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Bush rechaza la sucesión de Raúl Castro

El presidente estadounidense George W. Bush exhortó hoy a la comunidad internacional a crear un fondo multimillonario que contribuya a la transición democrática en Cuba, y aseguró que Washington mantendrá el embargo mientras que el régimen de Fidel Castro conserve el monopolio político y económico sobre los ciudadanos de la isla.

En un discurso de dura retórica y abierto rechazo a una sucesión de poder con la figura del gobernante interino Raúl Castro, Bush afirmó que Estados Unidos no respaldará ‘‘el cambio de un dictador por otro'' ni dará cabida a "una nueva tiranía'' en virtud de la estabilidad en la isla.

"No apoyaremos al antiguo sistema con nuevas caras, sostenido por nuevas cadenas'', aseveró el mandatario durante su intervención en el Departamento de Estado. "La palabra clave de Estados Unidos no es estabilidad, es libertad''.

Con relación al Fondo para la Libertad de Cuba, Bush dijo que ha orientado a la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y al Secretario de Comercio, el cubanoamericano Carlos Gutiérrez, para que trabajen en colaboración con otros gobiernos democráticos y organizaciones internacionales, y fortalezcan el proyecto de cara al futuro desarrollo de la isla.

Pero aclaró que el dinero sólo podrá liberarse una vez que el gobierno cubano cumpla con las condiciones de libertad de expresión, pluralismo político, excarcelación de los presos de conciencia y elecciones libres.

El Fondo serviría para mitigar la deuda de los cubanos y desarrollar el país bajo un sistema democrático.

En su intervención de 30 minutos, Bush pronosticó que "se avecina una nueva era para Cuba'' y recomendó a los cubanos que lleven en su corazón el refrán de una conocida canción de Willy Chirino: "Nuestro día ya viene llegando''.

"Ha llegado el momento para unirnos con el pueblo cubano y para que el mundo aparte sus diferencias y respalde una transición democrática en Cuba'', manifestó el presidente, que elogió la solidaridad brindada en estos años por países como Hungría, Polonia y la República Checa.

Bush recomendó que los gobiernos del mundo democrático usen sus embajadas en La Habana para dar acceso a los cubanos a la internet y a publicaciones con información abierta, así como a que insten a las prganizaciones independientes de sus países para que contacten a los representantes de la naciente sociedad civil dentro de la isla.

Bush recordó que Estados Unidos es el país que más ayuda humanitaria entrega al pueblo cubano, con unos $272 millones anuales.

Indicó que el meollo de la política estadounidense hacia Cuba es que la ayuda vaya a manos del pueblo sin pasar por el control del régimen castrista, y defendió la iniciativa de otorgar licencias a organizaciones no gubernamentales y grupos religiosos para que lleven computadoras y promuevan el libre acceso a la internet en la isla.

También mencionó invitar a jóvenes cubanos para que se unan al programa de becas abiertas a la juventud latinoamericana, si es que el régimen lo permite.

Una parte fundamental de su discurso estuvo dedicada a los disidentes y los presos políticos cubanos. En la audiencia se encontraban familiares de cuatro opositores encarcelados y sentenciados a largas condenas durante la llamada Primavera Negra de marzo del 2003: Ricardo González Alfonso, Jorge Luis González Tanquero, Omar Pernet Hernández y José Luis García Paneque.

"Los disidentes de hoy serán los líderes de mañana y seguramente, cuando llegue esa hora, se acordarán de quienes los acompañaron en los momentos difíciles'', acotó Bush, quien mencionó también a los disidentes presos Oscar Elías Biscet, Normando Hernández y Omar Rodríguez Saludes.

Y concluyó con un llamado a la reconciliación y un mensaje para los militares activos, la policía y los funcionarios del gobierno.

"Si Cuba va a entrar en una nueva era, tiene que buscar vías para reconciliarse y perdonar a aquellos que han sido parte del sistema pero que no tienen las manos manchadas de sangre. Ellos son también víctimas'',enfatizó el presidente.

Con relación a los órganos represivos y los funcionarios gubernamentales, Bush dijo que había un lugar para ellos en una nueva Cuba, y les sugirió que en el momento en que ‘‘los cubanos se pongan de pie'' no respondan con la fuerza de las armas, sino abrazando los deseos de cambio de sus compatriotas.

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