Teatro

‘Estaba en casa y esperaba que llegara la lluvia’: Un universo femenino ligado a una ausencia

Zully Montero, Beatriz Valdés y Yani Martín
Zully Montero, Beatriz Valdés y Yani Martín

El escritor, actor y dramaturgo francés Jean-Luc Lagarce (1957-1995), a pesar de que murió joven, escribió más de 20 piezas teatrales, algunas de las cuales estrenó en vida, aunque con muy poco o ningún éxito. Su reconocimiento comenzó, como demasiadas veces ocurre, después de su desaparición física y en la actualidad es uno de autores franceses más representados. En 1994, un año antes de su muerte, ya muy enfermo y sabiendo que se aproximaba su fin, escribe Estaba en casa y esperaba que llegara la lluvia (J’étais dans ma maison et j’attendais que la pluie vienne) que ahora presentan el Miami Dade County Auditorium y ARCA Images en una producción de Alexa Kuve, dirigida por Larry Villanueva.

Ese sentimiento de pérdida ronda la vida de cinco mujeres encerradas en una casa de campo donde aguardan la llegada del único hombre de la familia –el hijo, el hermano, el nieto–, que partió hace años. No se sabe con exactitud por qué se fue, al parecer el padre lo echa de la casa –se insinúan muy sutilmente los motivos–, y durante su ausencia se habla de él, se rememoran sus acciones, se especula, porque nunca llegaron noticias suyas. Un día, sin aviso, regresa, pero se desmaya en la entrada de la casa sin decir una palabra, nunca recupera el sentido. Lo acomodan en su habitación del segundo piso, la misma que ocupaba antes de partir, y allí muere. La obra comienza con un largo monólogo de una de las hermanas, La Mayor (Yani Martín), donde las primeras palabras dan título a la obra y más que cualquier anécdota que se cuente, que cualquier descripción, lo que prevalece es la palabra, el regodeo en la palabra –algo característico de la obra y en general del teatro de Lagarce–, al extremo de que parece un poema lo que se escucha. Una poética que se va reiterando, a veces para aclarar un concepto, otras para oscurecerlo o dar una explicación diferente, otra variante de la soledad. Es inevitable que la trama por un lado evoque Esperando a Godot –Beckett e Ionesco son dos influencias señaladas en la obra de este autor– y por el otro, el mundo cerrado y claustrofóbico de La casa de Bernarda Alba de Lorca. Son confluencias con cauces propios porque aquí, de alguna manera, Godot llega y no hay luto sino aceptación.

La obra resulta compleja, muy larga, discursiva, repetitiva y nada realista en algunos parlamentos, a pesar de una primera impresión. Tiene a su favor un estupendo trabajo de luces de Pedro Balmaseda y de sonido, diseño del propio director de la obra. El momento del arribo del hermano representando los pasos acercándose con círculos de luces, apoyados por efectos sonoros es, sencillamente, sobrecogedor, de lujo. La escenografía y vestuario de Pedro Balmaseda y Jorge Noa, deslumbrante y funcional, aparte de que muy hermosa, le permite a Villanueva darle movimiento a una obra que, salvo un par de momentos álgidos, es casi estática.

Pero, sin dudas, lo más destacado en esta obra es el trabajo de dirección de Larry Villanueva que se ha rodeado de un grupo de excelente actrices, encabezado por Zully Montero y Beatriz Valdés. Montero en el personaje de La Más Vieja, como venida ya de todos los desastres, con una bota de cuero al cuello –a cada rato se da su traguito–, aporta la serenidad del que ha vivido mucho y una ternura que se respira. Tiene uno de los monólogos más logrados de la obra. La experimentada Valdés como La Madre es la leona que cuida a sus crías y las protege. Derrocha carisma, vitalidad y mucha energía. Laura Alemán como La Segunda y Alina Robert como La Más Joven, son las otras dos hermanas. Una habla de su vestido rojo, de sus escapadas al pueblo, de sus aventuras amorosas. La otra se lamenta del tiempo perdido, de cómo se les ha ido la vida entre aquellas paredes pendientes del regreso del hermano, que vuelve, sí, pero para morir, sin haber aclarado nada de dónde estuvo, lo que hizo o de lo que le pasó en todos esos años. Las tres hermanas se desenvuelven con naturalidad en sus difíciles papeles. En conjunto, ilustran un universo femenino ligado a una ausencia. No sé si en ese mar de palabras que se entrecruzan se llega a comprender qué pretendía el autor.

Estaba en casa y esperaba que llegara la lluvia. MDCA On Stage Blackbox. 2901 W. Flagler Street, Miami. Jueves, viernes y sábado: 8:00 PM; domingos: 2:00 PM. Reservaciones: (786) 327-4539.

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