Estados Unidos

No esperen que Trump revierta decisión de Obama sobre política migratoria hacia Cuba

El migrante cubano Denis Gómez, de 45 años, junto a su hija Dalia Caridad, de 4 años, en la ciudad de Panamá. Gómez es uno de los miles atrapados sorpresivamente por la decisión de Barack Obama.
El migrante cubano Denis Gómez, de 45 años, junto a su hija Dalia Caridad, de 4 años, en la ciudad de Panamá. Gómez es uno de los miles atrapados sorpresivamente por la decisión de Barack Obama. AP

Pese a todo el estruendo realizado por los republicanos cubanoamericanos del sur de la Florida en el Congreso, tras la súbita decisión del presidente Barack Obama el jueves de deshacerse de una vieja política estadounidense que favorecía a los inmigrantes cubanos, la probabilidad de que el presidente electo Donald Trump revierta la decisión parece casi inexistente.


Y los legisladores cubanoamericanos parecen saberlo: para el viernes, algunos de ellos admitieron a regañadientes que ni siquiera pretenden pedirle a Trump que restablezca la política de “pies secos-pies mojados”–que permitía a cualquier cubano que llegara a suelo estadounidense, aún sin visa, permanecer legalmente en el país.

“Esto iba a suceder, tarde o temprano: alguna reforma, algún cambio”, dijo la representante Ileana Ros-Lehtinen.

La representante criticó a Obama por hacer un movimiento repentino, “arbitrario”, sin la participación de los legisladores. Pero también predijo que la política no habría durado otro año. “El Congreso habría acabado con ella, la habríamos reformado. Algo tenía que hacerse”, indicó. “Es una pena que no lo hubiéramos arreglado nosotros. ¿Pero hacer esto a una semana de terminar su presidencia?”, cuestionó.

Trump se mantuvo inusualmente silencioso el viernes acerca de la deci sión de Obama, sin decir nada en su plataforma preferida (Twitter) ni a través de su equipo de transición, que no hizo caso de las repetidas solicitudes de comentarios.

El porqué Obama esperó hasta ocho días antes de la inauguración de Trump para hacer un cambio tan trascendental, no queda claro. La Casa Blanca dijo que la razón era simple: había tomado todo ese tiempo negociar un acuerdo con el gobierno cubano para que aceptara a los deportados de los EEUU.

“Para que esto funcionara, los cubanos tenían que estar de acuerdo en aceptar a la gente de vuelta. Y no tuvimos esa indicación de ellos ... Y fue sólo en los últimos años, tras mantenerse el alza en la migración, que entraron en esas discusiones con nosotros”, explicó el asesor de Seguridad Nacional Ben Rhodes a reporteros el jueves.

Pero el cambio de última hora, como los negocios con grandes corporaciones estadounidenses que la Casa Blanca promovió el mes pasado, parece impulsado por la llegada de Trump a la Casa Blanca y la posibilidad de que intente deshacer el mayor legado de Obama en América Latina.

La eliminación del Programa de Parole para Profesionales Médicos y de la política de “pies secos-pies mojados” es “significativa pero el momento escogido, a siete días de dejar la oficina, no muestra valentía”, opinó John Kavulich, director del US.-Cuba Trade and Economic Council, y quien ha criticado a la Administración por no perseguir acuerdos de mayor impacto en la relación bilateral.

No obstante, los demócratas describieron a Trump como acorralado por la decisión de Obama. Oponerse a ella equivaldría a legalizar la inmigración irregular de los cubanos, quienes repentinamente se ven etiquetados, por primera vez en medio siglo, como inmigrantes ilegales.

“¿Va a hacer agujeros en ese gran muro del que hablaba?”, preguntó José Dante Parra, un estratega demócrata de Próspero Latino.

“Es poco probable que Trump revierta el anuncio del jueves: una acción de ese tipo estaría en desacuerdo con las promesas de su campaña de hacer cumplir los flujos migratorios ordenados”, comentó Jason Marczak, Director de la Iniciativa para el Crecimiento Económico de América Latina del Atlantic Council. “Y será una buena noticia para países como México, que han visto una inundación reciente de cubanos que buscan cruzar a Estados Unidos por tierra”, agregó.

Tras semanas sin publicar las cifras oficiales, el Departamento de Seguridad Interna finalmente ofreció este viernes el número de cubanos que llegaron sin visa a Estados Unidos en el año fiscal 2016: 56,406. A lo largo de la oleada migratoria durante los dos años del llamado “deshielo”, la Administración había insistido en que no tenía planes de modificar la política migratoria hacia Cuba, según Rhodes, para no estimular aún más la salida de los isleños.

“Me hubiera gustado haber visto [esta medida] antes, obviamente. Esto ha sido un problema durante un tiempo en la frontera”, dijo el senador Jeff Flake, un republicano de Arizona que ha respaldado la normalización de las relaciones entre EEUU y Cuba y elogió la decisión de Obama. “Esto no soluciona el problema, de ninguna manera, pero debería ayudar mucho”, añadió.

Cualquier acción antes de las elecciones presidenciales habría irritado a los exiliados cubanos y hubiera puesto a la Florida, el estado más grande del país, aún más al alcance de los republicanos, dijo Parra (aunque Trump ganó en el estado, de todas maneras). “Creo que esperaron hasta el último minuto porque habría costos políticos”, opinó. “Pero pone a Trump en un aprieto”.

Sólo el representante cubanoamericano Mario Díaz-Balart fustigó la totalidad de las acciones de Obama. Su fuerte declaración el jueves se tituló, “¿No tiene vergüenza, presidente Obama?” Pero el viernes dijo que no estaba seguro de pedirle a Trump que reestableciera la política de “pies secos-pies mojados”.


Su colega más joven en la Cámara de Representantes, Carlos Curbelo, dijo en cambio que no estaba descontento al ver la política desaparecer, aunque consideró “lamentable” que EEUU le hubiera dado a Cuba exactamente lo que quería.

“Es una lástima que en todos estos años la administración Obama haya estado tan embelesada colaborando con la dictadura castrista y se haya negado en todo momento a comprometerse con los republicanos o demócratas cubanoamericanos en el Congreso”, criticó.

Curbelo y el senador estadounidense Marco Rubio, en particular, fueron muy cuidadosos en su reacción ante la decisión de Obama, dado que ambos legisladores presentaron un proyecto de ley para eliminar la adjudicación automática de beneficios federales a los refugiados cubanos, alegando abusos a la ley.

Esos beneficios son gobernados por el Congreso, como es la ley que permite a los cubanos solicitar la residencia de los Estados Unidos después de pasar 366 días en el país. Pero la revocación de la política de Obama obstruyó efectivamente esas leyes al hacer mucho más difícil para los cubanos permanecer en los EEUU y por lo tanto, calificar para beneficios o residencia.

“La Ley de Ajuste Cubano ha proporcionado a incontables cubanos la oportunidad de escapar de la tiranía Castro”, dijo Rubio en un comunicado el jueves. “Sin embargo, en los últimos años también ha dado lugar a abusos cada vez mayores. Aunque se necesitan algunos cambios, debemos trabajar para asegurar que los cubanos que llegan aquí para escapar de la persecución política, no sean devueltos sumariamente al régimen, y se les dé una oportunidad justa de solicitar y recibir asilo político”, destacó.

Flake manifestó que ha estado discretamente trabajando en un proyecto de ley para eliminar la ley completamente.


Los congresistas mostraron más indignación por la eliminación del programa especial de parole para los médicos cubanos que abandonan las llamadas “misiones”, el cual ha sido un punto de fricción con el gobierno cubano.

En una declaración oficial emitida el jueves, el gobierno cubano calificó el programa de “operación internacional de robo de cerebro promovida por el gobierno de los Estados Unidos” y de “atentado contra las misiones médicas humanitarias y solidarias de Cuba en países del Tercer Mundo”.

Si Trump quisiera apaciguar a los cubanoamericanos republicanos, podría intentar restaurarlo, como sugirió el alcalde de Miami Dade, Carlos Giménez, en una declaración el viernes.

Eso molestaría al gobierno cubano, pero no queda claro qué podría hacer al respecto.

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