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Policía griega enfrenta a manifestantes por tercer día seguido

Las escuadras antimotines libraron el martes escaramuzas con manifestantes después del funeral de un adolescente cuya muerte a manos de la policía desencadenó los peores disturbios en décadas en Grecia.

Los policías dispararon gases lacrimógenos para dispersar grupos de jóvenes que arrojaban piedras y palos e incendiaban cestos de desperdicio. No se informó de heridos en los choques que comenzaron en las afueras del cementerio y se propagaron a un distrito cercano.

Decenas de residentes locales se congregaron en las calles para gritar a la policía que dejara de disparar gases lacrimógenos en esa zona residencial.

Unas 6.000 personas asistieron al funeral el martes y aplaudieron cuando los restos de Alexandros Grigoropulos, de 15 años, fueron transportados desde la iglesia en un féretro blanco cubierto de flores.

Cientos de adolescentes apedrearon y chocaron con la policía el martes frente al Parlamento antes del funeral.

El líder socialista George Papandreu reclamó elecciones anticipadas, aduciendo que el gobierno conservador no puede defender al público de los amotinados.

El gobierno tiene la mínima mayoría de una banca en el Parlamento de 300 escaños y los partidos de la oposición atribuyen a una política permisiva haber permitido los peores disturbios en el país en décadas.

"El gobierno no puede manejar esta crisis y ha perdido la confianza del pueblo griego", dijo Papandreu.

Las circunstancias que rodean la muerte del joven no están claras, pero los dos policías involucrados han sido arrestados; uno fue acusado de asesinato y el otro como cómplice. El informe de un forense indica que el joven recibió un balazo en el pecho.

Las escuelas y universidades de toda Grecia estaban cerradas y cientos de maestros, disertantes universitarios y estudiantes se manifestaban en el centro de la capital. En Tesalónica, la segunda ciudad griega, la policía chocó con anarquistas tras una marcha de protesta.

Los comentaristas dicen que la creciente hostilidad de los jóvenes griegos hacia la autoridad es alimentada por el descontento público por los bajos salarios, los frecuentes escándalos de corrupción y una arraigada desconfianza del gobierno debido a conmociones políticas en el pasado.

"Es muy sencillo: queremos que caiga el gobierno. La muerte de este chico fue la gota que rebasó el vaso", dijo Petros Constantinou, un organizador del Partido Socialista de los Trabajadores, tras una manifestación de protesta en el centro de Atenas. "Este gobierno quiere que los pobres paguen por todos los problemas del país -nunca los ricos- y mantienen a raya a quienes protestan mediante la opresión policial".

"Todos les han fallado a nuestros hijos... Todos los días veo que los estudiantes se tornan más hostiles hacia nosotros y las figuras de autoridad", dijo Christos Kittas, quien renunció como decano de la Universidad de Atenas cuando los disturbios se extendieron a los predios universitarios.

El ministro del interior insistió en que la policía protegió vidas humanas, y el primer ministro Costas Karamanlis dijo que no habrá clemencia con los amotinados.

"Nadie tiene derecho a usar este trágico incidente como coartada para acciones de violencia brutal, para acciones contra gente inocente, su propiedad y la sociedad en general, y contra la democracia", dijo después de una reunión de emergencia con el presidente Karolos Papulias.

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