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Guardacostas investigan bote a la deriva

El Servicio Guardacostas avistó el bote de pesca de 38 pies a la deriva esta semana en el Estrecho de la Florida, con su tanque de 300 galones seco.

Los dos individuos que iban en el barco dijeron que dos mujeres en bikinis los convencieron para que fueran de paseo con ellas, ocho días antes. Todos tomaron cerveza, y cuando despertaron de su estupor las mujeres no estaban allí y ellos estaban en medio del mar.

Dos semanas antes, el Servicio Guardacostas encontró tres hombres en un barco de 50 pies que les dijeron que su localizador satelital (GPS) se había roto y temían que el barco los había llevado a aguas territoriales cubanas.

Los hombres les dijeron que se habían desviado de su misión, que era llevar el barco, un Sea Ray de $645,000, a Cancún, México, para entregárselo al dueño.

Los guardacostas no creyeron ninguno de los dos relatos.

Los individuos mencionados, todos cubanos, fueron transportados al Centro de Detención del Condado Monroe, arrestados bajo cargos de delito grave por robo de mayor cuantía.

Jennifer Johnson, una portavoz del Servicio Guardacostas, dijo que la presencia de barcos robados en las aguas de entre los Cayos y Cuba puede deberse a varias cosas, pero ‘‘frecuentemente es contrabando''.

El dueño registrado del barco de 38 pies es Ned Timmer, de Michigan; el de 50 pies es de Peter R. Daniels, de Pinecrest. Ambos dueños dicen que se los robaron.

El relato del barco de pesca deportiva, según la policía de Broward y el Servicio Guardacostas, es el siguiente:

El martes, un avión del Departamento de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP) avistó el bote a la deriva, unas 46 millas al sur de las Marquesas, un grupo de islas cercanas a Cayo Hueso. El escampavías Shamal, del Servicio Guardacostas, respondió y descubrió el barco de lujo de 38 pies, valorado en $370,000, sin gasolina. Ya se había reportado que se lo habían robado.

A bordo estaba Víctor Figueredo, de 48 años, de Naples, y Carlos Viera, de 24 años, de Miami. Les dijeron a los guardacostas en español que eran buenos amigos. Pero ni siquiera sabían mutuamente sus apellidos.

Viera y Figueredo dijeron que estaban en un muelle de Naples y que se les acercaron dos muchachas en bikinis, llamadas Brittany y Amanda. Les preguntaron si querían pasear cerca de Marco Island en un bote cuyo dueño, llamado David, era amigo de ellas.

Viera dijo que las jóvenes hablaban español, y que todos tomaron cerveza Heineken. Figueredo dice que hablaban en inglés, y que la cerveza que tomaron era Corona. Los dos les dijeron a las autoridades que estuvieron a la deriva en el mar durante ocho días. En el barco se encontraron cinco botellas de Gato-rade de 16 onzas, pero ninguna botella o lata de cerveza, ni abridores ni recipientes de comida vacíos. Había dos bolsas de papas fritas, varias bolsas de galletas y varias latas de salchichas, todas sin abrir.

En el barco también había un manual y un mango para un GPS portátil, pero faltaba el artefacto. Timmer, el dueño del bote, dijo que aquello no era suyo. "Es rutinario que los contrabandistas tiren al mar sus localizadores en cuanto ven barcos de patrulla'', dice el informe.

Timmer ya había reportado que su bote, que puede alcanzar velocidades de 63 millas por hora con un motor Mercury triple de 300 caballos de fuerza, se lo habían robado el 15 de mayo de la residencia de una de sus amistades en Cape Coral.

Pero Daniels, el dueño del yate deportivo Sea Ray, no sabía que su bote se lo habían robado de una marina de Coral Gables hasta que le avisó el Servicio Guardacostas, que quería saber si él le estaba pagando $6,000 a tres hombres para que llevaran el barco a Cancún.

Daniels dijo que no tenía idea que el barco estaba en el Estrecho de la Florida.

En él iban José Castromán, de 41 años, de Hialeah, FErnando Fernández, de 36 años, un ayudante de qui-ropráctica de Miami, y José Gil, de 41 años, un camionero independiente de Miami.

Según ellos, trataron de hacerle señales al escampavías de patrulla porque se desviaron accidentalmente hacia aguas cubanas porque no funcionaba el localizador. Temían que un barco de los guardacostas cubanos pudiera estarlos siguiendo.

Fernández y Gil dijeron que habían conocido al dueño, a quien conocían solamente como "Peter'', cinco días antes, cuando él estaba llenando el tanque de 400 galones en Miami.

Durante ese encuentro casual, dijeron ellos, el dueño les pidió que llevaran el bote a Cancún, y que les pagaría $2,000 por adelantado y $4,000 cuando se lo entregaran en Cancún a un individuo llamado Francisco. Ellos dicen que Peter, sobre el cual no tenían dato informativo alguno, los engañó.

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