Pobres en el Paraíso

Comisión de Miami busca poner orden en las ventas de garage

De acuerdo con Domingo López, quien vende artículos usados frente a su casa en La Pequeña Habana unas tres veces por semana, el viernes por la tarde un inspector del departamento de códigos municipales le advirtió que debía retirar toda la mercancía del jardín.
De acuerdo con Domingo López, quien vende artículos usados frente a su casa en La Pequeña Habana unas tres veces por semana, el viernes por la tarde un inspector del departamento de códigos municipales le advirtió que debía retirar toda la mercancía del jardín. El Nuevo Herald

Unas tres veces por semana Domingo López saca al jardín de su vivienda en La Pequeña Habana decenas de camisetas, faldas, pantalones, libros y juguetes que vende por entre 50 centavos y $3.

López, de 48 años, dijo que con el dinero que gana compra algo de comida, café o cigarros, y que la mayoría de la mercancía la encuentra en la calle o se la regalan otras personas.

“La gente viene porque sabe que vendo barato, llevo años haciendo esto”, dijo López el viernes. “Algunas veces vienen sin dinero y les regalo la ropa o los juguetes a los niños”.

El caso de López se repite por los barrios de gente de bajos ingresos en Miami, que han hecho de las tradicionales ventas de garaje una forma de entrada adicional de dinero.

Pero los comisionados municipales dicen que el asunto se ha salido de control y ahora buscan regularlo.

El jueves la Comisión aprobó cambios a una ordenanza municipal sobre las ventas de garaje, que incluye la eliminación del costo de $28 por un permiso, y agrega una multa de $50 para aquellos que organicen más de dos ventas por año. Entre otras penalidades: un dueño de casa que realice una venta de garaje sin el permiso apropiado no podrá solicitar un permiso en un año.

Las personas que vivan en un edificio multifamiliar deberán obtener la aprobación del dueño de la propiedad antes de solicitar un permiso para ventas de garaje.

El comisionado Wifredo “Willie” Gort, quien propuso los cambios, dijo que también se implementará una campaña en los barrios para avisar a los residentes sobre las nuevas medidas. El próximo paso será enviar a los agentes de cumplimiento de códigos de la Ciudad para hacer cumplir la ley.

Gort dijo que las regulaciones buscan mejorar la calidad de vida, ya que ha recibido quejas de residentes que opinan que las ventas permanentes afean los barrios y causan problemas de estacionamiento. También declaró que esperaba que la eliminación del costo por los permisos incentive a los residentes a obtenerlos.

“Creo que la mayoría de las ventas de garaje en Miami son ilegales, porque muchas veces las personas no saben que necesitan el permiso”, declaro Gort. “Tradicionalmente eran algo que tu hacías para la limpieza de primavera, y vendías las cosas que ya no te servían, pero ahora en algunos lugares parece un mercado”.

Sin embargo, López y otros vendedores habituales opinaron que las reglas son muy estrictas y dijeron que en cierta forma sus ventas son una especie de servicio comunitario.

“Lo que los políticos no entienden es que hay gente que no tiene dinero ni para comprar en tiendas de tercera, como Goodwill, y vienen aquí porque consiguen un pantalón y una camisa por un dólar”, declaró López, mostrando un tiquete con la palabra Goodwill y $4.99 colgado de un abrigo que él estaba vendiendo por $1.

“Además, no creo que es justo que la Ciudad tenga el derecho de regular lo que yo hago dentro de mi propiedad”.

Rosa Páez, una clienta de López, contó que visita las ventas de garaje porque puede encontrar cosas baratas para enviar a sus familiares en Cuba.

“Mucha gente vende muy barato y uno se remedia”, dijo Páez. “No se puede ir al centro comercial porque todo está caro. A veces hasta en los <span class="italic">thrift stores </span>(tiendas de segunda mano) te quiere vender carísimo”.

De acuerdo con López el viernes por la tarde un agente del departamento de códigos municipales llegó a su casa y le advirtió que debía retirar toda la mercancía del jardín.

“Me dijo que si volvía y yo aun tenía cosas colgadas en la cerca me daría una multa”, contó. “Ahora no se que voy a hacer con todo esto”.

Un sábado cualquiera en barrios como La Pequeña Haití, La Pequeña Habana o Allapattah, es posible encontrar ventas de ropa usada, cacerolas, coches para bebés y hasta electrodomésticos en jardines y en las esquinas.

Algunos puestos de venta también incluyen objetos nuevos, algo que es prohibido por las reglas municipales.

Varias personas entrevistadas por el Nuevo Herald el sábado mostraron un permiso de vendedor ambulante que les da derecho a vender artículos usados, según dijeron.

Mariluz Alonso, quien cuenta con uno de esos permisos, vendía el sábado frente a su vivienda rentada en La Pequeña Habana zapatos, ropa y un par de coches para bebés.

Alonso, de 60 años, dijo que entiende que la licencia de vendedora ambulante le exige moverse de un lugar a otro con su mercancía, y que si agentes del orden se lo ordenan no le quedará otro remedio que caminar por el barrio.

“Pero el sol está muy caliente y yo tengo asma, no puedo salir a esta hora”, argumentó Alonso, quien ha vendido objetos usados desde que dejó de trabajar tras un accidente que la dejo deshabilitada.

“Si tienen una nueva ley tengo que cumplirla pero me tengo que buscar mis quilitos honradamente”.

Roberto Sánchez, otro residente de La Pequeña Habana que realiza ventas en el frente de su edificio de apartamentos algunos fines de semana, opinó que no valía la pena obtener un permiso para vender dos veces al año.

“Si me exigen que tengo que sacar una licencia para eso, regalo todo lo que tengo aquí y dejo de vender”, declaró Sánchez, quien lleva un par de años ofreciendo ropa usada, cuadros, juguetes y figuritas de cerámica. “No se hace mucho dinero, llevo cuatro horas hoy y solo he ganado $10”.

María Fuentes organiza una venta cada fin de semana frente a su vivienda cerca de un parque de Miami.

Fuentes vende mesas, sillas, espejos y lámparas. Algunos de los que llegan a comprar a su estacionamiento son coleccionistas de antigüedades que luego revenden los objetos en tiendas.

“Yo entiendo que la Ciudad quiera controlar ciertos lugares en donde no solo se venden cosas si no que la gente se pone a fumar y a tomar allí”, opinó Fuentes, quien compra en otros lados para vender frente a su apartamento. “Pero yo mantengo el lugar limpio y recojo mis cosas temprano”.

El comisionado Gort dijo que no busca desalentar a los residentes de continuar con la tradición de ventas de garaje o patio, sino controlar el abuso de esa actividad.

“Tenemos que dejar claro que en la Ciudad de Miami existen reglas y códigos y que hay que cumplirlos”, declaró Gort.

Este artículo fue publicado originalmente el 29 de abril del 2014.

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