Comunidades

Dos fiestas convergen, y estas familias recibirán doble bendición y gozo abundante

Coinciden la primera noche de Pésaj y el Viernes Santo. ¿Qué harán las familias interconfesionales?

Este viernes coinciden la primera noche de Pésaj –la Pascua hebrea– y el Viernes Santo. La coincidencia de estas fiestas obliga a los hogares formados por judíos y cristianos a buscar cómo combinarlas o acomodarlas una seguida a la otra.
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Este viernes coinciden la primera noche de Pésaj –la Pascua hebrea– y el Viernes Santo. La coincidencia de estas fiestas obliga a los hogares formados por judíos y cristianos a buscar cómo combinarlas o acomodarlas una seguida a la otra.

Habían salido a ver una obra en el Teatro Gusman del downtown de Miami en una cita romántica, cuando en el intermedio May Cain, una judía criada en la rama reformista, le preguntó espontáneamente a Bill Snihur, un católico, si la religión supondría un problema en su relación. “No”, respondió él de inmediato.

“Ninguno de nosotros le pidió al otro que se convirtiera a su religión” recordó Cain. Su esposo agregó: “Nos gustó lo que vimos en cada uno y lo aceptamos. No queríamos cambiar esto”.

Como muchos matrimonios interreligiosos, esta pareja de abogados logró un acuerdo acerca de la manera de educar a los hijos y la fe que les transmitirían en un ambiente contenedor de ambas culturas, que reconoce la diversidad de origen y celebra tanto las tradiciones cristianas como las judías.

“No los íbamos a adoctrinar fuertemente en ambas religiones, en lugar de eso, nos enfocamos en las similitudes y les hablamos sobre el significado y el simbolismo de cada fiesta”, dijo Cain, refiriéndose a sus hijos gemelos, Ariel y Alexander, de 25 años. La pareja ha estado casada 28 años.

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William Shihur y May Cain comparten una copa de vino en su hogar de North Miami Beach, al recordar cómo se conocieron. Profesar diferentes credos no representó un obstáculo para forjar una relación marital. Carl Juste cjuste@miamiherald.com

Este delicado acto de equilibrio entre los credos llega a un máximo punto de convergencia en años como este, cuando el Viernes Santo y la primera noche de Pésaj, la Pascua hebrea, coinciden el mismo día, maximizando los retos logísticos de las familias interconfesionales, que deben encontrar un patrimonio común en sus diferencias.

Mientras que el séder es un ritual festivo en el cual los judíos rememoran, durante un banquete familiar, la liberación de los hebreos de la esclavitud de Egipto, Viernes Santo es el día más solemne del año cristiano, cuando se conmemora, a veces en penitencia, abstinencia y ayuno, la pasión y muerte de Jesucristo.

Pero las fiestas están concatenadas, histórica y religiosamente, desde la Última Cena de Jesús, recordada por los cristianos el Jueves Santo. Ambas, desde sus perspectivas, destacan el tema de la liberación como prioridad, afirman clérigos y teólogos.

“El punto común del Pésaj entre cristianos y judíos, es que la fiesta alude a la liberación de Egipto del pueblo de Israel, y para los cristianos, la muerte de Jesús, que fue durante la fiesta de la Pascua, alude a la liberación total del ser humano”, explicó Samuel Pagán, decano del Centro de Estudios Bíblicos de Jerusalén, una institución de educación superior cristiana en Tierra Santa.

Cruce de calendarios

Pese a que ambas fiestas se remontan a un mismo día en el calendario, la víspera del 15 de Nisan, primer mes del año judío según la Torá, suelen caer en diferentes fechas, debido a que los judíos rigen su almanaque por la órbita lunar y los cristianos adoptaron un calendario solar después de la Era Apostólica.

Esto facilita la observancia a las familias judeocristianas, que pueden celebrar los rituales de cada fiesta independientemente.

Pero en el judaísmo, las festividades bíblicas de peregrinaje –Pésaj, Shavuot y Sucot–, también dependen de las estaciones agrícolas determinadas por la órbita solar. Así que los rabinos, desde la época del Sanedrín, decidieron insertar un mes adicional al calendario, siete veces en un plazo de 19 años. Este año judío 5779 es bisiesto, llamado en hebreo Shaná Meuberet, literalmente “año embarazado”.

La coincidencia de la fiestas litúrgicas primaverales –cuya importancia teológica es superior a los asuetos religiosos decembrinos– obliga a los hogares formados por judíos y cristianos a buscar cómo combinarlas, o si no, a acomodar una seguida a la otra. A menudo surgen prácticas sincréticas y formas creativas de mantenerse fieles a las raíces de ambos cónyuges.

El rabino Moshe Tom Heyn, capellán interreligioso de hospicio, quien copreside el Diálogo del Clero de MCCJ (anteriormente conocida como la Coalición de Cristianos y Judíos de Miami), sostuvo que “para las familias que celebran ambas tradiciones, esta es una gran oportunidad para comprender y discutir qué significan los símbolos, y preguntarse cómo difieren las tradiciones y qué comparten”.

Este año, la familia Snihur saldrá a casa de amistades para el primer séder, cocinará una cena tradicional judía la segunda noche de Pésaj y una comida festiva el Domingo de Pascua, cuando los cristianos celebran la resurrección de Cristo. En años pasados han organizado el séder y la Pascua en conjunto. Así que los niños asistentes salen a recoger huevos de colores, típicos de Easter, y a buscar el afikomán, un trozo de matzá o pan ácimo que se come como postre del banquete.

En el hogar de Karen Davis y Nick Athanassiadis en Coconut Grove, donde se respetan las tradiciones judía y ortodoxa griega, usan una Hagadá en griego –guía para el servicio del séder que incluye narraciones bíblicas y midráshicas– obsequiada por un rabino en la isla de Zakynthos.

“Él sigue la Hagadá griega y nosotros usamos la inglesa. Luego tratamos de identificar diferencias. Es un pequeño juego que hacemos en nuestra mesa del séder”, relató Davis, quien fue criada bajo el manto del judaísmo ortodoxo y hoy acompaña a su hijo Michael a iglesias ortodoxas helénicas.

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Karen Davis y Nick Athanassiadis con su hijo Michael (centro) en su casa de Coconut Grove, un hogar donde se respetan por igual las tradiciones judía y ortodoxa griega. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

Matrimonios con disparidad de culto

Las dos familias son ejemplos de una tendencia creciente en Estados Unidos en el espectro de las cambiantes relaciones maritales. Un estudio elaborado por el Centro de Investigación Pew en 2015 concluyó que en el país, un 39 por ciento de los adultos que se han casado desde el 2010 tienen un cónyuge de una comunidad religiosa distinta. Antes de 1960, apenas un 19 por ciento de las parejas casadas formaban matrimonios interreligiosos.

La tasa de matrimonios mixtos de los judíos también ha aumentado, de un 17 por ciento antes de 1970, a un 58 por ciento desde el año 2000, de acuerdo con un estudio de Pew sobre la población hebrea estadounidense, publicado en el 2013.

Entre las familias mixtas, un porcentaje sustancial de los núcleos familiares elige adherirse a las dos tradiciones simultáneamente. “Esto puede ser complicado, particularmente cuando la primera noche de Pésaj es un viernes y Pascua es el domingo”, señaló Jodi Bromberg, presidenta de InterfaithFamily, entidad en Boston que provee recursos educativos a parejas interreligiosas.

“Puede que las parejas quieran celebrar ambos días festivos con sus respectivas familias, pero cuando caen el mismo fin de semana, se complica”, subrayó la experta.

El arzobispo de Miami Thomas Wenski, alienta a los matrimonios mixtos a respetar ambas religiones y a adherirse a cada una de sus tradiciones “de una manera que no distorsione la tradición”.

“No estamos buscando el sincretismo”, dijo Wenski. Las familias judeocristianas, prosiguió, deben tener una cena auténtica de Pésaj “de la forma que haría feliz a un rabino”, y celebrar los sacramentos “de la forma que haría feliz a un sacerdote”.

El rabino Alan Litwak del Templo Sinai, en el norte de Miami-Dade, está de acuerdo. “Cada una de nuestras tradiciones religiosas contiene mensajes maravillosos y un significado profundo. No deberíamos intentar agruparlas y hacerlas armonizar”, opinó el clérigo hebreo.

Litwak destacó la importancia del apoyo mutuo en las familias interconfesionales, quienes deben idear un plan “que funcione para todos”.

Crianza de los hijos

Establecer una relación matrimonial siempre implica trabajar para encontrarse en las diferencias. Cuando estas incluyen la fe religiosa, supone una tarea adicional.

“A veces los dos creemos que estamos en lo cierto”, dijo Davis, la creyente judía de Coconut Grove casada con un griego ortodoxo. “A veces es difícil llegar a un compromiso cuando cada uno siente que tiene la razón”.

La crianza de los hijos bajo el prisma dos religiones con frecuencia es blanco de críticas en las comunidades más observantes, tanto hebreas como cristianas. Y encontrar aceptación en el seno de estas a veces es complicado.

El rabino Heyn de MCCJ explicó las dos escuelas de pensamiento al respecto. El punto de vista crítico sostiene que “es perjudicial para el desarrollo espiritual de los niños porque terminan sin estar firmemente arraigados a una u otra tradición,” explicó.

No obstante, otros lo consideran beneficioso, porque fomenta “una mentalidad más abierta en los niños, dado que están expuestos a diferentes formas de pensar sobre la vida o las religiones, y son más tolerantes”, agregó.

En algunas parejas, el miembro menos practicante de su fe permite que la religión más prevaleciente en el hogar sea la de su cónyuge.

María Teresa Neira estudió en una escuela de monjas en su natal Colombia y fue criada “muy católica”. En cambio, su esposo Russ Brunetto, hijo de un matrimonio mixto pero criado como judío, se considera irreligioso. La pareja de retirados, vecinos de North Miami Beach, bautizó a sus hijos, quienes eventualmente se casaron por la Iglesia, aunque hoy se identifican como cristianos no católicos.

Pero su nieto de 11 años, a quien se le ha inculcado los valores espirituales judeocristianos, insiste en que quiere hacer su Bar Mitzvá y leer la Torá en una sinagoga.

“Él tiene muchos amigos judíos y está interesado en el judaísmo”, señaló su abuela católica. “Un rabino que es muy cercano a nuestra familia dijo que lo preparará” para la ceremonia en la que varones hebreos de 13 años asumen las obligaciones religiosas.

Al final, son los hijos de los matrimonios interconfesionales quienes deciden, cuando llegan a la adultez, cuál es la religión de sus padres que quieren adoptar para ellos mismos, una, ambas o ninguna.

“Si bien requiere mucho trabajo y constante comunicación entre los miembros de la familia, puede lograrse de manera amorosa”, concluyó Davis, educadora en una escuela privada K-12. “Se pueden combinar culturas y religiones y vivir una vida familiar feliz”.

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Objetos de culto judíos y cristianos en el hogar de Karen Davis y Nick Athanassiadis en Miami. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

La reportera del Miami Herald Carli Teproff colaboró con esta información.

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Daniel Shoer Roth es un galardonado autor, biógrafo y periodista con 20 años en la plantilla de el Nuevo Herald, donde se ha desempeñado como reportero, columnista de noticias y actual coordinador de AccesoMiami.com, una guía sobre todo lo que necesitas saber sobre Miami, asuntos legales e inmigración.


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