Teatro

 ‘Maneras de llevar el corazón por fuera’, una puesta con actuaciones magistrales

Raúl Durán e Ysmercy  Salomón en una emotiva escena.
Raúl Durán e Ysmercy Salomón en una emotiva escena.

El director teatral Alberto Sarraín tiene una merecida fama de controversial en esta ciudad; no solo porque también hace teatro en La Habana, sino porque tanto las obras que escoge como sus montajes se salen de lo común, y a veces incomodan de alguna forma al espectador. Quiere que este no solo disfrute de la función, sino que se cuestione ideas, sentimientos, situaciones de una manera a veces hiriente, dolorosa. Todo menos la indiferencia, el aburrimiento, la conformidad.

En su más reciente puesta Maneras de usar el corazón por fuera, de Yerandi Fleites, joven autor residente en Cuba que ha recibido numerosos premios, Sarraín alcanza posiblemente su trabajo más ambicioso, más complejo, más difícil de apreciar por el público. Sin embargo, a pesar de que la obra es larga e intrincada, con constantes rupturas de sistema y puntos de giro, el público no deja de seguirla, y al menos en la noche del estreno en Havanafama, el 9 de agosto, nadie se marchó en el intermedio, ni siquiera al final, pues todos querían felicitar a los actores, al director, y al autor, que se encontraba de visita desde la isla.

Este triunfo se logra porque Sarraín ha contado con un equipo actoral de grandes ligas. La trayectoria de todos y cada uno de los que participan es digna de aplauso y su profesionalismo y talento permite a la compleja puesta salir airosa y recibir una ovación de pie. La obra juega con entradas y salidas del texto, el teatro dentro del teatro, siguiendo de cerca ‘El chino’, de Carlos Felioe, en la que se inspira, pero la lleva un paso más allá con evidentes referencias al teatro de Pirandello. Anecdóticamente se han hecho cortes y ajustes en los personajes de Felipe. Por ejemplo, ahora Sergio es el director de teatro que monta la obra, mientras que Palma, que vive en Miami y es la que paga a los actores que recrean la obra/historia, evoca un poco a la Clara Sahanassian de La visita de la vieja dama, de Durremat.

Sorprende que una obra escrita y premiada en Cuba sea tan audaz en las cosas que dice y refleja, aunque es preciso recordar que otros autores cubanos de la isla también se han atrevido a alzar la voz y en su momento pagaron con ostracismo sus audacias, como Arrufat, Milián y Virgilio Piñera.

Sarraín, que acaba de cumplir sus 70 años, es un experimentado teatrista que ha sabido llenar su montaje de inferencias, intertextualidades y hasta un tácito homenaje a la puesta que hiciera Dumé de ‘El Chino’ en 1989, con el uso de abanicos.

Cada actor merecería un largo párrafo por su labor extraordinaria, pero debo ser breve. Por orden de aparición: Araina Begue es la válvula de escape de la obra con su personaje de Alameda; alegre, atrevida y para colmo, con una bella voz que sabe lucir cuando canta en solitario. Joel Sotolongo conmueve con su Santizo, el violinista trágico. Ysmercy Salomón tiene el papel más largo y complejo, incluso con constantes cambios de vestuario; pero la actriz pasa la prueba con colores de excelencia. Por momentos recuerda a María Félix, nada menos. Su trabajo es una clase magistral. Voz, expresión corporal, matices, intensidad, todo utilizado con una autenticidad poco común. La sigue de cerca, como Sergio, Héctor Alejandro González. Un papel de peso, pues le toca la responsabilidad de las salidas y entradas de la representación dentro de la representación. Cristóbal Javier González brilla como El Chino, un chino cubano de guapita y guayabera, que en su momento se va a su piyama roja y su abanico. Raúl Durán es José el Mexicano, y su papel es uno de los más difíciles, sobre todo en su monologo en anti clímax hacia el final, donde a pesar de todo el drama experimentado, logra sacar risas al público. Por último Micheline Calvert como Renata la Silenciosa, se gana el corazón de todos, especialmente con su monólogo.

Aplausos especiales para la escenografía de Ileana Pérez Drago, las luces de Juan Roca, el maquillaje de Adela Prado y la dirección musical de Reidel Bernal.

Le comenté a Sarraín al final que aunque nadie se había aburrido, consideraba que algunos cortes podrían hacer la obra más comprensible y ágil, porque es tanto lo que se ofrece, lo que hace pensar, que llega un momento en que uno puede sentirse saturado, como cuando se come mucho de algo que a uno le gusta. No sabría por donde cortar, lo confieso, pero quizá todos los monólogos deberían ser más breves, ya que por su propia estructura, detienen la acción. Mi opinión; pero esto no quita que sea una obra muy meritoria que propone muchas lecturas, plantea muchos problemas y una puesta brillante con actuaciones de lujo. No se lo pierda.

‘Maneras de llevar el corazón por fuera’, en Havanafama hasta el 8 de septiembre. 4227 SW 75th Ave, Miami, FL 33155. Reservaciones: (786) 262-4014.

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