Estados Unidos

Alan Gross cumple cinco años en una cárcel cubana

Foto de archivo. El diario The New York Times aboga por el canje del subcontratista Alan Gross por los tres espías cubanos que llevan 16 años presos en el país norteamericano.
Foto de archivo. El diario The New York Times aboga por el canje del subcontratista Alan Gross por los tres espías cubanos que llevan 16 años presos en el país norteamericano. AFP/Getty Images

El estadounidense Alan Gross cumple el próximo 3 de diciembre cinco años de encarcelamiento en un hospital militar en Cuba, tras ser condenado a 15 años de prisión “por actos contra la independencia o la integridad territorial del Estado”, según sentenció el Tribunal Provincial de La Habana.

Hasta la fecha, los intentos por negociar su liberación han fracasado. El último de ellos fue un viaje de los senadores Jeff Flake y Tom Udall, quienes visitaron Cuba en noviembre y volvieron con las manos vacías.

“Si los Estados Unidos son serios en querer la liberación de Gross, van a tener que tomar una postura más flexible y sentarse con los cubanos a hablar seriamente sobre qué se necesitaría para hacerlo”, dijo el profesor de la American University, William LeoGrande, a periodistas de el Nuevo Herald y the Miami Herald, en una visita que incluyó tambien a Peter Kornbluh, con quien escribió el libro Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations between Washington and Havana.

Kornbluh se ha entrevistado con Gross en dos ocasiones en La Habana –la última de ellas en diciembre del año pasado, durante la que conversaron por tres horas– y dirige el proyecto de documentación de Cuba del Archivo de Seguridad Nacional, que ha publicado información clave sobre el caso.

Gross realizaba su quinto viaje a la isla cuando fue arrestado en el 2009. En ese momento era subcontratista de la firma privada Development Alternatives, Inc. (DAI), que había obtenido un contrato de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, conocida por su acrónimo en inglés como USAID, para brindar “apoyo humanitario” a grupos de la sociedad civil en la isla.

Los viajes de Gross a Cuba tenían como objetivo entrenar y abastecer de tecnologías de la información originalmente a la comunidad judía –pero potencialmente a otras comunidades– para conectarse a la internet de manera independiente, sin monitoreo del estado.

La administración de Obama ha facilitado los viajes, envíos de remesas y de tecnología a la isla para promover la democratización, pero el gobierno cubano considera estas acciones como “planes desestabilizadores” que intentan “destruir la revolución mediante el empleo de sistemas de info-comunicaciones fuera del control de las autoridades”, como se declara en el fallo judicial en contra del contratista.

En Cuba, solo el 3.4% de los hogares tiene acceso a la internet y la penetración de la banda ancha es de menos del 1%, según reveló el más reciente reporte de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, una agencia de las Naciones Unidas. El acceso sin restricciones a la internet se ha convertido en una demanda de grupos opositores, periodistas oficiales e intelectuales, por igual.

Gross llevó a la isla teléfonos, computadoras, routers y equipos de comunicación satelital conocidos como Broadband Global Area Network (BGAN) –que son utilizados por agencias gubernamentales, organismos internacionales, empresas de petróleo y medios de comunicación, entre otros– que en el caso cubano, permitirían la creación de redes que no dependerían de los servidores controlados por el estado.

En un documento redactado por Gross con la intención de obtener financiamiento para la expansión del proyecto “piloto” inicial, este proponía introducir nuevos BGAN, identificar nuevas comunidades que se pudieran beneficiar de esta tecnología, diseñar un estudio para examinar su empleo dentro de la isla y burlar la vigilancia de las autoridades a través de unas tarjetas—conocidas como discrete Sim Cards—que permiten enmascaran las señales.

“Gross insistió en que las había comprado, junto al resto de la tecnología. Pero es tecnología especializada para enmascarar la señal”, apunta Kornbluh.

El costo de la expansión del proyecto inicial estaba calculado en $332,334. Cada BGAN estaba estimado en $2,963. El salario de Gross por 102 días de trabajo se estimaba en $63,420, pero dos técnicos locales que serían contratados, supuestamente estudiantes de informática que brindarían apoyo en las provincias, recibirían $70 cada uno.

El documento sugiere que Gross entendía que su misión en Cuba acarreaba ciertos riesgos. En un momento menciona que “si fuera detectado, el descubrimiento del uso de BGAN para la conexión a la internet sería catastrófico”. Pero Kornbluh lo califica como “contratista encubierto amateur” porque no hablaba español y portaba toda la información sobre su trabajo en Cuba en una memoria portátil.

Gross y su esposa Judy han intentado infructuosamente demandar al gobierno de Estados Unidos por negligencia, daños físicos y emocionales, además de pérdidas económicas. Alegan que el contratista no había sido debidamente preparado para su misión en Cuba. El pasado 14 de noviembre la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia desestimó su demanda invocando la “inmunidad soberana” de Estados Unidos, pues los perjuicios sufridos por el contratista ocurrieron en un país extranjero.

En mayo del año pasado, el matrimonio Gross llegó a un acuerdo con DAI a cambio de una suma que no ha sido revelada y el compromiso de la empresa por continuar trabajando junto a Judy Gross, por la liberación de su esposo, según un comunicado oficial de la compañía.

La salud de Gross

En los últimos años han circulado muchas versiones acerca de la salud física y mental del detenido, quien bajó de peso cerca de 100 libras e hizo una huelga de hambre de 10 días. Su esposa ha dicho que tiene problemas en la cadera y pérdida de visión en un ojo. El afirmó que este sería “su último cumpleaños” en la cárcel cubana, según informó su abogado Scott Gilbert.

“En mi segunda visita, quedó claro que su estado físico estaba mucho mejor, pero su estado mental estaba mucho peor. Hay muchas narrativas que su familia y sus abogados dicen acerca de su situación… pero sentado frente a él, me quedaba claro que tenía ideas suicidas”, dijo Kornbluh, como han advertido su esposa y abogados.

En su última entrevista en el hospital Carlos J. Finlay, donde Gross está detenido, Kornbluh constató que este había recuperado 23 libras durante el tiempo trascurrido entre las dos visitas que le realizó.

“Estaba ganando peso para atacar a un guardia en un intento de huida”, dijo Kornbluh quien le preguntó directamente a Gross por su aumento de peso y los ejercicios que estaba realizando. Este le habría contestado “ ¿Ves esa puerta? Es muy débil”. También que “no temo a nadie. Soy una bomba de tiempo”.

LeoGrande añadió que en su más reciente viaje a La Habana en octubre, el personal de la Sección de Intereses de los Estados Unidos confirmó que Gross “rehúsa reunirse con ellos. Su sentimiento es que se siente abandonado por su gobierno. Y eso hablar de su estado mental frágil y su sentimiento de desesperación”.

El debate sobre el intercambio de prisioneros

Las autoridades cubanas estarían dispuestas a un canje de prisioneros, al que se refieren eufemísticamente como “gesto humanitarios paralelo”, para conseguir la liberación de tres de cinco agentes convictos que cumplen condena en cárceles estadounidenses y que eran miembros de una red de inteligencia más grande conocida como “Red Avispa”.

Cuba alega que los agentes, a quienes califica de “héroes” y considera “luchadores antiterroristas” solo habían infiltrado grupos del exilio cubano pero fueron condenados por cargos relacionados con espionaje.

“Al final, se trataría del canje de un solo prisionero”, dijo Kornbluh refiriéndose a Gerardo Hernández, que cumple dos cadenas perpetuas, pues se le condenó por “conspiración para cometer asesinato”, por su implicación en el derribo de dos avionetas de la organización del exilio cubano Hermanos al Rescate por aviones militares cubanos en febrero de 1996 en el espacio aéreo internacional, según concluyó una investigación de la Organización Internacional de la Aviación Civil, ratificada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

En el derribo de los aviones fallecieron cuatro personas.

Pero aunque políticamente “riesgoso”, según Kornbluh, “existen precedentes históricos para este tipo de intercambio”, dijo refiriéndose a otros casos documentados en el libro Back Channel to Cuba y que ocurrieron durante los gobiernos de John Kennedy y Jimmy Carter.

“Obama pagó cinco millones a Egipto para la liberación de americanos detenidos mientras trabajaban para el International Republican Institute. Intercambió espías con Moscú. Negoció la liberación de montañistas en Irán y de un contratista de la CIA en Pakistán”, escribió Julia Sweig, investigadora del Council on Foreign Relations, en un artículo publicado originalmente en el diario Folha de Sao Paulo que abogaba por el intercambio de Gross por los tres cubanos.

De modo similar, Kornbluh y LeoGrande consideran que la administración de Obama ha enfocado el tema de modo equivocado, al insistir en la liberación sin condiciones del contratista, pues este no era un espía.

“Esa ha sido la posición de Estados Unidos desde el primer momento y que no hay equivalencia con los tres espías cubanos, como dijo John Kerry en julio pasado, pero esa postura no ha funcionado”, subraya LeoGrande, quien añade que el gobierno cubano no estaría interesado en el canje de los tres agentes por ciudadanos estadounidenses que residen en Cuba y que tienen causas pendientes en EEUU, como por ejemplo exmiembros del movimiento Black Panthers.

LeoGrande, que enseña Gobierno y ha sido asesor de políticas hacia América Latina considera que los casos de los “Cinco Héroes” o “Cuban Five”, como se les conoce dentro de la isla, y Gross, son equivalentes en dos sentidos: “en cada caso estaban actuando en nombre de sus gobiernos y además está la situación humanitaria. Son hombres que han estado en prisión por mucho tiempo”, dice.

Sin embargo, aunque las autoridades estadounidenses permitieron a René González, uno de los cinco agentes cubanos condenados, que visitara a su hermano enfermo en La Habana, cuando todavía estaba en libertad condicional en la Florida, el gobierno cubano se negó a darle a Gross un permiso humanitario para visitar a su madre, en junio de este año, “a pesar de las repetidas peticiones y la certeza de que ella estaba muriendo”, explicó la familia en un comunicado.

LeoGrande insiste en que Obama debería realizar el canje de prisioneros porque “es de interés nacional. Este asunto ha sido el obstáculo principal para continuar adelante y negociar con Cuba en un número de temas de interés mutuo”. Por su parte, Kornbluh espera que Obama dé una respuesta rápida: “Si Alan se hace daño o daña a alguien allí, va a hacer que las futuras relaciones entre Cuba y los Estados Unidos sean más difíciles de lo que tienen que ser”.

Puede seguir a Nora Gámez Torres en Twitter por @ngameztorres

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