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Agresividad en el tráfico, gritos y mal servicio. ¿Se ahoga Miami en la mala educación?

La convivencia se ha convertido en un reto en Miami, una ciudad donde las conversaciones son a gritos, el tráfico es una pesadilla y respeto por el espacio del otro es a veces nulo.
La convivencia se ha convertido en un reto en Miami, una ciudad donde las conversaciones son a gritos, el tráfico es una pesadilla y respeto por el espacio del otro es a veces nulo. Imagen

Zoraida Iglesias estuvo de visita en Miami hace cuatro meses, pero lo que la impresionó no fueron las playas, ni los murales de Wynwood, ni los edificios Art Deco de South Beach.

La descortesía de los conductores y su ignorancia de las leyes del tránsito, la mala atención de los camareros y el ruido en los restaurantes en los que la gente habla a toda voz por el celular dejaron muy “disgustada” a esta turista procedente de Boston.

Aunque muchos residentes de Miami comparten experiencias similares a la de Iglesias sobre el caos en el tráfico y la manera de conducir tan agresiva de los choferes, estas no son las únicas actitudes que preocupan y molestan a un gran sector de la población que considera que se les invade su espacio.

“Muy pocas personas ceden el paso y no respetan el límite de velocidad. Lo siento pero es la dura realidad”, dijo Cary Manzur en un foro sobre la mala educación en la página de Facebook de el Nuevo Herald.

Otra participante que se identificó como Aby contó los “bocinazos” que le dio un chofer a una anciana que se demoró un poco en cruzar la calle porque cargaba un paquete.

“La insultó además con palabras obscenas en español”, añadió Aby, que se quedó “perpleja con tal abuso”.

Las quejas de los residentes de Miami en el foro también señalaron las conversaciones de las empleadas y cajeras de establecimientos locales, que en lugar de brindar atención e información, hacen esperar al cliente hasta que terminan de contarse lo que hicieron el día anterior.

Asimismo denunciaron a los vecinos “desconsiderados” que no recogen los desperdicios que dejan sus mascotas cuando hacen sus necesidades.

Danilo Fernández, quien por su trabajo asiste con frecuencia a espectáculos artísticos, criticó otro de los comportamientos más molestos.

“He visto gente usando el teléfono durante conciertos en los teatros. Incluso hablan bajito, no son capaces de desconectar hasta el intermedio. Gente de todas las edades, no solo jovencitos. Y se molestan cuando tú les dices que apaguen”, dijo.

Por su parte, Adi Prieto pidió un poco de paz y dirigió sus críticas a “la gente que va a la playa con los parlantes a todo volumen”.

“¿Qué les hace pensar que nos gusta su música? Si quieren escuchar música, pónganse audífonos o háganlo a un volumen bajo y decente y respeten el silencio que muchos deciden encontrar en la naturaleza”, sugirió Prieto, que definió ese comportamiento como “falta de cultura ciudadana”.

Un estudio de la Universidad de Connecticut define el comportamiento civil como tratar a otras personas con dignidad, respetar sus sentimientos y mantener las normas sociales para conseguir el respeto mutuo.

El respeto a los otros, una carencia en Miami

‘Vivir aquí es una odisea, hay que pasar un curso de supervivencia, ser un Navy SEAL”, resumió Edgar Ballestero sobre lo que piensan muchos miamenses a quienes se les llenó la copa con las groserías y la falta de consideración.

Pero, ¿es en verdad más grave este tipo de comportamientos en Miami o es una tendencia moderna que tiene otras causas no determinadas por el entorno?

Un estudio de la American Automobile Association (AAA) publicado en febrero arrojó que el 80 por ciento de los conductores en Estados Unidos ha estado involucrado en episodios de furia en la carretera. En el 2016, 95 millones de conductores de todo el país reconocieron haberle gritado a otro chofer por motivos del tráfico.

Si bien no es un fenómeno exclusivamente local, el aumento de las distancias que recorren los conductores para llegar a sus trabajos y después de regreso de la jornada laboral influye en la complejidad del tráfico en Miami. Este sin duda se ha convertido en un factor de estrés porque los choferes miamenses pasan un promedio de 65 horas al año en congestiones de tráfico.


“Si una persona está irascible, eso tiene repercusiones en su pareja, en sus hijos, en sus compañeros de trabajo. No somos islas, sino seres que interactuamos con los que están alrededor”, explicó la psicóloga Yusimí Sijó sobre lo que describe como un efecto dominó que llega a afectar “el volátil tejido social”.

Mercedes Sandoval, profesora emérita del MDC, señala que la falta de tiempo es lo que contribuye a los comportamientos agresivos.

“A medida que se va adquiriendo la cultura moderna, que es más suburbana, tenemos menos tiempo libre”, afirmó Sandoval, comparando el Miami de los años 1960, cuando las zonas residenciales estaban más concentradas en el downtown y alrededor de la Calle Ocho, con la ciudad de hoy donde las distancias son más largas porque los vecindarios se han extendido hacia el suroeste.


Por su parte, el comunicador y estratega de vida y emprendimiento Ismael Cala señala la impaciencia como uno de los aspectos clave que impide que las personas respondan a situaciones estresante sin guiarse por la inteligencia emocional.

“El mal uso de la tecnología ha hecho a las personas más impacientes”, afirmó. “Tienen la ilusión de que todo se tiene que conseguir rápido”.

Sijó coincidió en que las personas se han acostumbrado a obtener una respuesta y una gratificación inmediata, y por lo tanto, su nivel de tolerancia ha disminuido.

“Pueden lidiar mejor con una máquina que con un individuo”, apuntó indicando que la sociedad es más individualista.

“No queremos ser codependientes, sino interdependientes, y para crear interdependencia hay que tener respeto, paciencia, tolerancia, empatía y compasión, que se da cuando reconozco la dignidad intrínseca en la otra persona”, señaló

Al igual que Sandoval, Sijó opinó que la carencia de tiempo también está afectando el entorno familiar, que tiene un papel fundamental para prevenir los comportamientos agresivos.

“Se le está dando más valor a lo que se le puede ofrecer materialmente al niño que al legado ético cívico”, dijo la psicóloga, quien considera que una de las soluciones es “rescatar los valores éticos, que los padres entiendan que hay un beneficio en realizar ese trabajo educativo”.

Cala también destacó que la “identidad híbrida” de Miami, una ciudad a la que las personas traen “lo mejor y lo peor de donde vienen”, influye en la falta de respeto a las leyes del tránsito y a las nuevas normas del país.

“Tienen una nueva autopista, pero su manera de conducir no es nueva. Creo en la inclusión y la diversidad, pero estas no significan que cada quien venga y haga lo que mejor le parezca”, dijo.

A su vez, Cala resaltó la labor de los medios de comunicación para exponer la situación y que las personas tomen conciencia de que hay que cambiar lo que se ha convertido en la nueva norma.

“El gobierno local puede hacer incluso una campaña con humor para que la gente entienda que este tipo de actos son invasivos, y que con ellos faltan al respeto al otro”, concluyó.

Siga a Sarah Moreno en Twitter: @SarahMorenoENH

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