Estados Unidos

El último descanso de los héroes de la Florida

UNA NIÑA camina junto a las lápidas del Cementerio donde reposan los restos de los veteranos.
UNA NIÑA camina junto a las lápidas del Cementerio donde reposan los restos de los veteranos. The Miami Herald

Cuando tres generaciones se reunieron aquí la semana pasada en tierras otrora pantanosas para enterrar a Melvin Thomas, marino de la guerra de Vietnam, la Marina realizó un acto venerablemente tradicional.

Un marino tocó una corneta. Una guardia de honor dobló meticulosamente la bandera nacional. Y un marino le entregó la bandera a la familia "a nombre de una nación agradecida''.

Thomas, vecino de Fort Lauderdale desde hacía años, murió de cáncer a los 60, décadas después de haberse quitado el uniforme. Pero su familia optó por enterrar la urna con sus restos en el Cementerio Nacional del Sur de la Florida, creado por el Congreso hace dos años, el ubicado más al sur en la Floroda y el más cercano a los aproximadamente 400,000 veteranos de guerra de Miami.

"Algunos de sus mejores ratos los pasó en la Marina'', dijo su hermana Brenda Byrd, de Fort Lauderdale, que estuvo en la Fuerza Aérea 20 años. "Creo que aquí se sentirá como en casa''.

Día tras día, a veces hasta nueve veces en el día, el país rinde tributo final a surfloridanos y a otros que sirvieron a la nación.

Hasta este Día de la Recordación, los restos de 4,280 personas descansan en los 313 acres del cementerio, donde todavía hay trabajadores creando prados y lagos más allá de las hileras de cruces blancas. Se calcula que el lugar tiene capacidad para 200,000 tumbas, incluyendo un edificio llamado columbario, que se construye en este momento para las urnas de los militares cremados.

El director Kurt W. Rotar dice que cuando se inauguró en abril del 2007, los planificadores federales previeron que la instalación realizaría 2,000 entierros anuales para el 2012. Los empleados de la Dirección de Veteranos (VA), que opera el cementerio, indican que superó esa cifra en los primeros 10 meses.

A veces es un marino quien toca la corneta. Con más frecuencia es un soldado. Son ceremonias sombrías que no duran más de media hora, con estrictas normas para proteger la privacidad de los dolientes, no importa quiénes sean.

Aquí hay veteranos de guerra de todas las armas, algunos con sus cónyuges bajo la misma losa.

"La muerte es lo que más iguala''', dice Rotar. "Puede haber un soldado raso junto a un general, un servicio fúnebre después del otro, y todo el mundo los trata con el mismo respeto''.

Cualquier veterano, desde un retirado que hizo toda su carrera en lo militar hasta un soldado que sólo sirvió un año tiene derecho a que lo entierren en uno de los 128 cementerios militares del país. Todos tienen derecho al entierro, una tumba con lápida y el mantenimiento de la tumba a perpetuidad.

Pero no es gratis. Rotar considera que los veteranos pagan con su servicio.

Desde que se inauguró el cementerio en Lake Worth, la VA ha establecido tres más en Sarasota, Jacksonville y Carolina del Sur. Otros dos se construyen en California y Alabama para hacer frente a la demanda, cada vez mayor, ahora que ya van quedando pocos veteranos de la Segunda Guerra Mundial, pero aumentan los nacidos en la explosión demográfica de la posguerra y que pelearon en Vietnam, como Thomas.

Hasta este Día de la Recordación, el 44 por ciento de los veteranos de guerra enterrados aquí participó en la Segunda Guerra Mundial, 16 por ciento en Corea y 15 por ciento en Vietnam. Solamente 1 por ciento son veteranos de conflictos más modernos, que abarcan desde las campañas de hoy en Irak y en Afganistán hasta la Operación Desert Storm.

El resto, aproximadamente una cuarta parte, son dependientes de los veteranos enterrados aquí en épocas en que el país no estaba en guerra.

Este cementerio es un reflejo fiel del país, una mezcla de gentes de diferentes religiones enterrados por orden de llegada. Las lápidas idénticas, de mármol de Georgia, están equidistantes en el bien atendido césped.

En el entierro de Thomas, 20 familiares se secaban las lágrimas solemnemente bajo un toldo, en un lugar rodeado de arbustos, donde una guardia de honor de tres marinos en uniforme blanco de gala bajaron la urna de una limosina.

La marinera Elsa Gaunner, de Lake Worth, tocó la corneta. Otras personas que estaban cerca escucharon el sonido y se volvieron para mirar. Unos trabajadores del cementerio que iban en un carrito de golf se detuvieron, se bajaron y saludaron marcialmente.

Entonces dos marinos doblaron ceremoniosamente la bandera en triángulo, un rito que es igual en todos los funerales militares del país.

El miembro más antiguo del grupo, la cabo de primera clase Catherine Hoffner, actualmente policía de la Marina, le presentó la bandera a su hermana mayor, Carla Forrester "a nombre de una nación agradecida, el Presidente de Estados Unidos y una Marina orgullosa''.

Rotar dice que algunos escogen el cementerio de Lake Worth por la proximidad con los restos de sus cónyuges u otras personas. Agregó que existe "un sentir de camaradería militar en saber que están enterrados con sus "compañeros de armas''.

También hay personas que fallecieron y los enterraron sin familia.

Y otros como Christopher Rey, jefe de la Policía de Broward y veterano de Vietnam que se retiró de la Infantería de Marina como cabo y murió en el estacionamiento de un Walgreen's en el verano del 2007. Unas 5,000 personas asistieron al entierro del padre de cuatro hijos, de 51 años, que llevaba 18 años de policía.

En la próxima hilera yace el coronel retirado de la Infantería de Marina Thomas C. Doherty, ex director de la Dirección de Veteranos de Miami y posiblemente el más galardonado del cementerio: una Cruz de la Marina, una Estrella de Plata, un Corazón Púrpura y una hoja de servicios que abarca de la Segunda Guerra Mundial hasta Vietnam. Doherty murió después de haber vivido en Miami Beach durante muchos años, el 21 de agosto del 2007, poco después de haberse inaugurado el cementerio.

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