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Teatro Bellas Artes, 32 años con las puertas abiertas

Mireya y Ronnie González, dueños del Teatro Bellas Artes aseguran que las temporadas de ‘Un balsero en París’, ‘Mamá viene de Cuba’ y ‘Midnight Follies’ garantizan los llenos de la sala.
Mireya y Ronnie González, dueños del Teatro Bellas Artes aseguran que las temporadas de ‘Un balsero en París’, ‘Mamá viene de Cuba’ y ‘Midnight Follies’ garantizan los llenos de la sala. el Nuevo Herald

Con tres frases “mágicas” – “qué bueno”, ‘cuánto me alegro’ y ‘tú te lo mereces’– la empresaria cubana Mireya González ha logrado mantener vivo su negocio durante más de tres décadas. Un récord envidiable por tratarse del teatro, una de las empresas más riesgosas dentro del mundo del entretenimiento.

“Basta decir esas frases para ganarse a la gente. El resto es trabajar duro, respetar el criterio de los creativos y confiar en ellos”, dijo González a el Nuevo Herald desde el Teatro de Bellas Artes, una de las pocas salas hispanas que ha logrado sobrevivir bajo la misma administración durante 32 años ininterrumpidos, sin cerrar sus puertas.

González confesó que no se considera artista. Pero su experiencia de tantos años lidiando con directores, productores, actores y escritores le ha desarrollado un olfato especial para adivinar cuál espectáculo podría funcionar sobre las tablas, “aunque al final todo depende del público, porque a veces pones obras maravillosas y nadie viene...”.

Teatro de Bellas Artes está ubicado en la avenida 22 del suroeste de Miami y la calle 8. Cuenta con 254 butacas, 8 camerinos, vestíbulo y cafetería.

Por su escenario han pasado comedias, dramas, zarzuelas, conciertos de música lírica y popular y espectáculos de transformistas al estilo de Midnight Follies, que está en cartelera desde hace 26 años.

“Fue todo un riesgo porque al principio aquí no abundaban los shows de este tipo en español. Pero salimos airosos”, señaló González, que recuerda a Sarita Montiel, Olga Guillot y los Estefan entre las celebridades que lo aplaudieron.

Las presentaciones de Nati Mistral y Norma Leandro, una semana después de que su película La historia oficial ganara el Oscar, en 1986, figuran en los momentos memorables del teatro.

Antes de embarcarse en la aventura teatral la empresaria y su esposo, Manuel “Tito” González, fallecido en el 2012, eran dueños de La Ceiba, una ferretería situada en Flagler y la avenida 52, que respaldó la sala durante los 10 primeros años.

“A nosotros siempre nos gustó el teatro, y como nuestros hijos Renny y Ronnie, despuntaban como actores, a finales de 1982 compramos el antiguo Teatro América, que antes se llamó Repertorio Español, para que ellos tuvieran un espacio propio donde actuar”, rememoró la empresaria.

Teatro de Bellas Artes se inauguró el 14 de febrero de 1983 con la comedia Lucy, dirigida por María Julia Casanova y protagonizada por Manolo Coego (padre), Lucy Pereda, Carlos Grillone y los hermanos González, entre otros. Estuvo un año en cartel.

“No nos importó el riesgo. Sólo queríamos que los muchachos siguieran en el arte”, evocó la dueña, que conoció a su esposo cuando trabajaban en la ferretería Calvo y F. Viera, de La Habana.

La pareja se casó en 1956 y llegó a Miami en 1960. Tras ellos vino Andy, el mayor y único de sus cuatro hijos nacido en la isla, con su abuela materna.

Andy se dedica al negocio de exportación e importación, Renny es dueño de cuatro franquicias del restaurante Latin American Grill, Jorge administra la Ciudad de Bal Harbor y Ronnie es publicista y jefe de operaciones del teatro.

González perdió la cuenta de las temporadas más exitosas que ha presentado en Bellas Artes. Pero no olvida que Néstor Cabell y su compañía de revistas llenaron la sala durante 15 años, y que como Las Carbonell de la Calle Obispo “estuvo año y medio en cartelera, Marcos Casanova tuvo que escribirle una segunda parte, Las Carbonell de la Villa Jabón Candado”, por demanda popular. También alude al éxito de Zarzuelerías –en coproducción con La Sociedad Pro Arte Grateli–, Los marqueses de Tamarindo, Recuerdos de Tulipa, La jaula de la locas, Filomena Martínez, Fresa y chocolate y decenas de títulos más.

“Ahora funciona mucho más la comedia”, dijo la empresaria al referirse a la acogida de Qué sería de mi tía si no viviera en Hialeah, Un millón por la rosa de mi esposa, Un balsero en París (I y II) y Mamá viene de Cuba. “La gente está muy estresada y quiere reírse”.

Su hijo Ronnie la acompaña en el recorrido por el teatro, cuyo remozamiento costó alrededor de $200 000.

“Es una inversión muy difícil de recuperar. Pero es el mejor regalo que puedo hacerle a mi madre, después de haberse sacrificado tanto”, expresó el menor de los González, de 43 años, que, desde pequeño aprendió “a resolver sin dinero cualquier problema que se presentaba en la sala”.

“En la historia de Bellas Artes jamás hemos recibido ninguna subvención de nadie. Si el teatro se mantiene abierto es por lo que recauda en taquilla”, agregó el publicista, formado en el Miami Dade College y FIU, tras aseverar que los gastos mensuales del negocio “se acercan a los $12 000” y “un minuto de publicidad en la radio, en horario estelar, cuesta $600”.

González destacó que la sabiduría de sus padres, “que eran muy buenos negociantes”, fue clave en el entendimiento con los artistas.

“Al principio la gente se preguntaba qué hacían unos ferreteros comprando un teatro. Y hoy pienso que esa duda fue la mayor motivación que los impulsó a seguir adelante”, precisó el jefe de operaciones, tras afirmar que “si ellos se hubieran dedicado a presentar obras de Shakespeare el teatro no estaría abierto”.

González se enorgullece de haberle abierto las puertas a las producciones Esperando la carroza, Travesuras conyugales, Taxi, más de dos son multitude, Tres y El crédito.

“Complacer al público es muy dificil. Todo está en encontrar el balance. Nadie imagina lo que cuesta mantener una temporada más de tres semanas”, agregó el ejecutivo, al tiempo que anuncia el estreno de Pinocho y un ciclo de talleres de actuación para niños, a cargo de la Sociedad Actoral Hispanoamericana.

Por su parte, la matriarca de Bellas Artes sostiene que mientras tenga fuerzas no piensa retirarse.

“No sé tejer ni cocinar. Tampoco me gusta trabajar en el jardín”, confesó Mireya. “Para mí el teatro es como una terapia y una manera de mantener mi mente activa”.

Teatro de Bellas Artes. 305-325-0515/www.teatrodebellasartes.com

@arturoariaspolo

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