Estados Unidos

Bush advierte que aún queda mucho por hacer para resolver la crisis

El presidente de EEUU, George W. Bush, advirtió hoy que aún queda mucho trabajo por hacer para resolver la crisis financiera, al término de una cumbre del G20 marcada por la ausencia del presidente electo, Barack Obama.

Al término de la reunión, que concluyó cerca de tres cuartos de hora antes de lo esperado, en torno a las 19.00 GMT, un sonriente Bush, que habló con entusiasmo en algunos momentos, declaró que la cumbre había sido un "éxito'' pero indicó que "queda mucho aún por hacer''.

Bush, que habló durante unos diez minutos y no admitió preguntas, afirmó que uno de los logros principales de la reunión ha sido el establecimiento de principios y medidas para adaptar los sistemas financieros a las realidades del siglo XXI.

''Debemos hacer los mercados financieros más transparentes'' y respondan a una regulación y supervisión adecuadas, sostuvo Bush, que explicó también que los líderes se mostraron de acuerdo en "mejorar la integridad de los mercados financieros'' y aumentar la cooperación entre las autoridades responsables.

Asimismo, agregó, "debemos reformar las instituciones financieras internacionales'', que deben considerar aumentar el poder de voto y la representación de los países en desarrollo.

Inmediatamente después de su declaración, en la sede del Museo Nacional de la Construcción de Washington, el presidente de EEUU regresó a la Casa Blanca para tomar un helicóptero que le llevó a Camp David, la residencia presidencial en Maryland, para un fin de semana campestre.

En el comunicado final, los líderes de las principales economías en desarrollo y desarrolladas se comprometieron a "adoptar las medidas necesarias para estabilizar el sistema financiero'' pero no fijaron un plan coordinado para estimular la economía.

Acordaron continuar sus conversaciones y evaluar los progresos alcanzados en una próxima reunión, probablemente en Londres, no más tarde del 30 de abril, fecha en que Obama ya habrá cumplido cien días en el cargo.

Una de las dificultades que afrontaba la cumbre para lograr resultados concretos era que Bush estaba al final de su mandato.

Los países no querían arriesgarse a tomar grandes decisiones que pudieran revertirse a partir del 20 de enero, cuando Obama tomará posesión de su cargo.

Por ejemplo, el presidente electo es partidario de un nuevo conjunto de medidas de estímulo y presiona al Congreso para que lo saque adelante en el breve periodo de reuniones antes de que comience el nuevo Gobierno.

Si el Congreso no actuara, Obama ha prometido que será lo primero que haga apenas llegue a la Casa Blanca en enero.

Bush y el Partido Republicano, por el contrario, son menos partidarios de poner en marcha ese plan, aunque no lo han descartado de manera tajante.

En su declaración a los medios, Bush afirmó que el equipo de transición de Obama ha recibido toda la información acerca de lo que la Administración actual se proponía hacer en esta cumbre.

''Trabajaremos de manera incansable para garantizar que la transición entre mi Gobierno y el suyo carezca de fisuras'', prometió Bush, y dijo que explicó a los líderes que hará todo lo posible por el éxito del próximo mandatario.

Los líderes, sostuvo Bush, han podido constatar durante la reunión que "aunque procedamos de distintos partidos políticos, creo que conviene a los intereses de nuestro país que (Obama) tenga éxito''.

Aunque el presidente electo optó por permanecer en su hogar en Chicago durante la cumbre, envió a dos representantes, la ex secretaria de Estado Madeleine Albright y el ex congresista republicano Jim Leach, que mantuvieron una intensa serie de reuniones con los asistentes al G20.

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