Teatro

‘Corona de amor y muerte’, ingenio, imaginación y talento

Carlos Bueno, David Ponce, Diana Zapata y Eslover Sánchez-Baquero.
Carlos Bueno, David Ponce, Diana Zapata y Eslover Sánchez-Baquero.

En 1937, recién comenzada la Guerra Civil española, el dramaturgo asturiano Alejandro Casona (1903-1965) parte al exilio. Deambula por varios países, entre ellos México y Cuba, hasta que se asienta en Argentina, país donde escribe y estrena parte de sus obras más conocidas: Prohibido suicidarse en primavera, La dama del alba y Corona de amor y muerte (1955), entre muchas otras. No es arriesgado decir que el cuerpo central de su obra lo escribió en el exilio, desarrollando un estilo que lo identificaría, donde el conflicto y la confrontación entre las partes involucradas en la acción mueven el péndulo hasta la catarsis, siempre en la búsqueda de la felicidad, en la realización de los sueños y en el amor como fuerza impetuosa, mezclando realidad y fantasía, crudeza y poesía.

En Corona de amor y muerte, Casona retoma un tema histórico, la trágica muerte de Inés de Castro. El Príncipe Pedro, heredero de la corona de Portugal está comprometido a casarse, un enlace político, con la infanta Constanza de Castilla y con ese fin ella viaja a Coimbra. Pero resulta que Pedro se había casado en secreto con Inés, tenían tres hijos, y no está dispuesto a dejarla. Dice el propio Casona en la introducción de su pieza que hasta el momento de escribirla, solo en el plano teatral, obviando otras manifestaciones artísticas, se habían escrito 44 versiones de la tragedia de Inés, y que la suya sería la 45. Y aclara: “Pocos temas han inquietado tanto la fantasía de novelistas y dramaturgos como este de la pasión, muerte y, transfiguración de Inés de Castro”. En Miami Corona de amor y muerte se ha representado varias veces. Quizás la que más se recuerde sea la que montó María Julia Casanova (1916-2004) en 1981 en su Sala Teatro La Danza con Aurora Collazo como Inés y Evelio Taillacq como Pedro. Según me cuenta el gran actor Jorge Ovies, la obra estuvo en cartelera año y medio a teatro lleno. “Y cuando aquello las funciones eran de jueves a domingo, con doble función los domingos”, me recalca Ovies. Ahora Juan Roca se dio a la tarea de montar esta pieza, en versión de Verónica Rivas, y lo ha conseguido, como siempre con mucho ingenio, mucha imaginación y mucho talento, además de contar con estupendos actores.

Lo primero que sorprende es la muy hermosa escenografía que ha elaborado Roca, quien también se ocupó del vestuario y las luces. Reproduce el Salón del Trono del palacio del rey Alfonso –que hasta puente levadizo tiene, no faltaría más–, un trono tan original que nada tendría que envidiar a los de la serie Juegos de Tronos. En los laterales del pequeño escenario hay dos espacios que cumplen diversas funciones, pero principalmente la morada de Inés de Castro. La obra comienza, después de un breve preámbulo, cuando el rey Alfonso (David Ponce) conversa con el Maestre (Eslover Sánchez-Baquero) sobre el inminente arribo de la Infanta Constanza (Diana Zapata). Más tarde aparece el Príncipe Pedro (Carlos Bueno) en el hogar de su amada Inés de Castro (Tamara Melián) y su sirvienta Amaranta (Cindy Pérez Solla). El ambiente tenso se nota desde el principio un entrechocar de intereses que deriva en confrontaciones, cada vez más fuertes, sobre todo en el segundo acto, que mantienen vivo el interés del público.

David Ponce brinda un rey enérgico, cuya única meta es forzar el matrimonio del heredero de la corona para fortalecer la alianza entre España y Portugal. Aunque también destaca en los momentos en que parece débil y aflora la ternura. Eslover Sánchez-Baquero da el guerrero fiel en un papel bien difícil por los diferentes registros que presenta. Convincente, veraz, y dicho sea de paso, magistralmente maquillado por Adela Prado. Cindy Pérez Solla hace una sirvienta inolvidable. Fue uno de los papeles que más disfruté, sufrida, testaruda, trágica, pero sobre todo muy divertida. Diana Zapata da una Infanta, pedante, prepotente, acostumbrada a salirse siempre con la suya, pero que en un momento culminante sabe derrumbarse hasta el llanto. Una gran actuación. Carlos Bueno y Támara Melián como los amantes condenados a la tragedia, despiertan simpatía. Bueno muy visceral en el segundo acto, en el tenso duelo verbal con el rey y en el final. Támara, qué decir de Támara, borda su personaje con gran delicadeza, hace brillar cada detalle y domina los matices. Para premio. He dejado para el final al niño Miguelangel Echeverri como Juan, uno de los hijos de Inés y Pedro. Con apenas 9 años y mucho texto que memorizar, derrocha naturalidad, ternura y sencillez. Su mano a mano con David es para verlo dos veces. O tres.

Corona de amor y muerte es, en resumen, una magnífica oportunidad para ver buen teatro. Havanafama Teatro Íntimo. 4227 SW 75 Ave. Miami, 33155. Viernes y sábados 8:30 PM. Reservaciones: 786-262-4014.

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