Estados Unidos

Veteranos de guerra buscan respuestas ante aumento de casos de cáncer

Numerosos veteranos de guerra han visto un aumento en los casos de cáncer de las vías urinarias, próstata, hígado y la sangre durante casi dos decenios de guerra, y algunas familias ahora se cuestionan si su exposición a entornos tóxicos es la razón, según una investigación de McClatchy.

McClatchy identificó que el índice de tratamiento de casos de cáncer en los centros de servicios médicos del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA) aumentó 61% en los casos de cáncer de las vías urinarias ⁠—que incluye vejiga, riñones y la uretra⁠— del año fiscal 2000 al 2018.

La incidencia de casos de cáncer de la sangre —linfoma, mieloma y leucemia— aumentó 18% durante el mismo período. El índice de cáncer del hígado y el páncreas aumentó 96% y el de próstata 23%.

McClatchy analizó toda la información de facturación de las visitas de los veteranos relacionadas con diagnósticos de cáncer en las instalaciones médicas de la VA del año fiscal 2000 al 2018. La información se obtuvo a través de la Ley de Libertad de Información. La metodología detallada de la revisión puede leerse aquí en inglés.

McClatchy escogió ese período para observar el impacto de las últimas dos décadas de guerra en Irak y Afganistán sobre las necesidades médicas de los veteranos de guerra, incluso en momentos que la VA sigue tratando a veteranos de guerras pasadas.

El sargento de la Infantería de Marina Mark S. Villamac Ho se alistó después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y fue destacado a principios de 2003 en Al Numaniyah, Irak, como bombero y rescatista.

En Irak estuvo expuesto a la espuma para combatir incendio que usan los militares y que ahora están retirando debido a sus vínculos con el cáncer, así como a los huecos que abrían en la tierra para quemar la basura y que más de 187,000 veteranos de guerra han dicho que los afectó.

Ho tenía 38 años cuando le diagnosticaron mieloma múltiple, un tipo de cáncer de la sangre, y un segundo cáncer en la nariz y la garganta. El ex militar sigue combatiendo la enfermedad y está preocupado por los militares enviados a Irak y Afganistán años después.

“Tengo cáncer por mi servicio en las fuerzas armadas” dijo Ho. “Pudiera haber cientos, miles de veteranos que sirvieron después que yo y que ahora tengan cáncer”.

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El ex sargento de la Infantería de Marina Mark S. Villamac Ho (derecha, atrás) fue enviado a Irak en 2003, donde cumplió servicio como bombero. En esta foto, él y otros marines están en contacto con espuma contra incendios en Al Numaniyah, Irak. El Departamento de Defensa está eliminando el uso de esa espuma debido a vínculos con el cáncer. En 2017, a Ho le diagnosticaron mieloma, un cáncer de la sangre, además de otro cáncer en los conductos nasales. Photo courtesy of Mark S. Villamac Ho

Muchos veteranos de guerra todavía batallan para que los atiendan en la VA, dijo David Shulkin, ex secretario de Asuntos de Veteranos

“Seguimos repitiendo los mismos errores de hace 50 o 60 años”, dijo Shulkin a McClatchy. “Permitir que nuestros veteranos sigan esperando, sin el apoyo y la asistencia que necesitan, es no cumplir la responsabilidad que asumimos cuando se alistaron en las fuerzas armadas”.

En general, el índice de cáncer bajo tratamiento en la VA llegó a su máximo en el año fiscal 2009 y entonces declinó durante los últimos años, pero es significativamente mayor que antes del 11 de septiembre de 2001, cuando los atentados llevaron a las guerras en Iraq y Afganistán.

Pero también hubo reducciones en ciertos tipos de cáncer. En todos los servicios armadas, el índice de tratamiento recibido por veteranos con cáncer del cerebro bajó 33%, cáncer testicular 22% y cáncer de las vías respiratorias 13%, según el análisis de McClatchy’.

Cuando se analizó cada servicio, hubo aumentos significativos en el tratamiento de algunos tipos de cáncer. El índice de tratamiento del cáncer de próstata en la Fuerza Aérea aumentó 44%, entre los veteranos de la Infantería de Marina fue 60%. El índice de tratamiento cáncer de las vías urinarias en el Ejército y la Marina aumentó 56%; en el caso de los marines veteranos, el alza fue de 98%.

El índice de tratamiento de cáncer del hígado y el páncreas aumentó más del doble entre los veteranos tanto del Ejército como la Infantería de Marina. En la Infantería de Marina hubo un alza de 11% en el índice de tratamiento; en el caso del Ejército fue un alza de 104%.

Los veteranos que han sobrevivido al cáncer tienen un nombre para los factores ambientales que dicen los enfermaron: exposición tóxica.

“Si usted es uno de los ex militares enfermos, tenemos que empezar a luchar por usted ahora mismo”, dijo Jon Stewart, quien recientemente defendió mantener la financiación a los servicios médicos al personal de rescate en los atentados del 11 de septiembre. El ex conductor de programas televisivos de medianoche ha unido fuerzas con el grupo defensor de veteranos llamado Burnpits360.

LAS CONCLUSIONES

Cuando McClatchy presentó sus conclusiones a la Administración de Asuntos de Veteranos y le preguntó si estaba preocupada por el aumento en los casos de cáncer, la agencia dijo que no concordaba con el enfoque de McClatchy. La VA dijo que un análisis de la información de facturación crearía un conteo excesivo y que su registro interno de casos de cáncer no mostraba un alza significativa.

“Según las cifras oficiales más recientes de la VA sobre casos de cáncer, el número total entre los militares alistados llegó a su mayor nivel en 2010 y ha estado bajando desde entonces”, expresó la VA en un comunicado. “Los casos de cáncer colorrectal y de próstata han estado bajando, mientras que los casos de cáncer de la piel (melanoma) han aumentado. Esto refleja en lo fundamental tendencias nacionales”.

Pero cuando se estudia a un plazo más largo, de 2000 a 2017, la información del registro de cáncer de la VA entregada a McClatchy muestra un aumento en algunos tipos de cáncer. Las cifras muestran que la cantidad de casos de cáncer de la sangre aumentó 41%, mientras que los casos de cáncer de la vejiga, riñón, y uretra aumentaron 70%. Los casos de cáncer de la piel aumentaron 48%, los del cerebro aumentaron 20%. Los del hígado y el páncreas aumentaron 151%, aunque representan solamente una parte muy pequeña de los casos. Los casos de cáncer de próstata han aumentado 9%.

El análisis de McClatchy mostró reducciones en el tratamiento de casos de cáncer del cerebro, vías respiratorias y testículos. El registro de cáncer de la VA mostró aumentos en los casos de cáncer del cerebro, las vías respiratorias y testículos. Los resultados distintos se deben a diferencias en los métodos de cálculo y la composición de las cifras.

El registro de la VA no desglosa los casos según los diferentes servicios de las fuerzas armadas.

Aunque solidario con las preocupaciones de los veteranos, el Dr. Michael Kelley, director de Hematología y Oncología de la VA, dijo que es necesario realizar más investigaciones para poder vincular los casos de cáncer con una causa.

“El tiempo transcurrido entre la posible exposición a una sustancia cancerígena, por ejemplo, y el diagnóstico de un cáncer a veces se mide en decenios”, dijo Kelley. “Puede ser muy difícil determinar en retrospectiva qué sucedió”.

Algunos ex militares no han esperado a que las autoridades establezcan una causalidad y se han dedicado a recoger nombres.

‘HAY MUCHOS MÁS’

Shelia Frankenfield, entonces capitana de la Guardia Nacional Aérea, y su futuro esposo, fueron enviados con una diferencia de 30 días a Balad, Irak, en 2008.

En 2012 a los dos les diagnosticaron cáncer con dos semanas de diferencia. A ella le diagnosticaron cáncer de seno a los 42 años, y a él de los testículos a los 38 años.

“¿Cuáles son las probabilidades de nos hayan destacado a los dos a la misma base y ahora ambos tengamos cáncer? Esto no es normal”, dijo Frankenfield, enfermera registrada, quien pidió que no identificáramos a su esposo porque todavía está activo.

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Sheila Frankenfield, capitana retirada de la Guardia Nacional Aérea, y su futuro esposo, fueron movilizados con 30 días de diferencia a Balad, Irak, en 2008. En 2012 a los dos les diagnosticaron cáncer con dos semanas de diferencia: a ella cáncer del seno a los 42 años, y a él cáncer testicular a los 38. Photo courtesy of Shelia Frankenfield

Frankenfield sospecha que la quema de basura en Balad, donde la calidad del aire comenzó a monitorearse en 2014, debido a las partículas de desechos que los soldados respiraban. Pero también pudieron ser las fuentes de agua en el Aeropuerto Internacional Harrisburg en Pennsylvania, donde ella estuvo destacada con 1,800 miembros del Ala 183 de Operaciones Especiales de la Guardia Nacional Aérea. En 2018 el Departamento de Defensa reconoció en un informe al Congreso que el agua del aeropuerto estaba contaminada.

Frankenfield ha comenzado a recoger nombres de miembros tanto activos como retirados de esa unidad que han tenido cáncer, incluidos los que han fallecido y otros que, como ella, tuvieron que retirarse por razones médicas.

“Son unos 100 nombres”, dijo. “Y sé que hay muchos más”.

MENOS VETERANOS, MÁS CASOS DE CÁNCER

La cantidad de ex militares que recibe tratamiento médico en los hospitales de la VA casi se duplicó a 6.2 millones a final del año fiscal 2018, de 3.2 millones en el año fiscal 2000.

El aumento ha ocurrido a pesar de que la cantidad general de veteranos de guerra ha bajado continuamente, lo que refleja el fallecimiento de muchos de la generación de la Segunda Guerra Mundial y reducciones en las fuerzas armadas en los decenios transcurridos desde entonces.

A final del año fiscal 2018 había 19.6 millones de veteranos de guerra, de 26.6 millones en el año fiscal 2000, según cifras de la VA.

Durante el mismo período, la cantidad total de casos de cáncer tratados en la VA aumentó en más de doble, a 710,215 en el año fiscal 2018, de 336,453 en el año fiscal 2000.

Una de las limitaciones es que como no todos los ex militares son elegibles, o aceptan, recibir servicios médicos de la VA, tanto las cifras que McClatchy obtuvo como el registro de cáncer de la entidad solo capturan parte del problema. Eso significa que la cantidad real de ex militares con cáncer puede ser incluso mayor.

Los veteranos de la Guardia Nacional y la reserva pueden recibir tratamiento en la VA si fueron llamados a servicio activo y pueden mostrar que sus lesiones ocurrieron en ese período de servicio activo. Los veteranos que se retiran después de 20 años de servicio son elegibles para un componente del sistema médico para militares en activo, llamado TRICARE. Esa información la mantiene una agencia diferente de servicios médicos del Departamento de Defensa.

Para el resto, la VA determina si un militar cumple los requisitos de cobertura médica de la VA sobre la base de una evaluación de ingresos o si la enfermedad tiene una relación probable con el tiempo que estuvieron en las fuerzas armadas.

“La aprobación de las reclamaciones es la puerta de entrada a los servicios médicos de la Administración de Veteranos, de la misma manera que la determinación de discapacidad por parte del Seguro Social abre la puerta a los servicios del Medicare”, dijo Anthony Hardie, director de la organización Veterans for Common Sense.

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El sargento Kendall W. Brock estuvo 35 años en la Guardia Nacional Aérea trabajando en el Ala 157 de Reaprovisionamiento de Combustible en la Base Pease de la Guardia Nacional en Nueva Hampshire. Brock falleció en 2017 de cáncer de la vejiga y la próstata, a los 67 años. Photo courtesy of Doris Brock

RECLAMACIONES RECHAZADAS

El ahora fallecido esposo de Doris Brock fue uno de los veteranos a quien la VA le negó tratamiento médico. El sargento Kendall Brock se retiró en 2005 tras servir 35 años en la Guardia Nacional Aérea en Nueva Hampshire. A finales de 2015 le diagnosticaron cáncer de la vejiga y la próstata.

Como miembro de la Guardia Nacional, Kendall Brock no tenía derecho a cobertura médica a menos que pudiera demostrar que su cáncer estaba relacionado con el tiempo activo en las fuerzas armadas. Los ingresos de Brock también habrían descalificado una reclamación. Buscó tratamiento médico fuera de la VA, pero también presentó documentos para que la VA reconociera la relación entre su enfermedad y su servicio activo, para poder recibir compensación por discapacidad.

“Nos rechazaron casi inmediatamente que presentamos la solicitud”, dijo Doris Brock.

Apelaron esa decisión, esta vez destacando “todos los productos químicos que había usado en su trabajo en su calidad de especialista en mantenimiento de aviones”, dijo Brock. Le volvieron a negar la solicitud.

Kendall Brock falleció en 2017 a los 67 años. Su viuda todavía está tratando de que la VA reconozca la reclamación.

La cantidad de veteranos que no están recibiendo tratamiento médico, y por lo tanto los están contando, es algo que frustra a los defensores.

“En la VA usted no recibe tratamiento si su enfermedad no está relacionada con su servicio activo”, dijo Derek Fronabarger, director legislativo del Proyecto Wounded Warrior. “Me molesta cuando la [VA] dice: ‘Oh no, no tenemos la información’. Pero no están asentando la información porque no están tratando a todos los individuos enfermos”.

Si el gobierno reconoce los amplios vínculos del cáncer con el servicio militar activo, la situación pudiera volverse prohibitivamente costosa muy rápido.

Los tratamientos contra el cáncer avanzado pueden costar decenas o cientos de miles de dólares, dijo al comandante retirado de la Marina Mike Crosby, piloto de cazas F-14 quien formó el grupo Veterans Prostate Cancer Awareness.

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Curt Forsehy, de 22 años y sargento del Ejército, sostiende a Ben, su hijo de un mes de nacido, en febrero de 2007. Forshey y otros familiares se reunieron en una iglesia para despedirse cuando su unidad, en Fort Campbell, Kentucky, salió en su segundo despliegue en Irak. Forshey llamó a su esposa, Laura, ese marzo con la noticia de que lo iban a evacuar porque le habían diagnosticado leucemia. El hombre murió días después. Photo courtesy of Laura Forshey

HISTORIAS PARECIDAS

Algunos fallecieron de cáncer mientras estaban en servicio activo. Curt Forshey, sargento del Ejército, estaba en su segundo despliegue en Irak cuando empezó a sangrar por la nariz.

Los médicos lo enviaron a Kuwait. Curt Forshey llamó a su esposa, Laura, y le dijo que le habían diagnosticado leucemia.

A las pocas horas, estaba en un vuelo de evacuación médica con destino a Alemania.

Para cuando Laura Forshey llegó a Alemania para acompañarlo, Curt ya estaba en un coma inducido.

Falleció el día siguiente, a los 22 años.

Laura Forshey esperó varios años para sumarse a un grupo de apoyo para cónyuges militares que habían perdido a sus parejas. Pero ahora está conociendo a más viudas que perdieron a sus esposos no en combate, sino por cáncer.

“Sus historias son muy parecidas”, dijo Forshey. “Estaban en los mismos lugares, los mismos años, tenían los mismos síntomas”, dijo. “Estas historias comienzan a enlazarse, y el factor militar es el mayor enlace”.

Este año, el Departamento de Defensa está estudiando al menos un tipo de exposición tóxica. El secretario de Defensa, Mark Esper, ha creado un grupo de trabajo para abordar las amplias preocupaciones sobre la espuma contra incendios que usan los militares. La revisión incluirá el costo de la limpieza, una evaluación del impacto de la espuma y cómo facilitar a los ex militares que la VA cubra el tratamiento de sus enfermedades.

Los compuestos cancerígenos de la espuma fueron identificados en el agua en “más de 400 instalaciones y comunidades cercanas”, escribió Esper en un memorando al grupo de trabajo. “El Departamento está comprometido a tomar una postura fuerte y proactiva para abordar esos efectos”.

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El ex sargento de la Infantería de Marina Mark S. Villamac Ho fue enviado a Irak en 2003 como bombero. Él y los otros marines con quienes sirvió entraron en contacto con la espuma contra incendios en Al Numaniyah, Irak. El Departamento de Defensa está retirando por fases el uso de la espuma debido a sus vínculos con el cáncer. En 2017, a Ho le diagnosticaron mieloma, un cáncer de la sangre, y otro cáncer en los conductos nasales. Photo courtesy of Mark S. Villamac Ho

‘YO QUIERO VIVIR’

Desde su cama de hospital en una instalación de la VA en Loma, California, Ho llamó en 2017 a su hermano mayor, un sargento mayor de la Infantería de Marina. Ho empezó a llorar.

“Solo pude decir: ‘Me diagnosticaron cáncer. Mieloma”.

El índice de tratamiento de casos de cáncer entre los ex militares ha aumentado 18% en todos los servicios y 30% entre los veteranos de la Infantería de Marina, según un análisis de McClatchy basado en la información de facturación.

La VA ha reconocido la relación del servicio de Ho con su enfermedad y cubre su tratamiento.

Después que los médicos le dieron la noticia, Ho investigó en internet qué significaba el mieloma para su futuro. En su vida de retirado como marine, se había concentrado en su trabajo en su carrera de músico hip hop. También había decidido esperar para casarse.

Estudio el índice de supervivencia a la enfermedad. “Lo primero que busqué era esperanza” dijo Ho. Entonces conoció que quizás le quedaban cinco años de vida.

“Recuerdo estar en la cama del hospital y pensar… ‘Me equivoqué. Debía haber tenido una familia ahora. Yo debería estar casado’ ”, dijo. “¿Y ahora qué? Solo te quedan cinco años. Ahora es demasiado tarde”.

Eso fue hace dos años. Con la enfermedad bajo control con terapias de reemplazo de células madre, radiación y quimioterapia, Ho visita a un asesor de la VA con regularidad, quien lo ayuda a enfrentar los retos mentales de vivir con cáncer.

“Ha sido un viaje muy espiritual para mí”, dijo Ho. “Quiero vivir, quiero confiar en que la VA me ayude a seguir viviendo”.

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