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Florece el mercado negro de casas en La Habana

Cubanos aguardan para tomar el transporte público en La Habana.
Cubanos aguardan para tomar el transporte público en La Habana. AP

Virtualmente cada pie cuadrado de esta capital es propiedad del estado socialista, y todo parecería indicar que éste pondría todo tipo de obstáculos a la compra y la venta de propiedades.

Pero resulta que los habaneros están tan obsesionados con los bienes raíces como, digamos, los neoyorquinos lo están con los condominios, y tienen sueños similares de tener más espacio, sin mencionar sus deseos de contar con agua caliente, baños propios y techos que no goteen.

Y aunque aquí no existe el siglo XXI, hay un próspero mercado negro en casas y apartamentos que ha dado origen a agentes (ilegales), especuladores (también ilegales), y estafas (que van desde hacer pasar una casa en ruinas por una mansión de ensueño hasta cancelar un negocio en el momento del cierre y quedarse con el dinero).

El negocio en su totalidad es típicamente cubano: socialista en apariencia, pero en realidad un mercado negro que combina drama y dinero, a veces hasta $50,000. Actualmente, dicen los que saben, los precios están aumentando ya que la gente trata de poner las manos en las propiedades históricas, anticipando el momento en que la propiedad privada pueda regresar a Cuba.

Oficialmente, la compra y la venta de propiedades están prohibidas. Pero la isla padece una escasez crítica de viviendas a pesar de la construcción patrocinada por el gobierno, y eso ha llevado a muchos cubanos a subdividir sus hogares, a menudo deteriorados, o cambiar su vivienda por otra, en el viejo negocio conocido como permuta.

Algunas de esas transacciones de viviendas son sencillas. El gobierno lo permite, siguiendo la pista a cada una para llevar un récord actualizado de la localización de cada cubano. Muchas de estas actividades, sin embargo, son ilegales e incluyen la permuta para un lugar mejor o menos bueno, con uno de los dos individuos compensando con dinero y el otro renunciando a una propiedad mejor.

Una película de 1983, titulada Se permuta, muestra lo complejo que el sistema puede ser: una madre tratando de que su hija se aleje del novio que no aprueba, organiza un enrevesado cambio de propiedades. Por supuesto, el negocio, que habría involucrado una docena de personas y llevado a madre e hija de un pequeño apartamento a una espaciosa casa de la época colonial, termina en un desastre, lo mismo que el entrometimiento de la madre en la vida amorosa de su hija.

"Es algo muy cubano'', dijo Juan Carlos Tabío, que escribió la historia y dirigió la película, refiriéndose al sistema de permutas de viviendas en su país. "No hay suficientes casas y las familias no pueden comprarlas. Por eso las intercambian''.

Tabío no tiene experiencia personal cambiando de casa porque ha vivido en el mismo espacioso apartamento del tercer piso en el elegante barrio del Vedado desde 1957. Muchos, si no la mayoría de los cubanos, viven en la misma vivienda que sus familias poseían antes de la revolución; otros han recibido asignaciones del estado.

Pero casi todos los cubanos están pensando en cómo mejorar sus residencias o conocen a alguien que está metido en ese proceso laberíntico.

He aquí como funciona: imagínese un matrimonio con dos hijos y otro en camino que encuentran que su apartamento de dos dormitorios en el histórico barrio de la Habana Vieja es muy pequeño. ¿Qué pueden hacer?

Bueno, con la ayuda de un agente conocido como corredor comienzan por localizar a un hombre soltero del campo que esté buscando mudarse venir a la capital. Podrían hacer arreglos para que el recién llegado se mude a un pequeño apartamento en el barrio chino y mudar a sus residentes --que también tienen una casa en Miramar donde vive su anciana abuela-- a una unidad en el primer piso que buscaban en Centro Habana. Ese apartamento está disponible porque los residentes se divorciaron, así que la ex esposa se iría a la casa del soltero en el campo, cerca de donde sus padres viven, mientras que su ex esposo iría para la Habana Vieja. La familia de la Habana Vieja que comenzó todo este proceso se dirigiría entonces a la casa de sus sueños en el espacioso y tranquilo Miramar.

¿Suena complicado? Lo es. Y el gobierno añade más obstáculos tratando de regular los cambios con una gran variedad de formularios y estipendios, así como inspecciones de la propiedad en cuestión para asegurarse de que sean aproximadamente del mismo valor.

Todos los cambios tienen que ser aprobados por el gobierno, pero los cubanos dicen que dándole dinero a los burócratas aumentan las posibilidades de que cambios de propiedades desiguales --como aquellas que involucran dinero y llevan el estigma de un ansiado capitalismo-- sean reprobados.

Ocasionalmente las autoridades cubanas descubren las maniobras, pero encuentran que tales cambalaches son difíciles de controlar.

"Es algo que la gente no debe hacer, pero lo hacen, y sabemos que sucede todo el tiempo'', dijo José Luis Toledo Santander, profesor de derecho y miembro de la Asamblea Nacional de Cuba.

Las permutas ocurren a la vista de todos. Bajo la mirada vigilante de un policía, cientos de personas se reúnen todos los sábados bajo los sárboles del Prado, una de las principales avenidas de La Habana. Algunos portan letreros de cartulina describiendo sus unidades: los barrios, el número de dormitorios y si tienen patio, garajes, agua caliente, baños privados y abastecimiento de gas. Las viviendas menos deseables usan tanques de gas para cocinar y requieren que los residentes compartan los baños con otros que viven en el mismo lugar.

Ricardo Aguiar, de 65 años, que vive en un apartamento de dos dormitorios en el modesto barrio de Marianao con su esposa, hija, yerno y nieta, está buscando un lugar más espacioso en el Vedado, un área popular cerca del centro de La Habana.

"Va a ser difícil'', dijo. "Yo acabo de empezar la búsqueda, pero hay personas que buscan durante años y luego algo no sale bien y nunca se mudan'', dijo.

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