Estados Unidos

El drama de los incapacitados en espera de Medicare

John McClain quedó incapacitado para trabajar a causa de un cáncer y no tiene seguro.
John McClain quedó incapacitado para trabajar a causa de un cáncer y no tiene seguro. AP

El maestro en herramientas John McClain construía piezas para máquinas con detalles tan pequeños que no podían ser vistos por el simple ojo. Un día, notó una protuberancia en el cuello. Resultó que era cáncer.

Shalonda Frederick administraba una panadería y decoraba pasteles para ocasiones especiales. Un día, la cara y las manos, y luego los brazos y las piernas comenzaron a dejar de responderle. Luego, se cayó de una escalera en el trabajo. Resultó que padecía de esclerosis múltiple.

McClain, de 56 años, y Frederick, de 33 años, han tenido la tremenda mala suerte de enfermarse de gravedad en los años más productivos de sus respectivas vidas. Ambos luchan a diario contra las adversas circunstancias que les cambiaron radicalmente la vida.

Como si lo que padecieran no fuera suficiente, después de años de tener beneficios de salud por sus empresas, ahora los dos están sin seguro médico, y atrapados en uno de los abismos más difíciles del sistema nacional de salud.

Tras revisar sus casos, el Gobierno determinó que McClain y Frederick estaban demasiado enfermos para poder seguir trabajando, y empezó a enviarles cheques mensuales de incapacitados a través del Seguro Social. Después ambos supieron que tenían que esperar dos años para recibir cuidados médicos mediante el Medicare. Aunque los empleados y sus compañías pagan los impuestos de nóminas que financian el Medicare, la ley federal exige que los trabajadores deshabilitados tienen que esperar 24 meses antes de comenzar a recibir beneficios.

McClain y Frederick están lejos de ser los únicos. Se estima que 1.8 millón de empleados incapacitados languidecen en el limbo del Medicare. Y uno de cada ocho muere mientras espera recibir la ayuda. De todos los que esperan por el Medicare, una tercera parte no tiene seguro.

Frederick necesita una inyección cara para controlar sus síntomas. Por su parte, McClain necesita un escáner de una nueva y tal vez problemática protuberancia. Ninguno de los dos puede pagar lo que les hace falta, y en su lugar, se endeudan más con los acreedores al tiempo que se quejan de un sistema al que no tienen acceso a pesar de haber estado pagándolo durante años.

"El gobierno es la peor compañía de seguro que existe'', dijo McClain, de Allen, Texas. "¿Qué ha pasado con el dinero que he pagado con mi cheque todos estos años? El gobierno me ha quitado dinero para el Medicare de mi salario, y ahora que me hace falta, no puedo tenerlo''. "La ley actual es realmente indefendible'', dijo el senador Jeff Bingaman, demócrata por Nuevo México. ‘‘No hay ninguna lógica en exigirle a personas que están incapacitadas que esperen dos años antes de convertirse en elegibles para recibir Medicare''.

Bingaman presentó un proyecto de ley para eliminar el período de espera y el presidente electo Obama --que entonces era senador-- lo respaldó.

Sucede que hay una explicación simple para el período de espera: el costo.

En 1972, el Congreso y el presidente Richard Nixon estuvieron de acuerdo en ampliar el Medicare para que no cubriera únicamente a los ancianos, sino igualmente a los incapacitados. Crearon un período de espera para minimizar los costos y desalentar a las personas que estafan el sistema.

Con el tiempo, las consecuencias del período de espera --y el costo de revocarlo-- no han hecho más que aumentar.

En los años 70, la ciencia médica no podía hacer mucho por los pacientes con cáncer. En la actualidad el cáncer es menos una sentencia de muerte y se ha convertido en una enfermedad más controlable.

Sin embargo, a medida que los fármacos y los tratamientos para enfermedades graves han mejorado, el costo de cerrar el abismo del Medicare ha aumentado enormemente. Los estimados lo sitúan en unos $12,000 millones anuales.

"Cuando el problema tiene que ver con gente que está muriéndose de cáncer, uno no puede evitar sentir una gran compasión'', dijo el senador Charles Grassley, republicano por Iowa.

"Pero en una época en que el país vive grandes dificultades económicas, podría ser cuestionable lo que se ha hecho en muchas de estas áreas'', dijo Grassley, el republicano de más rango en el comité del Senado que supervisa el Medicare, agregando luego que aún no ha tomado ninguna decisión sobre una revocación del período de espera.

Un posible compromiso que podría ahorrarle dinero a los contribuyentes sería subsidiar una continuación de la cobertura de salud del empleador para los trabajadores incapacitados durante la espera de 24 meses. Muchos pueden conservar sus beneficios ahora, siempre que paguen la prima total, algo que no todos pueden hacer.

Sin embargo, ello no ayudaría a los que no tienen cobertura básica.

Ya el gobierno exime del período de espera a las personas que necesitan diálisis de los riñones y a los que padecen de la enfermedad de Lou Gehrig.

La economista Pamela Farley Short, de la Penn State University, que ha investigado sobre el asunto, dijo que el período de espera es un problema que debería preocupar a todo el mundo.

"Es fácil pensar que es algo que no le va a ocurrir a uno'', dijo Short. "Pero cuando se sigue el caso de una persona durante años, sólo 15 por ciento de los que tienen 55 años recibirán ayuda del Medicare antes de que cumplan los 65 años. Y eso no parece tan trivial''.

Casi siete millones de personas incapacitadas menores de 65 años tienen en la actualidad cobertura del Medicare.

De los que todavía esperan para recibir la cobertura, alrededor de 60 por ciento se las agencian para tener seguro privado. Muchos utilizan sus ahorros de retiro para pagar primas a través del plan de salud de una antigua empresa. Otros simplemente caen en la pobreza y tienen que recibir ayuda del Medicaid. Uno de cada tres, como McClain y Frederick, terminan sin seguro.

A McClain se le diagnosticó cáncer hace poco más de dos años. Estaba una noche en el trabajo cuando se rascó el cuello y encontró una protuberancia. Llevaba meses que no se sentía particularmente bien. Al día siguiente, comenzó a sentirse mareado y fue a la sala de emergencia de un hospital.

Poco después, le llegó el diagnóstico: un tumor en la amígdala izquierda.

El tratamiento para el cáncer que ha seguido ha sido verdaderamente arduo: quimioterapia, radiaciones, un tubo para alimentarse. Y una enorme depresión y ansiedad. Su peso bajó de unas 150 libras a sólo 116. Pero el cáncer parece estar desapareciendo.

McClain ha empezado a sentir que le vuelven las energías, y ansía regresar a su empleo. Sin embargo, le preocupa una pequeña área en la garganta. Y no puede darse el lujo de pagar por una prueba de escáner para que sea analizada, ya que perdió su seguro a finales de octubre.

"Creo que me quedan unos $22 en la cuenta de ahorros'', dijo. "Después de hablar con mis acreedores y una compañía de manejo de deudas, suena como una bancarrota. Lo gracioso de todo es que hasta ahora tenía una perfecta historia de pagos, y nadie se explica cómo he podido llegar tan lejos''.

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