Estados Unidos

Illinois tiene una larga historia de corrupción

Hace más de 25 años, el juez de un pequeño pueblo que estaba de visita, escondió una grabadora en sus botas de vaquero y reunió contundentes pruebas sobre corrupción y aceptación de sobornos en los tribunales de Chicago.

El ahora retirado juez Brocton Lockwood era parte de una operación encubierta del FBI en los tribunales del Condado Cook, llamada Operación Greylord, que descubrió jueces, abogados y secretarios aceptando sobornos, arreglando casos por dinero y participando en otros tipos de corrupción judicial.

El caso es un sórdido ejemplo de la corrupción que se ha vuelto un modo de vida en Illinois y que ha contribuido a su larga historia de canalladas y escándalos. La semana pasada se sumó un escándalo a la larga historia: el gobernador Rod Blagojevich fue arrestado bajo cargos de haberse confabulado para poner en venta el escaño senatorial del presidente electo Barack Obama.

Cuando el gobernador fue sacado de su casa esposado por agentes federales, para Lockwood fue algo dolorosamente familiar.

"Creo que nada ha cambiado'', dijo. "Me siento abochornado por el estado. Me siento decepcionado porque esto va a desviar la atención de Obama de asuntos más importantes que Blagojevich. Esto convierte la política en un negocio sucio''.

La reacción de Lockwood fue un reflejo de la opinión de infinidad de personas en todo el país: ¿qué hay en Illinois que parece generar corrupción política y por qué nadie ha podido hacer nada al respecto?

Con el pasar de las décadas, la corrupción se ha profundizado tanto que se ha convertido en parte de la cultura política. Los expertos citan varias razones: débiles leyes estatales sobre financiación de campañas políticas que han permitido que traficantes de influencias hagan grandes contribuciones. Legisladores cuya actividad no se supervisa lo suficientemente. Un sistema de patronazgo que hace a los empleados dependientes de los jefes políticos. Y un público fatigado e indiferente que parece aceptar los sobornos como el precio a pagar para cualquier transacción.

"El resto del país creció, se desarrolló y superó la época de legisladores corruptos y maquinarias políticas municipales'', dijo Kent Redfield, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Illinois en Springfield. "Pero el movimiento de reforma del gobierno nunca logró tener fuerza en Illinois''.

"De cierta manera, Illinois recuerda a los países del Tercer Mundo donde todo el mundo sabe que para conseguir algo hay que pagar sobornos'', añadió.

La larga historia de canallas abarca desde un viejo secretario de Estado que murió con cientos de miles de dólares misteriosamente almacenados en cajas de zapatos en el closet de su hotel, hasta un juez que aceptaba dinero para arreglar casos de asesinatos. Numerosos gobernadores, legisladores, empleados estatales y municipales han terminado en prisión.

"Si no es el estado más corrupto de Estados Unidos, está muy cerca de serlo'', dijo el jefe de la oficina del FBI de Chicago, Robert D. Grant, cuando se anunciaron los cargos contra Blagojevich.

Los más fuertes competidores parecen ser Nueva Jersey y Luisiana. En Nueva Jersey más de 130 funcionarios públicos han sido hallados culpables de cargos federales de corrupción en los últimos siete años. Y Luisiana no se queda atrás. Un legislador dijo que "la mitad de Luisiana está bajo el agua y la otra mitad bajo encausamiento''.

Luisiana también es conocida por sus pintorescos gobernadores, desde Huey Long hasta Edwin Edwards, que ahora está en la cárcel por su participación en una confabulación para infringir las leyes sobre licencias para los casinos ribereños.

Pero ningún estado está inmune.

En todo el país más de 1,800 funcionarios federales, estatales y locales han sido hallados culpables de corrupción pública en los últimos dos años, según estadísticas del FBI publicadas esta primavera. La cifra de casos pendientes ha aumentado 51 por ciento desde el 2003, informa la entidad. En la última década gobernadores de Luisiana, Connecticut y Rhode Island se han declarado culpables o han sido convictos de diversos delitos.

Pero en Illinois, especialmente en Chicago, la corrupción es tan rampante que se ha vuelto parte del folclor.

En Boss, la biografía no autorizada el difunto alcalde Richard J. Daley, el columnista Mike Royko, ganador de un Premio Pulitzer, sugirió que la ciudad debía cambiar su lema oficial de Urbs in Horto (Ciudad jardín) a Ubi Est Mea (¿Dónde está lo mío?)

Eso fue hace más de 35 años. Obviamente, el problema persiste.

"Creo que la corrupción en Illinois es incorregible'', dijo Ron Safer, ex jefe de la división penal de la fiscalía federal, que ahora es un abogado privado. "¿Por qué alguien que ha conseguido llegar a altos cargos públicos se arriesga a perderlo todo por dinero? Es algo totalmente incomprensible''.

Jay Stewart, jefe de la Better Government Association, cree que los esfuerzos por restarle importancia a la corrupción están equivocados.

"Yo creo que los casos de culpabilidad [por corrupción política] en nuestro estado son unas cuantas manzanas podridas'', dijo. "El público cree que hay un problema sistémico. Pero se siente impotente, incapaz de cambiarlo... Creo que lo ven como un deporte sangriento y que se rinden y dicen que es simple entretenimiento''.

Ha habido reformas a nivel estatal, especialmente una nueva ley de ética destinada a limitar el impacto del dinero sobre la política.

Se aprobó después que Obama, ex senador estatal, llamara a su antiguo mentor, el presidente del Senado, Emil Jones, y lo exhortara a que se aprobara.

Blagojevich la vetó pero la votación en el Senado fue a prueba de veto. En un extraño giro, los fiscales dicen que la ley puede haber sido fatal para él porque se alega que el gobernador cometió muchos de sus delitos tratando de anticiparse a su implementación el primero de enero.

Illinois es conocido desde hace tiempo como el salvaje oeste de las finanzas de campaña, donde prácticamente no hay límites a quién puede contribuir y cuánto. La nueva ley prohíbe otorgar contratos estatales de $50,000 o más, donar dinero a los políticos que administran esos contratos o a sus opositores en un año de elecciones.,

Pero Redfield, el profesor de Ciencias Políticas, reconoce que la medida es muy limitada y refleja la dificultad de implementar reformas abarcadoras.

"En vez de amplios cambios que realmente cambien el sistema, la actitud que prevalece en la Legislatura es ver el mínimo que se puede hacer'', afirmó.

El poder de las contribuciones ilimitadas puede ser corrosivo, afirmó Scott Turow, novelista y miembro de la comisión de ética del estado. "Incluso si usted es una persona moderadamente bien intencionada, que no tiene los escrúpulos de un sacerdote, si le regala $50,000 y $100,000 eso tiene consecuencias'', dijo.

Turow también señaló otra posible razón por el florecimento de la corrupción. Con la capital estatal en Springfield, dijo, los medios de comunicación no le prestan mucha atención. "A la Legislatura estatal realmente se le permite trabajar en un estado de secreto relativo'', añadió.

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