Estados Unidos

Se alarga creciente exilio venezolano

Members of the Venezuelan community living in in the Doral area gathered together during a protes against the closing of the RCTV television station and in support of the students and the people around the country who are protesting in the streets of Venezuela. The protest took place in front of the restaurant El Arepazo located at 101 NW 58 Street.
Members of the Venezuelan community living in in the Doral area gathered together during a protes against the closing of the RCTV television station and in support of the students and the people around the country who are protesting in the streets of Venezuela. The protest took place in front of the restaurant El Arepazo located at 101 NW 58 Street.

Hace diez años la comunidad venezolana del sur de la Florida estaba limitada a un grupo de empresarios que venían a invertir o a comprar una segunda casa.

Ahora la cifra ha aumentado significativamente y Miami-Dade y Broward se han visto inundados por el único éxodo prolongado en la historia moderna de ese país suramericano.

La mayoría vino creyendo que estaría aquí poco tiempo, pero los largos años que lleva el presidente Hugo Chávez en el poder --que pudiera prorrogarse aún más según el resultado del referendo de mañana-- ha llevado a la comunidad venezolana a quedarse aquí.

Tantos venezolanos se han asentado en dos lugares en particular, Doral y Weston, que las ciudades se han ganado el mote de Doralzuela y Westonzuela, donde restaurantes y panaderías tratan de llevar el sabor de su país a los nuevos vecinos.

En 2006 y 2007 se concedió asilo a más de 2,500 venezolanos, según las últimas cifras del gobierno federal. El año antes que Chávez fuera electo por primera vez en 1998, sólo 9 venezolanos recibieron asilo. En el 2007 más de 10,000 venezolanos recibieron la residencia permanente, el triple que en 1998.

Según los estimados del Censo de Estados Unidos, 56,000 venezolanos viven en los condados Broward y Miami-Dade, aunque los líderes comunitarios dicen que la cifra real es mucho mayor.

Muchos de los más conocidos opositores de Chávez han escogido el sur de la Florida como su nuevo hogar provisional, desde conocidos juristas hasta antiguos técnicos de la industria petrolera estatal o decepcionados militares que se rebelaron contra la ideología izquierdista del presidente venezolano.

Muchos mantienen su oposición a Chávez y confían en que algún día podrán regresar a su país.

Una fuga en yate El largo camino de Gisella Parra de Caracas a Weston comenzó con una reunión privada con el entonces recién electo presidente Chávez. Y culminó con una fuga en yate a medianoche del país que había soñado con hacer más justo.

Parra, una destacada abogada y jueza, huyó de Caracas acusada de un acto de violencia: agredir físicamente a un funcionario y su guardaespaldas durante una protesta frente a su casa. Una orden de arresto motivó su salida en el 2005 en el yate de un amigo a Curazao antes de llegar por avión a Miami.

La acusación salió del gobierno para el que había trabajado y al que luego criticó abiertamente.

"Trataron de destruirme desacreditándome profesionalmente, diciendo luego que era una simple delincuente y más tarde que había conspirado contra el gobierno, dijo Parra, de 61 años. "Yo estaba en el yate y me decía: ‘Esto no me puede estar sucediendo, no al final de mi vida', cuando creía que habíamos conseguido cosas importantes en mi país''.

Parra fue jueza durante 14 años antes que el predecesor de Chávez la nombró para representar el poder ejecutivo en el prestigioso Consejo Judicial, la entidad independiente que supervisa las operaciones administrativas y disciplinarias del poder judicial. De allí pasó a presidir un programa piloto para reformar el sistema judicial con el fin de hacerlo más accesible y transparente.

Chávez, fresco de su victoria de 1998, la llamó a una reunión para discutir su trabajo. Le prometió respaldar la reforma judicial y proteger la integridad de la judicatura. Y la volvió a nombrar para el puesto en el Consejo Judicial.

"Parecía sincero e idealista'', dijo Parra, con tristeza en los ojos. "Tengo el valor de admitirlo, aunque terminó siendo algo muy distinto de lo que parecía''.

Lo que empezó como una relación amistosa cambió con los años cuando Chávez y sus aliados empezaron a intervenir en el sistema judicial, llenando el Tribunal Supremo de magistrados simpatizantes de su "revolución bolivariana''.

Parra dejó el gobierno y empezó a criticar acremente los cambios en los tribunales.

Los funcionarios chavistas la acusaron de mal administrar contratos del gobierno y de conspirar contra éste, acusaciones que ella califica de mentiras. Estados Unidos le concedió asilo político en el 2007. Desde entonces, ha llevado una vida básicamente tranquila, perseguida por el recuerdo de la muerte de su hijo, un año antes de salir de Venezuela, y enfermedades que la han abrumado desde su llegada, entre ellos dos infartos en noviembre.

Pasa los días tomando clases de inglés, acompañando a sus dos sobrinos y reuniéndose con un grupo de venezolanos que están haciendo sonar la alarma en Latinoamérica sobre la creciente influencia de Chávez. "En América Latina la gente tiene un concepto que es democracia lite, pero todas estas cosas terribles me han ayudado a comprender verdaderamente lo importante que es la democracia'', dijo. "Venezuela será un mejor país después porque creo que la gente aprenderá que no podemos darle a nuestros líderes un cheque en blanco, como en el pasado''.

Desobediencia civil

La lucha contra Chávez condujo a Javier Nieto, un hombre entrenado para la guerra, a empezar a planear "una absoluta desobediencia civil'' al estilo de Mahatma Gandhi. Nieto se vio obligado a exiliarse en Miami antes de tener la oportunidad de realizar las grandes manifestaciones pacíficas callejeras que había concebido.

Nieto, ex capitán de la Guardia Nacional de Venezuela, fue uno de los primeros oficiales que comenzaron a criticar la manera en que Chávez dirigía las fuerzas armadas, como la propaganda de ideología izquierdista entre los soldados.

Nieto pagó un alto precio por sus críticas, cuenta: dos años en una prisión militar, acusado de participar en una supuesta confabulación contra Chávez planeada por las fuerzas paramilitares colombianas. Fue liberado cuando varios testigos que lo vincularon con la operación admitieron que habían mentido.

"Yo hice las cosas como se debe, presenté siempre mis críticas de una forma transparente, pero ellos consideraron que yo estaba en contra de la revolución'', dijo Nieto, que habla con la rapidez de una ametralladora. "Fue un milagro de Dios que me dejaran en libertad''.

Poco después, Nieto dejó la Guardia Nacional y comenzó un tipo diferente de batalla en los barrios pobres del país. Estableció una organización sin fines de lucro dedicada a crear un ejército de manifestantes para realizar protestas de desobediencia civil a gran escala.

"Las urnas electorales no van a derrotar a Chávez'', dijo Nieto, que también tiene una posición crítica hacia los partidos tradicionales de oposición. "Queríamos hacer algo como verdaderos ciudadanos, sin interés en tomar poder para nosotros mismos''.

Sus planes terminaron abruptamente en el 2007 cuando comandos militares irrumpieron en su apartamento de Caracas en busca de armas ilegales. Casualmente, Nieto había ido a visitar a sus padres --otra situación que el profundamente religioso Nieto describe como un "acto de Dios'' --y decidió huir cruzando la frontera colombiana por miedo a ser encarcelado de nuevo. Huyó al sur de la Florida, donde vive en Palm Beach con su esposa y sus dos hijos pequeños.

Nieto, que tiene pendiente una petición de asilo político, trabaja de caballerizo y empleado de gasolinera para pagar las cuentas. Su tiempo libre lo pasa trabajando en un libro que bosqueja un plan para una nueva Venezuela después de Chávez, más "honesta y justa''. Sigue trabajando con aliados en Venezuela, buscando apoyo para la desobediencia civil que, cree, logrará algún día deponer a Chávez.

Nieto compara a Venezuela con un edificio en ruinas a punto de derrumbarse.

"Ahora podremos tumbarlo y construir un nuevo edificio'', dijo. "Va a hacer una implosión y luego será nuestra tarea crear un nuevo país''.

Una vida errante

Para el activista venezolano y ex ejecutivo petrolero Juan Fernández, su vida en Miami es sólo el capítulo más reciente de la vida errante y a menudo solitaria que ha llevado desde que salió de Venezuela en un viaje familiar y descubrió que no podía regresar.

Fernández, que ayudó a dirigir en el 2002 una gran huelga de trabajadores petroleros contra el gobierno de Chávez, estaba en España recorriendo las universidades con su hija más pequeña cuando recibió la noticia de que la fiscalía había emitido una orden de arresto acusándolo de traición y rebelión, cargos que él califica de "persecución política''.

Desde ese día del 2004, ha vivido en Francia, España, Curazao y Miami, en una búsqueda a menudo frustrante de reinventar su vida interrumpida.

"Nadie puede entender el dolor de tener que levantarse por la mañana sin poder dar los buenos días a sus hijas, o estar en la ciudad en que nació, porque el gobierno lo ha expulsado a uno del país'', dijo Fernández, de 52 años.

Fernández y 18,000 trabajadores de la petrolera estatal PDVESA fueron despedidos después de la huelga y él pasó los dos años siguientes trabajando con otros activistas para deponer a Chávez en un referendo en agosto del 2004, que el Presidente sobrevivió.

Muchos de los otros empleados petroleros consiguieron trabajo en la industria petrolera en ciudades como Houston, pero el conocido choque de Fernández con uno de los gobiernos que produce más petróleo en el mundo lo hizo poco atractivo para otros en el sector.

Su lucha por encontrar trabajo preocupa claramente al que fuera un prominente economista, quien afirma que sufre ataques de ansiedad que a veces no lo dejan respirar. Vino a Miami hace ocho meses y se mudó a un apartamento en Aventura.

Mientras espera que procesen su petición de asilo en Estados Unidos, se dedica a escribir artículos sobre la industria petrolera y la política venezolana para publicaciones en España y América Latina.

"He conocido aquí a muchos exilados cubanos mayores que han pasado 50 años fuera de su país y me aterroriza pensar que yo podría verme en esa situación'', dijo. "Lo único que nos queda es luchar de todas las formas posibles, dando el ejemplo para tratar de que el pueblo venezolano despierte''.

cwoods@MiamiHerald.com

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