Estados Unidos

Floridanos padecen aún la crisis un año después del colapso bancario

MAGGIE LUJARDO, presidenta de Village of Dadeland Condo, muestra el estado de abandono de la piscina.
MAGGIE LUJARDO, presidenta de Village of Dadeland Condo, muestra el estado de abandono de la piscina. MARICE COHN BAND / THE MIAMI HERALD

Durante las primeras horas del 15 de septiembre del 2008, hace exactamente un año, Lehman Brothers, banco de inversión con activos superiores a $600,000 millones y un pedigrí de más de un siglo, se desplomó.

La mayor bancarrota en la historia de Estados Unidos ocurrió a raíz de la intervención federal de los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, y sólo horas antes del rescate del titán de los seguros AIG por $85,000 millones.

A medida que las fichas de dominó fueron cayendo, la crisis devastó los mercados, modificó profundamente las reglas de la banca moderna y provocó un pánico mundial.

Pero de muchas maneras la Florida ya tenía miedo, provocado por el alto precio de la gasolina, el aumento de las ejecuciones hipotecarias y el mayor índice de desempleo en 10 años.

Un año después, Wall Street respira con más tranquilidad. Muchos economistas opinan que la recesión terminó y las firmas financieras han comenzado a declarar ganancias récord. Pero la Florida sigue batallando.

El desempleo aquí ya superó el 10 por ciento y es probable que aumente más; el precio de las viviendas sigue bajando y los negocios están escasos de efectivo. En el horizonte asoman las amenazas gemelas de un desplome del mercado de bienes raíces comerciales y un éxodo de población que pudiera prolongar el dolor.

"Sí, parece que la economía ha salido del hueco'', dijo Scott Brown, economista jefe de Raymond James. "Pero eso no significa que todo es color de rosa. Durante un tiempo la mayoría de la gente sentirá que todavía estamos en recesión''.

Ese parece ser el caso de algunas personas que entrevistamos en el sur de la Florida y que han vivido la crisis de los últimos 12 meses.

RAMONA ALVAREZ

Cuando Ramona Alvarez, de 52 años, abrió su salón de belleza en Hialeah hace dos años, recibía a sus clientes con una copa de vino o una margarita. Sus empleados siempre estaban ocupados y podía pagar sus facturas.

El lugar, llamado Nely's Beauty Salon, fue la culminación de un sueño. Alvarez llegó a Miami desde Cuba en 1980 y trabajó duro para comprar una casa, algunas otras propiedades y establecer su negocio.

Alvarez dice que pagó $160,000 por el salón de belleza de Hialeah, ubicado en un centro comercial en 3110 West 76 St, e invirtió $60,000 en modernizar el lugar.

Pero las cosas comenzaron a cambiar en junio del año pasado. Los clientes no asistían a las citas, se teñían el cabello en casa y no querían usar la secadora. Su banco le canceló dos líneas de crédito.

Mientras el negocio perdía fuerza, Alvarez lo echó mano a la tarjetas de crédito, con la esperanza de que la semana siguiente fuera mejor, pero eso nunca sucedió.

Ahora Alvarez está hundida en deudas y a punto de perder su casa y tres terrenos con que contaba para su retiro.

"Estamos esperando que venga la policía a poner el papelito en la puerta''.

RAMIRO ORTIZ

El 21 de mayo, las autoridades federales entraron a la sede de BankUnited en Coral Gables para intervenir la institución.

Aunque a la mañana siguiente todo seguía funcionando como de costumbre con un nuevo dueño, fue algo importante: el mayor banco privado de la Florida cayó víctima de la recesión al apostar por préstamos hipotecarios residenciales.

Ramiro Ortiz, de 59 años, era el presidente ejecutivo y se quedó como vicepresidente ejecutivo del nuevo recapitalizado BankUnited.

En las oficinas ejecutivas, Ortiz dice que la única manera de explicar lo ocurrido el año pasado es compararlo con un ciclón. "Este desplome económico fue verdaderamente la tormenta perfecta'', dice.

A pesar de la reciente tendencia alcista en Wall Street y señales de que la tormenta ya está pasando, Ortiz teme que a la Florida todavía le quede un largo camino para navegar en aguas tranquilas.

La clave del reflote --tanto local como nacional-- es el consumidor, dice. Hasta que la gente se sienta lo suficientemente confiada en la situación económica para abrir la billetera, ningún nivel de gasto federal podrá reanimar la economía.

MAGGIE LUJARDO

Los presidentes de las asociaciones de condominios han enfrentado fuertes retos para mantener a flote edificios de apartamentos en momentos en que los propietarios, enfrentados a las ejecuciones hipotecarias, dejan de pagar el mantenimiento.

En el Village at Dadeland Condo en Kendall, la presidenta de la asociación, Maggie Lujardo, de 45 años, ha visto cómo por lo menos la mitad de los 410 apartamentos de su edificio han caído en ejecución hipotecaria.

Y el déficit de presupuesto ha significado una enorme presión sobre las operaciones del complejo. Durante los últimos 12 meses han tenido que cerrar piscinas y se ha reducido la recolección de basura y mantenimiento.

"Yo respondo todas las llamadas telefónicas de los propietarios o proveedores que tratan de cobrar, y hay muchas quejas'', dice Lujardo, abogada que tiene una propiedad de inversión en el complejo.

Lujardo se muestra reacia a aumentar los cargos de mantenimiento porque significa una mayor presión financiera sobre los propietarios, que ya han visto desplomarse el valor de sus apartamentos en un 50 por ciento.

"La gente está perdiendo la esperanza'', afirma Lujardo. Sin embargo, tiene fe en que el valor de las propiedades se estabilizará, lo que aumentará las ventas y ayudará a la recuperación de Village at Dadeland.

ALEX GUERRA

Hace un año, Alex Guerra, de 37 años, manejaba un Porsche, tenía su vivienda y suficiente confianza en sus conocimientos de informática, como para invertir tiempo y dinero en una maestría.

Guerra se graduó, pero vive con su madre, corre el riesgo de perder su Mini Cooper arrendado y ha visto desplomarse sus ahorros y amor propio tras un año y medio de desempleo.

"Uno se vuelve loco preguntándose qué salió mal'', dijo, refiriéndose a las llamadas y mensajes electrónicos sin respuesta a posibles empleadores. "¿Qué hice mal? ¿Soy realmente un desastre? Esas son las cosas que me pasan por la cabeza''.

El joven, que se graduó en septiembre del 2008, justo cuando la economía colapsó, dice: "No creo que mi ego pueda soportar otro golpe''.

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