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La Virgen y la Ermita, símbolos de 50 años de fe para cubanos en Miami

Nunca antes se habían congregado más de 30,000 cubanos fuera de la isla. Pero el 8 de septiembre de 1961 los exiliados acudieron al estadio Bobby Maduro de Miami para celebrar el Día de la Caridad del Cobre. Era un encuentro de gente pobre que venía a orar por la libertad de su país, los familiares que habían dejado atrás y un incierto futuro de prosperidad en tierra ajena.

Entonces, se hizo el milagro.

Minutos antes de comenzar la misa, un grupo de hombres entró cargando sobre sus hombros una réplica de la imagen de la Patrona de Cuba que un joven católico había logrado sacar clandestinamente ese mismo día de la isla. La ola de júbilo iluminó la noche.

“Fue algo espectacular verla entrar, todo el mundo se puso de pie, aplaudieron y gritaban ‘¡Viva la Virgen de la Caridad! ¡Viva la Virgen de la Caridad! ¡Abajo el comunismo!’”, recordó Pedro Luis Pérez, uno de los tres sacerdotes cubanos que organizaron la misa auspiciada por la Arquidiócesis de Miami. “Creímos que era un aura especial del Señor, un mensaje de que pronto regresaríamos a Cuba”.

Este jueves se cumplen 50 años de aquella jornada. Los cubanos protagonizaron una de las mayores historias de éxito entre los inmigrantes de Estados Unidos y cambiaron el perfil étnico y cultural del sur de la Florida. La imagen de la Virgen de la Caridad traída de la parroquia de Guanabo reposa frente al mar en una ermita que se ha convertido en un símbolo de la fe católica para miamenses de todas las nacionalidades.

La ceremonia comenzará a las a las 6:30 p.m. en el BankUnited Center de la Universidad de Miami, 1245 Dauer Drive, Coral Gables. Luis Gutiérrez Areces, el joven que trajo la imagen de Cuba encabezará la procesión de ofrendas. Hoy tiene 74 años. Como símbolo de la continuidad de un legado religioso y cultural lo acompañará un estudiante del Colegio Jesuita de Belén, una de las canteras intelectuales del catolicismo cubano que también cumple medio siglo de su apertura en Miami.

Monseñor Agustín Román, obispo auxiliar retirado de la Arquidiócesis de Miami y primer rector de la Ermita de la Caridad, afirmó que la llegada de la imagen fue el acontecimiento fundacional del catolicismo hispano en el sur de la Florida. Hasta entonces, recordó, no había servicios católicos en español.

“La Iglesia de Miami se dio cuenta de que la predicación de las misas debía comenzar a hacerse en español y empezó a colocar sacerdotes hispanos en las distintas parroquias para servir a esta feligresía”, comentó Román, de 83 años. “La misa demostró la gran devoción de un pueblo que, buscando libertad, abandonaba su patria dejándolo todo menos el amor a la Madre Celestial”.

Desde 1959, aproximadamente un millón de exiliados ha mantenido esa devoción en Estados Unidos. Entre los primeros en arribar a Miami, a finales de 1960, estuvo Gina Nieto. Entonces de 34 años, Nieto llegó con su ya difunto esposo Tarsicio y sus hijos Lourdes y Manuel, de 4 y 13 años, respectivamente. Con sus pocos recursos, la familia alquiló un pequeño apartamento cerca del downtwon. Allí, unos vecinos les informaron que el arzobispo Coleman Carroll había convocado a los cubanos a congregarse para celebrar una misa en español en honor a la Virgen.

“Pensé que seríamos un grupo pequeño porque no teníamos idea del número de católicos cubanos que vivían aquí en ese momento”, relató Nieto, hoy de 85 años, en Pembroke Pines. “Cuando vimos la cantidad de personas nos quedamos maravillados. No sabíamos de dónde habían salido tantos cubanos”.

Nieto no ha olvidado la emoción que sintió cuando vio llegar la imagen en andas, rodeada de flores.

“Nos quedamos todos asombrados, la emoción fue inmensa, la gente gritaba, lloraba”, precisó. “Nos sentimos como más protegidos”.

Dos meses antes de la misa había llegado a Miami el padre Armando Jiménez Rebollar. En esa época, era uno de tantos sacerdotes cubanos que tuvieron que huir de la persecución contra los católicos emprendida por el gobierno de Fidel Castro. Le había pedido a su madre en Cuba que buscara la forma de enviarle la réplica de la imagen de la Virgen que él había encargado a un ebanista para su parroquia en Guanabo, al este de La Habana.

Amigos de la familia de Jiménez, fallecido en el 2008, contactaron al propietario del periódico El Mundo, Amadeo Barletta, quien a su vez solicitó la ayuda de la Embajada de Italia en La Habana. La embajadora envió una limosina a buscar la imagen, que fue luego entregada a Elvira Jované de Zayas, encargada de negocios de la Embajada de Panamá.

Allí se encontraba asilado Gutiérrez, entonces de 24 años. Miembro de la resistencia contra Castro, Gutiérrez llevaba más de seis meses en espera de un salvoconducto para salir de Cuba. Casualmente, el salvoconducto le fue aprobado por el gobierno el 6 de septiembre. Al día siguiente, Jované de Zayas le entregó la imagen.

Gutiérrez recordó que Jované de Zayas le dijo que en el aeropuerto de Miami unas monjas esperarían por él.

“Al salir de la embajada me la dieron en un maletín de lona azul que me puse sobre las piernas y dije: ‘Si me la quitan, me tienen que matar’”, comentó.

El 8 de septiembre, alrededor de la 1 p.m., embarcó para Miami en un vuelo de Pan-American. Sus familiares lo esperaban, pero no las monjas. A toda prisa, salió con la imagen para la Iglesia de Saint Patrick, en Miami Beach, donde se celebró el bautizo de su hija que aún no conocía. Al final del bautizo, llamó al hijo de Barletta, quien recogió la imagen.

A las 7:30 p.m., media hora antes de comenzar la misa, la Virgen fue vestida, coronada y rodeada de flores. Salió al estadio justo a tiempo.

“Muchos cubanos estaban un poco desorientados en Miami y queríamos darles un mensaje de esperanza”, subrayó el padre Pérez, de 84 años. “Creíamos que la Virgen podría darles esperanza”.

Después de la misa, la imagen comenzó un recorrido por los campamentos de la Operación Pedro Pan en la Florida. Este programa de la Iglesia Católica trajo a Estados Unidos 14,000 niños y adolescentes a inicios de la década de 1960. Los padres habían decidido enviarlos para que escaparan al adoctrinamiento comunista. También existía el temor de que las autoridades castristas privaran a las familias del derecho de patria potestad.

Este año los festejos tienen otra connotación especial, ya que inician la cuenta regresiva del año jubilar 2011-2012 por los 400 años del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad, en las aguas de la Bahía de Nipe, en la actual provincia oriental de Holguín.

Según declaraciones de testigos que se conservan en el Archivo General de Indias, en Sevilla, la imagen fue hallada en 1612 por dos monteros indígenas y un niño de raza negra cuando flotaba sobre una tablilla que tenía inscrita su advocación: “Yo soy la Virgen de la Caridad”.

La figura de 14 pulgadas de alto fue llevada al poblado montañoso del Cobre, mayoritariamente habitado por esclavos con tierras propias, quienes comenzaron a prosperar con rapidez. La emancipación de estos esclavos en 1800 (86 años antes de la abolición oficial) fue atribuida a la intercesión de la Virgen, acrecentando la popularidad de su culto.

El historiador cubano Salvador Larrúa, señaló que en los albores del siglo XVIII, la Virgen se había convertido en la principal devoción religiosa de los cubanos y en el supremo símbolo de la identidad católica en la isla. Agregó que esta advocación de la Virgen María también fue la divisa de los luchadores por la independencia. La primera versión de la bandera cubana fue confeccionada con la tela del dosel del altar de una imagen de la Virgen de la Caridad que se veneraba en la casa de Carlos Manuel de Céspedes, gestor de la primera guerra independentista.

“La inmensa mayoría de los cubanos creía firmemente, apoyados en la tradición de la libertad de los esclavos, que la Virgen les daría la independencia”, observó Larrúa, autor de decenas de libros sobre la Iglesia Católica en la isla.

El 10 de mayo de 1916, el Papa Benedicto XV declaró a la Virgen como Patrona de la República de Cuba. Una década más tarde, se inauguró el Santuario Nacional de la Virgen en el Cobre, donde reside la imagen original, punto de obligada peregrinación de los católicos cubanos.

“En el exilio, la Ermita de la Caridad es el punto de reunión de todos los cubanos’’, dijo. “En definitiva, tanto los católicos como las personas con religión afrocubana van a la Ermita”.

La iniciativa de la construcción de la Ermita de la Caridad del Cobre correspondió al arzobispo Carroll, quien el 8 de septiembre de 1966 hizo un llamado a los exiliados a fin de que levantaran un lugar de culto para la imagen traída de la isla. Su actual rector es el padre Juan Rumín Domínguez.

“Quiero aprovechar esta ocasión para sugerir, mejor dicho, para apremiar, a los fieles cubanos de la Diócesis a que erijan un santuario en Miami: el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre”, dijo Carroll en su homilía. “La Diócesis de Miami, en el día de hoy, se compromete a ayudar sustancial y activamente en este proyecto”.

La arquidiócesis donó el terreno aledaño al Hospital Mercy, en Miami. En 1967, Román fue nombrado director espiritual de la Ermita y la imagen fue trasladada desde la Iglesia San Juan Bosco, en La Pequeña Habana, una de las parroquias preferidas por los devotos cubanos.

Según Román, desde el principio comenzaron a peregrinar grupos de los 126 municipios de Cuba. Se formó un comité de recaudación de fondos y se edificó una capilla provisional. Los feligreses contribuían con lo que podían en medio de su penuria.

“Eran sacos y sacos de centavos que había que llevar al banco diariamente, porque si se juntaban dos o tres días no había quien pudiera cargarlos”, precisó Román.

En diciembre de 1973 se terminó la construcción de la estructura central del templo, ampliada en 1996. Tres años después, se construyó el aledaño Salón Padre Félix Varela. Las obras finalizaron en el 2002. Para esa fecha la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos había elevado a la Ermita al rango de santuario nacional.

“Eso demuestra la importancia que tiene el santuario en la vida diaria del exilio”, señaló el abogado cubanoamericano Rafael Peñalver, uno de los activistas laicos que ha permanecido ligado a la Ermita durante décadas. “Lo increíble es que se haya logrado eso en tan poco tiempo y contra ciertas mareas políticas que no querían que surgiera un símbolo tan poderoso en el exilio que pudiera hasta cierta forma contrastar con la agenda de la Iglesia en Cuba”.

A lo largo de estos años, la Ermita ha contado con la infatigable labor de los miembros de la Archicofradía de la Virgen de la Caridad, una de las primeras instituciones religiosas fundadas por la Iglesia en Cuba. Estos servidores laicos diariamente acogen a los visitantes y a los nuevos feligreses, entre ellos cientos de devotos no cubanos.

Desde el éxodo del Mariel hasta la batalla por retener la custodia del niño Elián González a principios de esta década, la Ermita ha sido el centro de los principales hitos del exilio. En palabras de Román, el santuario ha servido como un “muro de los lamentos” para los cubanos.

Para el padre Juan Sosa, ex secretario de Román y párroco de la Iglesia St. Joseph, en Miami Beach, la Ermita se convierte en la casa del cubano que viene a visitar la Virgen y cargar las baterías de su identidad religiosa y nacional.

“Es un espacio al margen de las estructuras culturales que permite a los fieles despojarse de sus rangos en la sociedad para caminar unidos con otros una jornada espiritual, convocada por todo lo que la Virgen de la Caridad representa para sus devotos”, dijo Sosa. “Representa el abrazo de Dios con el pueblo cubano”.

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