de "paraíso bajo las estrellas''-- no dejaría de asombrarlo.

En 1997, el arquitecto y escultor volvió armado con una cámara y durante 10 días tomó fotos desde el amanecer hasta que la luz ya no favorecía su lente. De regreso en Miami se unió con el arquitecto, historiador y profesor de la Universidad de Miami, Felipe Préstamo, --ya fallecido-- y con el profesor de Arquitectura del Broward College, Raúl B. García, para construir un material de referencia extraordinario sobre La Habana.

Treister quedó prendado del planeamiento urbanístico de la ciudad, de sus portales sombreados, de sus hileras de columnas infinitas, de sus bondades para con el peatón, de sus amplias avenidas, como la de los Presidentes en el vecindario del Vedado --que "blow my mind'', según confiesa el arquitecto. También se enamoró de lo que llama sus ‘‘ciudades jardín'', del mismo Vedado y de Miramar. Retrató sin descanso los edificios coloniales de La Habana Vieja, sus frescos patios poblados de vegetación y sus vitrales de medio punto. Pero, como a Fernández Reyes, lo que más le llegó fueron los rostros de los habaneros, su desconocimiento de la timidez, la manera en que llevan consigo su ciudad incluso aunque estén ausentes.

"Tomaba una foto de un balcón en el que estaba parada una mujer'', cuenta Treister. ‘‘De momento, ella se va, y pienso que no quiere salir en la foto; al minuto regresa con un sombrero rojo puesto para posar para la cámara''.

Fernández Reyes comparte una anécdota parecida. En la calle Obispo, una señora y su hija transportaban un cake, cuando él se detuvo a ajustar el lente antes de tomar la instantánea. Entonces se apresuraron a sonreír sin hacer preguntas. "¡Intenta eso en la Quinta Avenida de Nueva York!'', reta el fotorreportero, quien con la publicación de este libro celebra 30 años de carrera con El Nuevo Día, desde que a los 19 años decidió seguir los pasos de su padre, Ismael Fernández Pacheco, uno de los periodistas más respetados de Puerto Rico, ya fallecido.

"Lo maravilloso de Cuba es que es un mundo congelado en el tiempo, un paraíso para los fotógrafos'', comenta Fernández Reyes, que se deja cautivar por los detalles arquitectónicos y por las esquina habaneras, pero también explora el campo, la economía agrícola y los bohíos derruidos por los huracanes.

En dos décadas, el fotoperiodista ha podido captar en imágenes los vaivenes de la vida social en la isla. El impresionante interior de la Catedral de La Habana sin feligreses a finales de los años 80; el despertar del fervor religioso con la visita del Papa Juan Pablo II en 1998. Los cubanos que miraban con deseo las vidrieras de las tiendas exclusivas para extranjeros, donde hoy ya pueden entrar y pagar con dólares.

Camino a Camagüey, Fernández Reyes tomó la foto que eligió para la portada del libro y que considera una metáfora de la isla de Cuba. "Parece un barco flotando en el mar, rodeada de alambres de púas'', dice de la imagen de una humilde casa en que una madre y su hija estudian a la luz de un candil. Afuera, el agua de lluvia empozada se refleja como si fuera una inundación. En la visión optimista del fotógrafo, la luz podría ser más potente que el diluvio.

Treister también indica que el propósito de Havana Forever es promover la restauración de "una ciudad dinámica y orgánica, llena de monumentos que han resistido el tiempo''.

"Es un libro de memorias sobre una ciudad bella y romántica'', afirma el arquitecto --hoy retirado-- quien abrió su firma en 1968 en Miami y en los momentos cruciales de su carrera dice haber tenido hasta 50 colegas cubanos.

El detallado recuento de la labor del arquitecto y paisajista francés Jean Claude Nicolas Forestier en el planeamiento de los jardines y paseos de La Habana, las comparaciones con el Parque de María Luisa en Sevilla y el Güell en Barcelona como fuente de inspiración para soluciones arquitectónicas habaneras, y a la vez la explicación de los mensajes que enviaban las damas decimonónicas cubanas con "su lenguaje del abanico'' demuestra que Havana Forever ve más allá de los ojos del turista. Es un retrato de la vida cultural de la capital cubana a través de los siglos.*

Ambos libros se pueden adquirir en la librería Universal de Miami. Para más información de ‘Cuba a través de mi lente', www.editorialplazamayor.com, y para ‘Havana Forever', www.upf.com y Amazon.com, además de Books and Books y otras grandes librerías.

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