Estados Unidos

Creen que no hay cura rápida para la crisis

Ni siquiera $700,000 millones serán suficientes para que Estados Unidos pueda evitar más vicisitudes económicas si el proyectado rescate del gobierno acaba por tener los mismos resultados que otras medidas similares en las últimas dos décadas.

La recuperación de una crisis financiera lo suficientemente seria para que los políticos acudan con camiones llenos de dinero del fisco por lo general tarda tiempo.

Un ejemplo es el rescate federal del sector de ahorro y préstamos en 1989. La Bolsa bajó 12 por ciento en los primeros 14 meses del plan, mientras que la economía entró en recesión en julio de 1990. Los precios de las viviendas, que entonces comenzaban a bajar, siguieron desplomándose tres años más.

No hay muchos motivos para pensar que esta vez sea diferente, especialmente considerando que este rescate financiero está vinculado a activos más difíciles de valorar y ocurre en momentos en que la economía del país está al borde de una recesión, si es que ya no ha comenzado.

"Esto tardará años en desenredarse y será increíblemente complicado'', vaticina el asesor bancario Bert Ely, que ha estudiado extensamente el rescate financierode 1989.

Aunque los legisladores todavía batallan con los detalles del rescate financiero, el plan contempla autorizar al gobierno federal a tomar un préstamo de $700,000 millones para adquirir activos en mora que abruman a los bancos. La mayoría de esos activos son préstamos hipotecarios cuyos dueños no pueden pagar o sencillamente han decidido no pagarlos porque deben mucho más que el valor de sus propiedades. Nadie parece estar muy seguro de lo que valen esos activos, pero el gobierno apuesta a que con el tiempo la situación se estabilice y finalmente puedan venderlos con ganancias.

Mientras el gobierno trata de solucionar el enredo que dejan atrás las entidades de préstamos hipotecarios, es posible que se acumulen otros problemas.

El problema podría hacer aumentar el índice de desempleo si algunas compañías, ante la baja en las ventas y el acceso limitado al crédito, reducen sus plantillas. Eso pudiera llevar a más quiebras bancarias a medida que los propietarios, sin ingresos suficientes, no pueden pagar sus préstamos hipotecarios. Y la mayoría de los expertos cree que todavía hay muchas probabilidades de que la situación en el mercado bursátil y el sector inmobiliario empeore, y que eso a su vez asuste a los consumidores, que ya están bastante espantados.

El gobierno espera que el rescate destrabe el mercado de crédito, pero eso tampoco es seguro, opina Sung Won Sohn, profesor de Economía de la Universidad Estatal de California en Channel Islands.

"Por ejemplo, que un banco de envergadura media sepa que el gobierno federal rescata a Wall Street de la crisis no quiere decir que va a cambiar de actitud repentinamente y empezar a prestar dinero de nuevo'', dijo Sohn.

Eso sugiere que las estadísticas económicas ni siquiera captan algunos daños colaterales, como las pérdidas de oportunidades de préstamos que ocurrirán con los intentos de los bancos de reforzar sus raquíticas cuentas de resultados. Muchos bancos han restringido los préstamos porque ya están nadando en pérdidas y no quieren arriesgarse más.

"La verdadera tragedia es que nunca vamos a saber cuántas empresas se habrían establecido o cuántas se habrían ampliado si no hubiera ocurrido todo esto'', indicó Jonathan Macey, vicedecano de la Facultad de Leyes de la Universidad de Yale.

Macey opina que en el mejor de los casos el país se recuperará en dos años. Macey escribió un libro sobre un rescate financiero en Suecia a principios de los años 90.

Según dijo, en el mejor de los casos Estados Unidos se recuperará en dos años, como ocurrió en Suecia después de que el gobierno invirtió miles de millones de dólares para salvar a los bancos y sostener el mercado de bienes raíces.

Antes que la medicina surtiera efecto, Suecia pasó por una recesión de 20 meses en la que casi 60,000 compañías se fueron a la quiebra, los precios de la vivienda bajaron 19 por ciento y el índice de referencia bursátil bajó 45 por ciento. Después de la resaca, volvieron los buenos tiempos: Suecia ha disfrutado de un crecimiento económico promedio del 3.2 por ciento desde 1994.

El país invirtió 65,000 millones de coronas (unos $10,000 millones de aquel momento) pero recuperó la mayor parte porque compró participación en algunos de los bancos abrumados. El gobierno todavía es dueño de casi 20 por ciento de uno de los bancos y la participación está a la venta. Los legisladores estadounidenses también han debatido si tiene sentido adquirir una participación en algunos de los bancos que el gobierno planea ayudar.

En un panorama más difícil, los resultados del rescate podrían tardar mucho más en observarse, lo que ocurrió en Japón después que el gobierno finalmente intervino en una crisis bancaria y de bienes raíces que comenzó a principios de los años 90.

Para cuando el gobierno tomó medidas en 1997, el problema era de tal magnitud que la recuperación tardó siete u ocho años. La cantidad neta requerida del fisco fue de 18 billones de yenes ($168,000 millones), según la Dirección de Servicios Financieros (FSA).

Esos terribles año se conocen en Japón como la década perdida. Aunque la economía japonesa está más saludable ahora, la bolsa de valores nipona nunca recuperó sus bríos. Y el país todavía tiene unos $9,000 millones de colateral en calidad de propiedades que tiene que vender.

No parece probable que Estados Unidos tenga que esperar tanto por una recuperación porque el gobierno ha tomado medidas mucho más rápido que Japón.

En comparación, Estados Unidospromete rescatar a los bancos sólo 18 meses después que la hipotecaria New Century Financial Corp. se declaró en bancarrota, lo que desató una alarma de que el mercado inmobiliario se afectaría gravemente.

"Algunas medidas son más efectivas que otras para devolver la salud al sistema bancario y contener los daños de la economía'', concluyó el Fondo Monetario Internacional en un estudio de 124 crisis financieras de 1970 hasta ahora.

"Sobre todo, parece que la rapidez con que se tomen medidas es esencial''.

Incluso si el gobierno federal toma medidas con la rapidez suficiente para tener efecto, la clave posiblemente sea calcular el precio correcto a pagar por una gama de inversiones exóticas respaldadas por hipotecas y otros valores cuyo precio no se puede fijar fácilmente.

Entonces el gobierno tiene que esperar que el mercado inmobiliario se recupere para que aumente el valor de los activos adquiridos.

Si todas esas piezas caen en su lugar, el gobierno incluso podría ganar dinero, o por lo menos reducir sus pérdidas al mínimo. Por otra parte, las pérdidas podrían ser enormes si el gobierno juzga mal el valor de esos activos y el mercado inmobiliario sigue abrumado.

"Lo más que podemos esperar es que nos permita ganar tiempo'', dijo Edward Yardenia, que administra su propia compañía de estudios económicos.

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