Negocios

'La Pequeña Habana no es West Brickell': Negocios de la Calle Ocho con el agua al cuello por alza de alquileres

La fachada de LeKoke Wine and Bites no tiene el letrero que identificaba al restaurante porque los dueños del centro comercial se lo llevaron el día que consiguieron que un tribunal aprobara una orden de desalojo, que luego fue revocada.
La fachada de LeKoke Wine and Bites no tiene el letrero que identificaba al restaurante porque los dueños del centro comercial se lo llevaron el día que consiguieron que un tribunal aprobara una orden de desalojo, que luego fue revocada. El Nuevo Herald

La cercanía de Brickell, una de las zonas de Miami donde están algunas de las propiedades más caras de la ciudad, debería significar una ventaja para La Pequeña Habana.

Sin embargo, el lujo ha tenido un efecto contrario, sobre todo en los negocios de la Calle Ocho, que en la última década se ha convertido en un destino turístico, pero aún no se cotiza al nivel de Brickell. Ni siquiera a la altura de otro vecindario en la frontera, que han nombrado West Brickell, y que llega hasta la Avenida 4.

Ahora los negocios de la Calle Ocho viven una pesadilla por el aumento del alquiler de los inmuebles.

Jorge Fernández-Pla, agente de bienes raíces especializado en propiedades comerciales, puntualiza que "La Pequeña Habana no es West Brickell" y considera que el intento de darle un nuevo nombre a la zona es una estrategia de los vendedores para hacerla más atractiva.

"Quieren quitarle el estigma que pueda tener por cualquier razón. Es lo mismo que cuando llaman a Allapattah West Wynwood", dice.

El experto señala que el precio de los bienes raíces en La Pequeña Habana ha subido, pero se mantienen las diferencias con West Brickell.

"Un local en la Calle Ocho y la Avenida 8 se alquila en $46 el pie cuadrado. Pero en la Cuarta Avenida [el límite de West Brickell] el pie cuadrado en un edificio moderno vale $70", dice.

Un sobreviviente de la tendencia del aumento de los alquileres es Lekoke Wines and Bites, el último de los comercios que resiste en el centro comercial en la Calle Ocho y Avenida 12, adquirido en el 2014 por una nueva compañía, West Brickell Properties.

Lekoke lleva dos años de batalla legal para conseguir que se respete un contrato que tienen para permanecer en el inmueble hasta diciembre del 2021. LeKoke presentó, a través de la firma de abogados Cass Ramos Law Firm, una demanda para conseguir que se cumpla el acuerdo.

"West Brickell Properties ha hecho de todo menos discutir el contrato. Nunca han querido ir a una mesa de negociaciones", dice uno de los abogados de LeKoke, Bryan Ramos.

Los dueños de LeKoke Wine and Bites en la Pequeña Habana y su abogado hablan de su situación con los propietarios del inmueble y la inversión que realizaron en el local.

El último episodio en esta batalla fue una orden de desalojo de West Brickell Properties contra LeKoke, que se hizo efectiva el 11 de abril. Aunque un juez la revocó, cuando Ronald Torres y Laura Espinosa pudieron entrar a su restaurante tres horas después, encontraron que lo habían vandalizado, alegan.

"Me sentí violada y atropellada", dijo Espinosa.

El Nuevo Herald intentó en reiteradas ocasiones contactar a Marcus Lapciuc, administrador de West Brickell Properties, a través de su abogado, Darius Asly, pero dijo que Lapciuc estaba fuera de la ciudad.

En agosto del año pasado, Lapciuc dijo a el Nuevo Herald que compró el edificio en un tribunal de bancarrota y que estaba invirtiendo $2 millones en la renovación del centro comercial. También afirmó que Lekoke pagaba $10.77 el pie cuadrado por el alquiler del local, y que con el pago de los impuestos y el seguro, la ganancia para West Brickell Properties sólo era de 77 centavos por pie cuadrado. También dijo que estaba dispuesto a a trabajar con los dueños de LeKoke para llegar a un acuerdo.

"Nos dijo que esto es West Brickell", contó Torres, afirmando que esa comparación es imposible porque en la acera de enfrente hay un local que lleva siete años cubierto con cartones.

lekoke3proyecto.JPG
La construcción en el centro comercial donde se encuentra LeKoke Wine and Bites ha ocasionado pérdidas al negocio, que se quedó sin estacionamiento. Un letrero anuncia cómo lucirá el lugar después de las reparaciones. José Iglesias El Nuevo Herald

Un reto similar enfrenta uno de los fundadores de la nueva etapa de prosperidad de La Pequeña Habana. Roberto Ramos, dueño de CubaOcho Museum & Performing Arts Center, en la Calle Ocho entre las avenidas 14 y 15.

"El premio por haber contribuido a desarrollar la zona es pagar el doble de renta", dice Ramos, recordando que hace una década cuando abrió su negocio, una combinación de galería de arte, café y bar que ofrece espectáculos musicales y presentaciones de libros, las autoridades le dijeron que no podían garantizar su seguridad.

"La Calle Ocho ha cambiado más en estos 10 años que lo que lo había hecho en los 30 años anteriores. Los tres turistas que llegaban a esta zona cuando yo abrí se sentían estafados. Ahora hay gran flujo de turismo, las guaguas llegan constantemente", dice.

El empresario considera que está haciendo un trabajo de divulgación de la cultura y el arte cubano, porque recibe en su negocio tanto grupos de turistas como de estudiantes que vienen a conocer cuadros importantes como La rumba (1937), de Antonio Sánchez Araujo, y El triunfo de Finlay (1944), de Esteban Valderrama.

Sin embargo, cree que no podrá continuar de la misma manera porque este año renovó su contrato de alquiler con East Little Havana Community Development Corp., una organización sin fines de lucro propietaria del edificio. Ahora tendrá que pagar $31 por pie cuadrado, dice Ramos, el doble de cuando inauguró el negocio.

littlecubaochoartcenter.jpg
El CubaOcho Museum & Performing Arts Center enfrenta una subida del alquiler, según informó su dueño, Roberto Ramos, que podría cambiar la naturaleza del negocio. Cortesía

"Voy a tener que romper el concepto de museo porque estoy desesperado. No puedo pagar tanto dinero, la venta de arte está lenta y ya estoy vendiendo las sillas, las mesas y todo a los turistas", añade.

Ramos cree que CubaOcho tendrá que reinventarse como un restaurante, similar a otros que se pueden encontrar en cualquier esquina de Miami.

Una subida considerable del alquiler obligó también a Emperatriz Quiñones, dueña de Yofigur, un negocio de yogures en el mismo centro comercial que LeKoke, en la Calle Ocho y la Avenida 12, a cerrar sus operaciones en junio del 2016.

El cierre representó para ella una pérdida de $100,000. "No he tenido fuerza para abrir otro negocio", afirma.

Por su parte, Torres, de LeKoke, afirma que los pequeños negocios ya "no tienen cabida" en la zona. "Si no tienes dinero, no eres nadie".

Joe Carollo, comisionado de Miami, concuerda en que los negocios de La Pequeña Habana están en peligro.

"Hay un grupo de individuos que está invirtiendo en propiedades y que quieren descubanizar La Pequeña Habana y convertirla en un Wynwood en esteroides", dice.

Carollo insiste en que los negocios deben conservar el carácter de La Pequeña Habana porque eso es lo que buscan los turistas que vienen al vecindario.

Si bien la Calle Ocho atrajo el año pasado a más de dos millones de turistas, según cifras de la Oficina de Convenciones y Visitantes del Gran Miami, todavía tiene que superar muchos retos. La inseguridad, la falta de estacionamiento y el flujo del tráfico que atraviesa esa importante arteria de la ciudad son algunas de las quejas de los dueños de negocios.

"No puedo cobrar la copa de vino a $25 porque todavía no lo amerita", dice Espinosa, de LeKoke, explicando que la zona no ha alcanzado todo su potencial para los alquileres que quieren cobrar.

Siga a Sarah Moreno en Twitter: @SarahMorenoENH
Artículos relacionados el Nuevo Herald

  Comentarios